11 June 2016 ~ 2 Comentarios

La difícil tarea que le espera a PPK

por Carlos Alberto Montaner

Pedro Pablo KuczynskiPedro Pablo Kuczynski ganó por los pelos, pero ganó.  Sospecho que la comunidad internacional más sensata ha visto esa victoria con buenos ojos. El país no va por mal camino y nadie querría que se descarrilara.

A PPK lo separan de Keiko Fujimori apenas 39 000 votos de un total, grosso modo, de diecisiete millones de electores. El apellido Fujimori polarizaba a los ciudadanos. La mitad del país votó por ella y la otra mitad en contra. No triunfó el kuczynkismo, sino el antifujimorismo.

Es importante que PPK, que es un hombre valioso e inteligente, se dé cuenta de esa circunstancia. La mayor parte de sus compatriotas no lo eligió por sus virtudes y conocimientos, que los tiene, sino por el origen de su contrincante. Es un fenómeno propio de los sistemas electorales de segunda vuelta. La primera vez se vota con el corazón. La segunda, con el hígado.

A partir de esa melancólica premisa hay tres realidades igualmente incómodas.

La primera, es que la mayoría del Parlamento es fujimorista: 73 de 130 diputados militan en Fuerza Popular. Es el mayor partido del país. Hay que contar con ellos.

La segunda, es que el grupo parlamentario de la izquierda populista-chavista, el Frente Amplio, que acaso le dio la victoria presidencial a PPK por el apoyo que recibiera de Verónika Mendoza, empeñada en cerrarle el paso a Keiko, le hará la guerra desde el principio. No habrá luna de miel ni 100 días de gracia. Será un enemigo tenaz y formidable.

La tercera, derivada de estos dos factores, es que PPK será un presidente muy débil que tendrá que forjar consensos y apoyarse en todos los factores dispersos en el complicado panorama político nacional para poder llevar a cabo una labor mínima de gobierno. No tendría sentido dedicarse a hurgar en el pasado para vengar viejos agravios.

Aunque sea poco, algo le quedará de capital político a Ollanta Humala. PPK tendrá que recoger los escombros del aprismo, incluido Alan García. Del belaundismo, cuyo candidato, Alfredo Barnechea, hizo un notable papel en las elecciones. De Alejandro Toledo, que en su momento gobernó acertadamente. Lo que quiero decir es que los peruanos, pese a la pasión antifujimorista, no eligieron a PPK para que les arregle el pasado, sino el porvenir.

Para esos fines, PPK tendrá que hacerle un guiño compasivo al fujimorismo. Lo más sencillo sería trasladar a Alberto Fujimori para que cumpla prisión en su domicilio. Ya lleva una década preso, tiene 77 años y sufre de cáncer. Incluso los antifujimoristas no se opondrían. Los peruanos no son vengativos.

Ese 50% de electores que sufragaron por Keiko verían el gesto como una rama de olivo. No es descabellado pensar en una alianza para el buen gobierno. Si PPK no puede gobernar contra el fujimorismo, acaso tendrá que gobernar con él. Al fin y al cabo, la visión socioeconómica de ambas formaciones es compatible y comparten el mismo enemigo: el neopopulismo chavista que todavía hace estragos en América Latina, aunque está en vías de extinción por su pésimo desempeño.

¿Y en qué debe poner el acento PPK? Según las encuestas, los grandes temas que preocupan a los peruanos son la inseguridad ciudadana, la corrupción, y el crecimiento económico que les proporcionaría mejor calidad de vida y más oportunidades de trabajo.

Sin embargo, como buen cientista social con larga experiencia, PPK conoce el estudio del Banco Mundial sobre la riqueza de las naciones publicado en el 2005. No radica en los dones naturales, y ni siquiera en el aparato productivo. Está en la fortaleza de las instituciones de Derecho, en la educación o capital humano y en los hábitos y costumbres que constituyen el capital cívico. Son estos factores intangibles, mezclados de diversas maneras, los que hacen posible el enriquecimiento progresivo de las sociedades.

El gran legado de PPK sería incrementar ese patrimonio, aunque le traiga pocos réditos políticos. La gloria, al fin y al cabo, también es intangible.

2 Responses to “La difícil tarea que le espera a PPK”

  1. pedro perez 12 June 2016 at 6:19 am Permalink

    estoy de acuerdo

  2. Sam Ramos 12 June 2016 at 9:07 am Permalink

    EL OBSERVADOR GLOBAL

    Las convulsiones de América Latina: tres mitos

    La región no ha girado a la derecha ni ha dicho adiós al populismo. Y la lucha anticorrupción tiene mucho de voluntarismo

    Por MOISÉS NAÍM

    12 JUN 2016 – 00:04

    El mundo no está interpretando correctamente los cambios que están ocurriendo en América Latina. En particular, se han popularizado tres ideas que, si bien tienen algún asidero en la realidad, no reflejan adecuadamente lo que está sucediendo en esa región.

    1) América Latina repudió a la izquierda y giró a la derecha. No es así. Los votantes latinoamericanos no han experimentado una profunda mutación ideológica, sino una profunda desilusión económica. Los Gobiernos de izquierda que rigieron los destinos de América Latina desde comienzos del siglo XXI contaron con el dinero generado por los altos precios internacionales de las materias primas que exportan para estimular masivamente el consumo. Esto, obviamente, los hizo muy populares. Al caer el precio de las exportaciones y, por tanto, la capacidad del Estado para seguir financiando el consumo, colapsó el apoyo popular a esos mandatarios. La familia Kirchner dejó el poder en Argentina y su candidato perdió las elecciones. En Brasil, Dilma Rousseff está fuera y Lula da Silva, desprestigiado. En Venezuela, el sucesor de Hugo Chávez, Nicolás Maduro, preside una inédita catástrofe económica y política. En Perú, Pedro Pablo Kuczynski, un empresario, será el próximo presidente. En Bolivia, Evo Morales fue derrotado en su intento de cambiar la Constitución para poder optar a un nuevo periodo presidencial.

    Pero estas élites políticas de “izquierda”, ahora desplazadas, no estarán fuera de juego para siempre. Las correcciones a la política económica que se verán obligados a hacer los nuevos Gobiernos latinoamericanos serán impopulares y crearán oportunidades para los políticos que sepan capitalizar la nostalgia por los buenos tiempos de Chávez, Kirchner y Lula.

    2) Se acabó el populismo. No. La propensión de los políticos a decir lo que los votantes quieren oír nunca se acaba. Esta es una práctica de la izquierda y de la derecha, de laicos y religiosos, de verdes e industrialistas. Ningún político se puede dar el lujo de desdeñarla y por eso el populismo existe en todas partes, de Estados Unidos a Sudáfrica. El populismo se vuelve un problema cuando los políticos pierden todo reparo en proponer lo que saben que no podrán cumplir, en promover seductoras políticas que en la práctica son tóxicas o en lanzar iniciativas que dividen a la sociedad. Y por supuesto, un problema aún mayor que la deshonestidad de unos cuantos políticos populistas es la ingenuidad de los millones de seguidores que se creen sus atractivas mentiras.

    La abundancia económica que vivió América Latina a comienzos de este siglo permitió que el populismo “de siempre” se transformara en “super populismo”, alcanzando así los niveles sin precedentes que vimos en la Venezuela de Chávez y en la Argentina de los Kirchner. Ese populismo desbocado es lo que se acabó. No porque la gente ya no crea en las malas pero atractivas ideas promovidas por los populistas, sino porque ya no hay dinero para financiarlas. Así, volverá el populismo “normal”.

    3) América Latina por fin está luchando contra la corrupción. En parte sí. Pero… No hay duda que la defenestración política de la presidenta de Brasil tiene mucho que ver con el gigantesco escándalo de corrupción que ha ocurrido durante su mandato y el de su predecesor, Lula da Silva. El presidente de Guatemala también fue destituido y está en la cárcel acusado de corrupción. En México, el Gobierno de Enrique Peña Nieto está muy debilitado por los escándalos que implican a varios de sus principales líderes. Michelle Bachelet en Chile también se ha visto afectada por un escándalo que ha alcanzado a su hijo y a su nuera. En Argentina, la expresidenta Cristina Fernández y personas de su entorno más cercano enfrentan graves acusaciones.

    Las marchas multitudinarias de protesta contra la corrupción se han hecho comunes en muchos países de Latinoamérica. El repudio popular a la corrupción también ha servido de apoyo a nuevos protagonistas que están marcando una diferencia en esta lucha: jueces, fiscales y magistrados valientes que se están enfrentando con éxito a los corruptos, incluso a los que por su poder político o económico parecían intocables.

    Esta nueva intolerancia a la corrupción es tan bienvenida como los éxitos de los jueces “caza-corruptos”. Pero hay que tener cuidado. La lucha contra la corrupción no debe depender de la buena voluntad o la valentía de individuos, sino de la existencia de instituciones y reglas que desincentiven la corrupción, eliminen la impunidad y aumenten la transparencia en los actos de gobierno. Poner los presupuestos públicos en Internet y permitir que todos sepan cómo se gastan los dineros públicos, reducir el número de decisiones discrecionales que pueden tomar los funcionarios públicos o desarrollar un marco legal eficiente y confiable son ejemplos de maneras más serias de luchar contra la corrupción que apostar a la aparición de un presidente honesto o un juez valiente.


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