23 August 2011 ~ 3 Comentarios

La hora de la purga y el milagro

por Carlos Alberto Montaner*

(EL NUEVO HERALD) Estamos a escasos centímetros de una nueva recesión como la que comenzó en septiembre de 2008 tras el hundimiento de Lehman Brother. Esta vez el epicentro del terremoto económico está en Europa y la causa más directa (pero no la única) radica en el temor de los mercados al incumplimiento de sus obligaciones por parte de los gobiernos.

Grecia, Portugal, España y, en gran medida, Italia, multiplicaron su gasto público y, para hacerle frente, se endeudaron mucho más de lo que era prudente. Llegó un punto en el que la sociedad, sencillamente, no producía suficiente riqueza para pagar sus deudas y continuar el camino ascendente. Había llegado, como sucede cada cierto tiempo, la hora de apretarse el cinturón.

No hay ninguna razón para sorprenderse de la crisis económica actual. Es lo que suele ocurrir tras los periodos de “exuberancia irracional”, como advertía Alan Greenspan en sus momentos de atemorizada lucidez, luego traicionados cuando permanecía indiferente en medio de las atrocidades perpetradas por varias entidades financieras y por las agencias de calificación de riesgo que validaban esas operaciones fraudulentas.

Quizás lo extraño, en este caso, ha sido el largo periodo de incubación de la burbuja. Los economistas de la escuela austriaca lo habían anunciado desde hacía bastante tiempo: no se puede abusar del crédito y del endeudamiento sin que se produzca un grave descalabro económico. Ya en el 2001 el catedrático español Jesús Huerta de Soto predijo que las vacas flacas estaban próximas a hacer su aparición.

Según esta notable cantera de pensadores, a la que pertenecieron personajes como Ludwig von Mises y el Nobel Friedrich von Hayek, y en la que hoy se destacan economistas como el mencionado Jesús Huerta de Soto y Gabriel Calzada, la única fuente razonablemente segura del crecimiento son el ahorro y la posterior inversión. La cascada de dinero artificialmente inventado por las entidades financieras, luego prestado a tasas de interés deliberadamente reducidas por los gobiernos para estimular la inversión y el consumo, aumenta peligrosamente la masa monetaria, creando las fatales burbujas que invariablemente terminan en medio de una crisis.

La Escuela Austriaca surgió en Viena en el último tercio del siglo XIX de la mano de Carl Menger y Eugen von Böhm-Bawerk, y una de sus primeras batallas fue demostrar los disparates teóricos de Marx en la médula de su pensamiento, la teoría del valor y el papel de la plusvalía, pero ahí no terminó la cacería de errores. Posteriormente, sus cultivadores explicaron por qué estaban equivocados los economistas neoclásicos, los keynesianos y los monetaristas, desmintiendo a los académicos convencionales (el noventa por ciento de los catedráticos de economía del mundo), gentes asombrosamente tercas que no acababan de entender que la economía no es una ciencia exacta, sino una rama de la psicología o de las ciencias sociales porque descansa, esencialmente, en percepciones y decisiones subjetivas.

Según “los austriacos” –y la experiencia parece darles la razón–, las llamadas crisis periódicas del capitalismo no son otra cosa que la purga natural del sistema tras un tiempo de excesos, y resulta contraproducente tratar de evitar la contracción de la economía y el empobrecimiento relativo que sobreviene cuando el mercado se ajusta a la realidad, algo que se ha hecho evidente con el fracaso de la billonaria inyección de dinero inútilmente efectuada por el presidente Obama para tratar de frenar la hecatombe. Todo lo que ha logrado es aplazarla.

En todo caso, no estamos ante el fin del sistema capitalista ni mucho menos. Desde hace doscientos años, cada cierto tiempo sobrevienen la crisis y luego la recuperación, y ni siquiera en medio del desastre económico se paraliza el impetuoso camino del progreso en las sociedades en las que predominan el mercado y la empresa privada. La crisis de 1895 fue paralela a la invención de la aviación y del cine, mientras se extendían las redes de la electricidad y los teléfonos. La de 1929 no evitó el auge de la radio y la televisión. La que hoy nos sacude no impide los milagros técnicos y científicos con que amanecemos todos los días. Es verdad que estallan las burbujas, pero también la creatividad y la imaginación que nos rescatan de nuestros errores.

*www.firmaspress.com

3 Responses to “La hora de la purga y el milagro”

  1. Maria Eugenia Espinosa 24 August 2011 at 4:25 am Permalink

    EL analisis es muy optimista al final…..ojala asi ocurra y todo continue por el camino del desarrollo…a pesar de la crisis….

  2. Maximiliano Herrera 25 August 2011 at 7:17 pm Permalink

    Las crisis seguiran apareciendo mientras que no se cree el libre y transparente mercado.
    Lo que tenemos ahora no se basa en las reglas del mercado, hay productos toxicos en la new-micro-finance , ese engendro dificilmente definible, que deberian ser abrogados:

    1-Las palancas. Este sistema que permite trabajar con “palancas” de hasta 50:1 es algo que en el mercado real no existe, es mas parecido a un videojuego que a la vida real, pero las consecuencias de las burbujas que eso crea se repercute en la economia real.

    2-Las opciones de ventas de algo que no se posee. Hay instrumentos financieros que nada tienen que ver con el mercado real, pues permiten de “apostar” a la alza o a la baja de un producto sin poseer ninguna accion de el. Eso es algo que es muy comun entre los bookmarks, apuestas pues. Pero en la finanza crea distorsiones gigantescas que benefician a los especuladores con transacciones que en el mercado real no son posible. Yo no puedo vender algo sin poseerlo. Punto.

    3-Los “futures” . Algo parecido al punto 2. Estos pedazos de papel que certifican que tengo 1000 toneladas de cafe o 100 bariles de petroleos con vencimiento a x tiempo tampoco existen en el mundo real y crean distorsiones inmensas. Las ventas de estos contratos deberian estar vinculadas al almanecimiento real de esos productos, cuyos precios suben y bajan de manera impresionante por las especulaciones de unos pocos que solo almacenan papeles.

    Los comunistillas acusan el mercado, cuando el realidad la causa de esas burbujas espantosas en el mundo de las finanzas, son el uso de productos financieros que son contrarios al mercado real y que mas se parecen a apuestas o estafas.

    Otra cosa que deberia ser implementada es limpiar las politicas del dinero y de los intereses. El sistema electoral americano en el que cualquier persona o empresa puede financiar a las campanas electorales y a los politicos, se presta inevitablemente para que ellos sirvan los intereses de sus financiadores y no sirvan oportunamente a la sociedad.
    Eso no puede funcionar. Los politicos debe estar desvinculado totalmente de cualquier interes economico. Lo ideal es una democracia directa como en Suiza.

  3. Cuco 26 August 2011 at 4:18 am Permalink

    La “libertad” y la “democracia” todavía son incapaces de librarnos con leyes justas y una “tecnología” apropiada de la corrupción de economistas,periodistas y hasta de los metorólogos…!!!
    Como Montaner (y Marx…!!) le veo el lado positivo a las crisis.
    Aunque yo sea un pobre “ñame” y me me meto de atrevido a comentar de estos temas tan complicados….por eso me gusta tanto la Internet !!! (Esto sí que es democracia!..)


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