08 December 2020 ~ 147 Comentarios

Lo que probablemente harán Biden y la UE ante el fraude venezolano

147 Responses to “Lo que probablemente harán Biden y la UE ante el fraude venezolano”

  1. Julian Perez 8 December 2020 at 12:45 pm Permalink

    A ver si entiendo, porque estoy de lo más sorprendido. ¿CAM está sugiriendo que hubo fraude en las elecciones venezolanas? ¿Sin pruebas? ¿Por meras teorías conspirativas? ¿A qué se debe que ahora haya que dudar de un resultado por simples sospechas?

    ¿Imposibiliadades estadísticas? Yo pensaba que eso no era prueba de nada, ¿Por qué no le recomienda a la oposición que conceda graciosamente que Maduro ganó y acepte el resultado? ¿Les está pidiendo que actúen como niños negacionistas y no como adultos?

    Spock estiraría sus orejas puntiagudas y diría que esto desafía a la lógica, reiterando que nunca entenderá la inconsistencia humana.

    No terminé de escuchar pero, a juzgar por el título, parece que espera que Biden haga ¨algo¨ al respocto. No sé… Está aquello de ¨si ves las bardas de tu vecino arder…¨ No creo que andar cuestionando resultados de elecciones sea lo más conveniente para él. Sobre todo si los venezolanos usaron Dominion.

    La UE… Mejor esa parte la tomo como un intento de chiste. Podía ser más gracioso: podía haber dicho la ONU.

    • bacu 8 December 2020 at 3:23 pm Permalink

      No se por donde esta el speaker, pero tal vez las cosas de lejos se vean negras y las de aqui color azul. Seguramente para un “daltónico”, el color rojo de aca es azul. Para aclarar, quiero puntualizar que daltonico segun la real academia de la superchería, la mentira y el tira y jala, quiere decir que todo lo que huela a Biden es bueno y todo lo que huela a Trump es malo y el que no lo entienda o crea le puede preguntar a Montaner, que es buen entendedor de esa lengua. Saludos

  2. Orlando 8 December 2020 at 12:53 pm Permalink

    Bueno. Si no quieren llamarle aterrorizados, podemos aceptar acobardados. El propio Julian ante la posibilidad de ser enviado a la UMAP cambió su imagen. Yo temía ser expulsado de mí empleo, entonces ellos eran los únicos empleadores y luego de algunos intentos de salirme del tiesto, me porté más tranquilo que estate quieto… esperando escapar del infierno

    La situación ya no es la misma hoy en el 2 020 que en los años 70s y 80s.

    Muchos intelectuales de prestigio están levantando la voz y el desafío del MSI no es ninguna boberia , aunque esa respuesta represiva y el nuevo lema: “Machete, machete, que son poquitos debe ser bastante aterrorizante.

    • Julian Perez 8 December 2020 at 1:07 pm Permalink

      Orlando

      El cambio de imagen fue que empecé a ir a los trabajos voluntarios, a los que antes no iba. Y cuando terminé el Pre pedí la beca en 12 y Malecón porque me dijeron que a los becados no se los llevaba el servicio.

      Yo era muy reticente a eso de la beca. Cuando, en tercer año de secundaria, quisieron proponerme para el Cepero Bonilla yo dije que nananina, que yo iba a hacer el pre en la calle.

      Por suerte 12 y Malecón era más un hotel que una beca.

      Lo sabía que aquello era una mierda pero, en aquellos tiempos, en el fondo pensaba que todos los lugares eran la misma mierda en distintos grados. Lo único que me interesaba era que me dejaran tranquilo. No tener ambiciones ayuda bastante.

      • Julian Perez 8 December 2020 at 1:55 pm Permalink

        Oops, el post que pensé que la censura había borrado estaba en otro hilo. Me confundió que Orlando pusiera el mismo en dos lugares y no ver mi respuesta en el otro lugar.

      • bacu 8 December 2020 at 3:32 pm Permalink

        Julian, tus cuentos me son muy familiares, ya ni me acordaba de Maika el gordo, fumaba como una chiminea. Al terminar el pre me propusieron ir al bonilla y no la acepte porque la beca no me gustaba en lo absoluto. Sin embargo cuando fui a entrar en la universidad, despues de matricular en Matemáticas me mandaron a la beca, iba con un grupo de embullo y al llegar, hora del almuerzo nos invitaron a todos al almuerzo, allí me convencieron, nos pusieron un gran bisteck y al ver aquella comida tuve que decir que si, el estomago me traiciono, asi fue que llegue a 12 y malecón y para serte franco no me arrepiento en lo absoluto de aquella decisión donde el estomago jugo un papel importante. Eran los tiempos donde todavia quedaba mucho de la Cuba de antes del 59. En la beca conoci muy buenos estudiantes, tambien algunos Hp pero eran los menos. Saludos.

  3. Carlos A Caballero 8 December 2020 at 1:04 pm Permalink

    Y Julian Perez, de dónde sacas que aquí en las elecciones de USA hubo fraude? Cuál clarividente te lo dijo? El Kraken? O wishful thinking? A la ya tu quisieras que el papaso en la carota del Pintarrajeado de Naranja y pelo amarillo verdoso fuera mentira? Las elecciones de Venezuela no son fraudulentas, ahí concedo crítica a CAM, fueron ilegales. La oposición se abstuvo de participar por cumplir con esa premisa. Ilegales. Aquí en USA, a pesar de tu pesadilla falsa, hubo elecciones libres, democráticas y se paró el intento totalitario del Agente Naranja de, fraudulentamente, cambiarlas. El Ajente Pintarrajeado de Naranja junto a su “abogado” Rudy Cara e’Vieja Diarrea Chorreando de su Cabeza Giuliani no pudieron mostrar ni una sola prueba de la basofia que tu boca exhala. Así te lo digo Julian-cito: no jodas más con la mentira.

    • Julian Perez 8 December 2020 at 1:09 pm Permalink

      No, por supuesto que en las elecciones americanas no hubo fraude. Tampoco en las venezolanas. No sé quién le habrá dicho a CAM esa fantasía.

      • Julian Perez 8 December 2020 at 1:16 pm Permalink

        Hay muchas explicaciones para el resultado de las elecciones norteamericanas sin necesidad de fraude. Biden dice ser católico. El Papa Francisco, según tengo entendido, quería que perdiera Trump. Quizás ambos rezaron y le pidieron a Dios que hiciera aparecer suficientes votos para borrar la ventaja de Trump en los estados bisagra.

        • Carlos Caballero 8 December 2020 at 3:18 pm Permalink

          Julian-cito el que dice que la beca de 12 y Malecon, con sus banios siempre tupidos de caca, su peste a inmundicias era un “hotel”: Deja de joder con tu “fraude” y “ventaja”. El Agente Naranja mas mentiroso no puede ser. Declaro victoria antes de que se acabara el juego… Como hace cuando “juega” golf. La pelota mas cerca del hoyo siempre es la de el, y ay del que le diga que no. Se parece tanto a la bestia inhumana Fidel CaGastro. Todos estos narcisistas tienen un harem de viejos aduladores. Juluan-cito, vamos que ya no andas en la mojonera de 12 y Malecon! Julian-cito, despierta que no queremos aqui otro “tipo duro, caballo, genio”, como CaGastro. Julian-cito, no seas ridiculo y confundas a Dios con un ser tan despreciable como el payaso Naranja con pelo tennido de verde-amarillo!

    • bacu 8 December 2020 at 3:40 pm Permalink

      Sera que el apellido Caballero tiene la desgracia del fanatismo partidista. Tienes por alguna casualidad a algun familiar que haya estudiado en la escuela de Matemáticas con ese apellido? Si no conoces eso, tal vez pienses en un sumiso a la dictadura castrista, lo que se llama un fanático a los asesinos castristas, eres de esa prole o de una peor? Ten un buen dia.

  4. Orlando 8 December 2020 at 2:11 pm Permalink

    Lo interesante es que con esas tiendas en MLC están jodiendo a los dos grupos. El que no recibe remesas, se come un cable coaxial. Las tiendas en pesos están vacías.
    Y el que recibe remesas en esa carta de débito tiene que morir en tiendas a precios inflados. Yo estimo que $100.00 en Ecuador equivale a un poder adquisitivo de $30.OO o a lo sumo $40.00 en la isla.

    • bacu 8 December 2020 at 3:41 pm Permalink

      Orlando crees que los 100 en la Isla rindan tanto? Me parece que estas exagerando mucho.

  5. Orlando 8 December 2020 at 2:12 pm Permalink

    Lo interesante es que con esas tiendas en MLC están jodiendo a los dos grupos. El que no recibe remesas, se come un cable coaxial. Las tiendas en pesos están vacías.
    Y el que recibe remesas en esa carta de débito tiene que morir en tiendas a precios inflados. Yo estimo que $100.00 en Ecuador equivale a un poder adquisitivo de $30.OO o a lo sumo $40.00 en la isla

  6. Orlando 8 December 2020 at 2:15 pm Permalink

    Uh! Salió duplicado.

    Si Julián. No entiendo que siendo un individuo tan preparado sigas con que hubo fraude electoral. En los Estados Unidos eso es imposible. Además no hay pruebas. Las evidencias que expones ,tienen una lógica explicación

    Saludos

    • Julian Perez 8 December 2020 at 2:48 pm Permalink

      Lo que no entiendo es por qué mi comedera de catibía le preocupa a Caballero. No hay fraude y Biden dirá su juramento en enero (si es que consigue repetirlo sin equivocarse). Así que ¿qué importa lo que yo diga? Si me da por decir que Walt Disney está congelado, que Elvis está vivo, que los Illuminati mataron a Robin Williams o que el Apollo 11 nunca fue a la Luna, ¡allá yo con mis fantasías! No van a cambiar la realidad.

      Así que Caballero no tendría por qué molestarse. Cada loco con su tema.

      • Julian Perez 8 December 2020 at 2:54 pm Permalink

        Y ya lo dijo Bart:

        I didn’t do it, nobody saw me do it, there’s no way you can prove anything!

      • bacu 8 December 2020 at 3:48 pm Permalink

        No sabia que habían congelado a Walt Disney. Donde apareció Elvis? quiero pedirle un autógrafo antes que se vuelva a morir. Ya sabia yo que el Apolo 11 se quedo en la Tierra. Este Caballero me recuerda al que quizo enterrar a un gran ser humano en la Escuela de Matemáticas, pero saben el tiro le salió por la culata.

  7. Rolando J Behar 8 December 2020 at 5:40 pm Permalink

    Seguramente Biden y Kemala le felicitaran. Ya tienen una Birmania y Venezuela

  8. manuel 8 December 2020 at 5:53 pm Permalink

    la cifra como suele suceder

    no representa el numero de psicópatas total en el mundo, ya que se refieren solo a aquellos que han sido detenidos, juzgados y condenados por algún ilícito penal. Una vez en prisión se ha llevado a cabo el análisis de su personalidad y se ha descubierto que son psicópatas. El problema es que no todos los psicópatas cometen delitos, por esta razón, la cifra siempre será incalculable.

    Se tiene la creencia que el mayor número de psicópatas se encuentra en Estados Unidos. Pero no es una creencia cierta. Allí las cifras se ven aumentadas por el elevado número de población. Tambien influye el derecho a la posesión de armas y las ideas que crean en nostros el cine y la televisión.

    Reconocer a un psicópata es muy difícil, incluso para los profesionales. Son personas con un gran encanto natural y que te harán creer desde un primer momento que son simpáticas. Por lo general no son peligrosos, pero, si los detectas, intenta apartarte lo máximo posible. Tener relación con alguno de ellos, a la larga, te traerá problemas.

  9. Orlando 8 December 2020 at 7:24 pm Permalink

    No sé si en este
    2 O20 , el próximo año o quizá yo muera sin verlo. Pero si la historia no se equivoca, a D C lo van a arrastrar

    Eso no hay pueblo que lo aguante

  10. Orlando 8 December 2020 at 7:30 pm Permalink

    No sé Bacu. Estimo a ojo de buen cubero. Pienso que si con $100.00 les entregan un aproximado de $20.00 jajaja, el robo sería tan escandalosamente grande que mucha gente dejaría de enviar remesas. En los precios de algunos productos se les ha ido la mano

    • bacu 9 December 2020 at 12:22 pm Permalink

      Oralando, tienes razon $20 seria demasiado escandaloso, tal vez le den 20.99 o un poquito mas hasta llegar a $30.00. Saludos.

  11. Orlando 8 December 2020 at 7:36 pm Permalink

    Copio :

    El cambio de imagen fue que empecé a ir a los trabajos voluntarios, a los que antes no iba.


    Jajaja. Julián. Si no estabas aterrorizado, estabas cagao de miedo Ja jajaja. Yo también tuve que trabajar voluntario para esos cabrones. Pero estaba con poquitas horas. Jajaja. En la lista negra

    • Julian Perez 8 December 2020 at 7:55 pm Permalink

      No, no estaba cagado de miedo. No me pongo el cinturón de seguridad en el coche ni le paso el pestillo a la puerta de la casa por estar ¨cagado de miedo¨.

      En el caso tuyo, Orlando, imagino que te gustaba criticar y meterte en problemas. A mí no interesaba la política y solamente me interesaba vivir tranquilo y ocuparme de lo que sí me gustaba: el cine, la literatura, el baseball, las amistades, mis relaciones románticas (no el sexo, al que siempre he considerado sobrevalorado) , jugar a la canasta o al bridge… No tenía inclinaciones problemáticas, así que no tenía muchas razones para vivir con miedo. Ni siquiera estaba mucho en mi mente la religión. Era un barco, casi un trasatlántico. Es aquí donde me he interesado por otros temas.

      Creo que voy a repetir aquí lo último que le dije a un amigo con el que discuto el tema, pues lo estoy discutiendo con varios:

      Es distinto abstenerse a hacer ciertas cosas por miedo a vivir sumido en el miedo.

      Veamos ejemplos actuales, sin ir a los nazis o a Stalin, Mao (durante la revolución cultural) o Pol Pot. El COVID hace que la gente se ponga máscaras por miedo o que tema acercarse a otras, pero no viven sumidas en el miedo al virus, pues éste deja de actuar cuando no están en público. Los que se suicidan, o se dan a la bebida o a las drogas por la depresión causada por el confinamiento, no lo están haciendo por el miedo al COVID, sino por la depresión causada por la soledad. Así que el COVID puede producir miedo, pero no terror.

      Tomemos, por otra parte, la violencia desatada por BLM. Imagino que, en los lugares en que ésta es más aguda, la gente puede vivir aterrorizada, pues en cualquier momento esos thugs pueden asaltarte y poner en peligro hasta tu vida.

      En Cuba la gente se abstenía o se abstiene de hacer o decir ciertas cosas por miedo, pero no vive aterrorizada. Tomando ciertas precauciones, sabe que puede llevar una vida normal. Me imagino que en la misma URSS, en tiempos de Stalin la gente vivía aterrorizada, pero ya no en tiempos de Kruschev o de Brezhnev, aunque siguiera cuidándose por miedo.

      No sé si tú vivías aterrorizado en Cuba, pero me imagino que no. Yo sé que yo no vivía en esas condiciones. Por supuesto, no se me ocurriría pararme en una esquina a gritar abajo Fidel. Miedo, sí. Carencia de libertades, sí. Doble moral, sí. Escasez. sí. Terror, no.

      Aquí mismo ya se está dando que la gente tiene miedo a emitir ciertas opiniones porque puede ocurrir que, a consecuencia de ello, pierdan su trabajo. Ha ocurrido. Similar a Cuba. ¿Quién se atreve en Hollywood a manifestarse abiertamente conservador? Hay que ser un Clint Eastwood `para osar tal cosa. Si no se es una vaca sagrada, no te dan un papel ni de extra. O hasta su negocio, si por ejemplo se niegan a venderle una tarta de boda a una pareja gay. Pero no me parece que vivan aterrorizados. Hay, sí, ciertos miedos.

      Cualitativamente, el miedo es un inhibidor, el terror un estado permanente.

      • Manuel 8 December 2020 at 9:49 pm Permalink

        como ud no sintió terror. Ud que es todo un caso
        Digo de estudio en muchos sentido
        Pues entonces hace el brillante estimado
        De que en cuba la gente no siente terror

        Excelente

        Es ud un genio

      • Manuel 8 December 2020 at 9:50 pm Permalink

        como ud no sintió terror. Ud que es todo un caso
        Digo de estudio en muchos sentidos
        Pues entonces hace el brillante estimado
        De que en cuba la gente no siente terror

        Excelente

        Es ud un genio

        Un petulante más como el par de argentinos

        • Manuel 8 December 2020 at 9:51 pm Permalink

          como ud no sintió terror. Ud que es todo un caso
          Digno de estudio en muchos sentidos
          Pues entonces hace el brillante estimado
          De que en cuba la gente no siente terror

          Excelente

          Es ud un genio

          Un petulante más como el par de argentinos

          • Manuel 8 December 2020 at 9:59 pm Permalink

            qué pueblo vive en el terror?

            Ninguno.

            Su lógica es aplastante.

            Tanto como su legendario infantilismo
            Y falta de empatía, seso, y conocimiento del
            Ser humano

            Un autista

            Eso es ud.

            Sumamente desagradable todo lo que comenta.

            Desde q se puso del lado se los q repetían cómo
            Como buenos estupidos a miami es un gueto
            Hasta este gran aporte de saber, como buenos Dioses,
            Quienes viven o no en el terror
            A ud q la política cubana le importa un pepino
            Ud opina de la política cubana y de lo que experimentan
            Todos los días los cubanos, porque ud sangre de
            Horchata nunca sintió un carajo ni le importó un carajo.

            Ud no está equipado para hablar de este tema
            Mucho menos los argentinos
            Ignorantes todos

          • Manuel 8 December 2020 at 10:01 pm Permalink

            Un autista
            Eso es ud.
            Sumamente desagradable todo lo que comenta.
            Desde q se puso del lado se los q repetían
            Como buenos estupidos q miami es un gueto
            Hasta este gran aporte de saber, como buenos Dioses,
            Quienes viven o no en el terror

            A ud q la política cubana le importa un pepino
            Ud opina de la política cubana y de lo que experimentan
            Todos los días los cubanos, porque ud sangre de
            Horchata nunca sintió un carajo ni le importó un carajo.
            Ud no está equipado para hablar de este tema
            Mucho menos los argentinos
            Ignorantes todos

            Ud no sabe de lo que sienten los cubanos un carajo
            Mucho menos los argentinos
            Ya déjense de joder

          • bacu 9 December 2020 at 10:57 am Permalink

            Amigos, creo que los dos, a pesar que no piensan igual(cosa natural), expresan mas o menos lo mismo.
            “No tenía inclinaciones problemáticas, así que no tenía muchas razones para vivir con miedo…
            Es distinto abstenerse a hacer ciertas cosas por miedo a vivir sumido en el miedo.”
            Estas dos oraciones dan respuesta al miedo que se siente bajo la bota castrista. Ellos son los reyes de influir el miedo, todos saben que no pueden salirse del libreto establecido porque de lo contrario los hacen un guiñapo humano. Julian tiene razon, cuando seguimos el libreto establecido, ellos los dueños del corral te dejan vivir e incluso te permiten “algunas prebendas y algunas libertades” siempre que no les descarriles a los miembros del rebaño. En esos casos no tienes el terror a flor de piel. El terror se lleva muy adentro por todo los ejemplos que conocemos y sabiendo que si no te sometes de un u otra forma, y no sigues los “iineamientos generales” entonces te harán picadillo de zoya. Tengo el ejemplo de mi padre, el hablaba y decía todo lo que se le ocurria sobre el regimen totalitario cubano, simplemente lo metieron preso en la Cabaña y con esas vacaciones le dieron a entender que no podía hablar mal de los crimianales castristas y no hablo mas ( al menos en publico) de sus ideas. El pudo vivir durante muchos años en Cuba sin ser nuevamente molestado, incluso sin el terror a flor de piel, pero sabia hasta donde llegaban sus libertades. Ese es el terror que se mete en todos los cubanos. Todos saben que tienen una cerda que no pueden pasar y listo, para mi eso es miedo interior. Saber que hay muchas libertades que no puedes ejercer porque te destrozan es coercion, es yugo, es miedo, lo demás es boberia. Saludos.

          • Julian Perez 9 December 2020 at 11:10 am Permalink

            Gracias, Bacu. Lo supiste explicar mucho mejor que yo. Coincido con tu exposición del asunto.

            Voy a intentar explicar cual es mi problema: me opongo a las exageraciones. Hay montones de formas de condenar a la dictadura cubana sin necesidad de exagerar. La exageración es una de las armas de la izquierda. Debemos evitar parecernos a ellos. Que Batista mató a 20000 cubanos fue una exageración. Es cierto que mató gente, pero no a 20000. Que Estados Unidos es un país racista es una exageración. Por supuesto que hay racismo, pero sé, por experiencia propia, que en Cuba y en España hay mucho más. De los tres países en los que he vivido, Estados Unidos es el menos racista. Y los ejemplos son miles.

            Recuerdo el par de colaboradores (Danettee y Macario) que sostuvo que en Cuba había que ser militante de la Juventud o del Partido para poder estudiar en la Universidad. Y como yo había estudiado, asumían que yo había sido militante.

            Me pareció que decir que en Cuba la gente ¨vivía aterrorizada¨ era una exageración que era mejor alertar. Las exageraciones son armas para el enemigo, pues las usan para poner en tela de juicio todas las demás afirmaciones. Es cierto que el regimen consigue que la gente tenga miedo a oponerse, pero ése dista mucho de ser el peor de los problemas de Cuba. Ni siquiera es cierto que todos tengan miedo: los hay que aún apoyan sinceramente al sistema. No sé qué porciento de la población serán, seguro que mucho menos del 50%, pero los hay. Conozco casos en mi familia.

            No sé cómo es ahora. Cuando me fui, hace 30 años, la gente compraba y vendía en bolsa negra, trabajaba lo menos posible, oía Radio Martí, la Voz de los Estados Unidos, Radio Camilo Cienfuegos y otras estaciones y hablar mal del gobierno se había convertido casi en el único tema. Se hacían tantos chistes políticos como cuentos de Pepito. El que vive aterrorizado no se atreve a tanto.

            Recuerdo una frase ¨juega con el mono, pero no con la cadena¨. La gente no tenía reparos en jugar con el mono, peo bien se cuidaba de tocar la cadena.

          • Julian Perez 9 December 2020 at 11:16 am Permalink

            Y, repito, quizás no tenga yo razón en eso (me ocurre a menudo), pero lo que no voy a hacer es dejar de exponer mi punto de vista. Si me demuestran mi error, lo aceptaré. Aquí puedo expresar con libertad mi opinión sin muchas consecuencias (salvo la de molestar a algún amigo) y aprovecho ese privilegio. Estoy jubilado. Si trabajara en Google seguramente me abstendría de emitir ciertas opiniones. Por prudencia, no por miedo. No jugar con la cadena, ponerse el cinturón de seguridad y no exceder demasiado el límite de seguridas son algunas de las cosas que dicta la prudencia.

            Me dirán que prudencia y miedo son en realidad la misma cosa con otro nombre. Es posible.

        • bacu 9 December 2020 at 11:01 am Permalink

          Disculpen, cerca no cerda

  12. Orlando 8 December 2020 at 8:09 pm Permalink

    Arando en el mar con Edu

    Vi el video donde ese joven le guapea al policía. Lo que no sale es que hizo el agente para que se enfureciese de esa manera. Estaba dentro de su casa.
    La única vez que un policía de Miami entró en mí casa, me tuvo que mostrar una orden judicial. Si el policía cubano se metió ilegalmente en su casa, es motivo para que un juez independiente lo declare inocente.

    ?Sabes si Laritza la cubanita abogada que se encarga de esas situaciones de ilegalidad, se está ocupando del asunto o enfrenta sus propios enredos legales amañados?

  13. Orlando 8 December 2020 at 8:21 pm Permalink

    Copio

    En el caso tuyo, Orlando, imagino que te gustaba criticar y meterte en problemas. A mí no interesaba la política y solamente me interesaba vivir tranquilo y ocuparme de lo que sí me gustaba: el cine, la literatura, el baseball, las amistades, mis relaciones románticas (no el sexo, al que siempre he considerado sobrevalorado)


    Jajaja. Lo mío era preparar un buen programa de una nueva asignatura para la especialidad de Comercio Exterior de la U de la Habana que se iba a crear. Odio hacer mal papel parado ante un aula. No tengo la verborragia de otros profesores para aparentar conocimientos

    No me interesaba la política hasta un día en que los políticos se interesaron en mi.
    Jajaja. No me gustan los problemas. Yo le gusto mucho a ellos.

    Mís ocupaciones eran semejantes a las tuyas, exceptuando mucho sexo que considero infravalorado. Jajaja.

    • Julian Perez 8 December 2020 at 8:26 pm Permalink

      Tienes la mala suerte de que la economía no es tan apolítica como las matemáticas.

  14. Manuel 8 December 2020 at 10:38 pm Permalink

    Terror es que a 40 años de un Acto de Repudio
    Aún la gente tiemble, recordándolo,
    Sólo recordando aquel momento

    Las consecuencias del acto
    Las piedras volando por encima de las cabezas de los
    Niños gritando, llorando
    Y aun temblar hoy 40 años después
    Recordando, haciendo el cuento

    Y la sensación de que vienen más Actos
    Que están ahí a la vuelta de cualquier esquina

    ¿Qué basura van a saber ud y los argentinos?

    ¿Que mierda van a saber?

  15. Manuel 9 December 2020 at 5:21 am Permalink

    Los presos políticos o el temor a que te golpeen son las manifestaciones más evidentes, pero de las casualidades, de las coincidencias, pocos hablan.

    A la mayoría de los cubanos se convence con detalles como el de “si compartes eso en las redes, te cargan”, o lanzando advertencias al aire: “ellos lo saben todo” o “cualquiera puede ser policía”. Pero con los activistas, periodistas y opositores son más incisivos, e intentan introducir el miedo directo al tuétano.

    Michel Matos, productor y miembro del Movimiento San Isidro, estuvo fuera de su vivienda un fin de semana y cuando regresó “había una peste del carajo en la casa, estaba el refrigerador abierto y toda la comida podrida”, pero, ¿habrá sido un descuido suyo? En la casa no faltaba nada más.

    A Yanetsis Ofarrill, activista por la equidad de género, en un interrogatorio le aseguraron que habían entrado a su habitación de hotel en Perú mientras asistía a un curso convocado por el Instituto Político para la Libertad.

    Yanetsis Ofarrill. Foto cortesía del autor
    “Allí había otros cubanos, ¿no los vieron?” recuerda que le dijeron, y ella que no había notado nada en ese entonces comenzó a dudar de si había pasado o no.

    David D´OMNI regresó de viaje y le envenenaron el perro, un poco antes, a Ailer González Mena y a Antonio Rodiles les envenenaron también una de sus mascotas. ¿Quién fue? ¿Un vecino indolente cansado de los ladridos del perro ajeno?

    En el caso de David la víctima pudo haber sido su hijo menor de edad y con una discapacidad intelectual. En casa de Rodiles la víctima pudo haber sido cualquiera de sus amigos.

    Ambos casos no dudaron en hacer su denuncia pública, pero siempre hubo quien cuestionó: “esta gente está exagerando”, o “en Cuba no pasan esas cosas”.

    Daniurka Gónzalez, miembro de la Red Inclusiva por los derechos de las personas discapacitadas, lleva más de un año sin poder salir de Cuba. Muchos de los que conocen su caso se preguntan: “¿y por qué si a ella nadie la conoce?”, como si la represión distinguiera entre famosos, escandalosos o discretos de bajo perfil.

    Sin embargo, lo más “terrorífico” que le ha pasado a Daniurka no ha sido “estar regulada”, sino que entraran a su cuenta de Facebook y chatearan con sus amigos, en más de una ocasión, como si fuera ella misma.

    Fotos cortesía del autor

    Fotos cortesía del autor

    Fotos cortesía del autor
    Los chats y las notificaciones de la red social pueden ser una prueba para los escépticos, o para los que propagan el mito de que los cubanos no somos tan importantes como para ser hackeados, y que los ataques cibernéticos se resumen a las ciberclarias y militantes convencidos.

    Los artistas Amaury Pacheco e Iris Ruiz, por su parte, regresaron de un viaje y encontraron en su casa un cartel que decía “El Tarrú de Amaury”, y ácido en la puerta y en el suelo. Ellos convirtieron la ofensa en arte, pero ¿quién lo hizo realmente?

    El seguroso que “atiende” al poeta asegura que no fueron ellos, pero esa será “la duda” que generará otras dudas entre quienes no conozcan a la pareja.

    Yorsikelin Sánchez Perdigon, delegada provincial del CID, describió en su muro de Facebook cómo a su hija de 6 años de edad, el pasado 31 de mayo, un carro la chocó “por el guardafangos de la bicicleta donde se transportaba”. La niña “se golpeó en la frente”, “se partió la boca” y tuvo otras contusiones en el cuerpo, pero, ¿quién fue el chofer que se dio a la fuga? ¿de dónde salió el carro? No hay pruebas de nada. Pudo haber sido un conductor irresponsable, pero el terror ya está sembrado.

    En la cúspide de los cuestionamientos y del escepticismo están las condenas a los hijos de las Damas de Blanco.

    “Sí, pero…” es la primera frase que dicen aquellos que no son opositores al escuchar historias como éstas, nadie “mete la mano en la candela por defender a adolescentes y jóvenes, más sabiendo cómo está la calle”. Este tipo de comentarios supone que las víctimas pudieron haber cometido el delito de que se les acusa, pero nunca los cubanos reconocerán: “es que tu padre, o tu madre es opositora”.

    No obstante, la lista es larga.

    Los hijos de Leticia Ramos, Aliuska Gómez, Lázara Barba, María Cristina Labrada, y muchas más, si no han sido condenados han llegado a ser amenazados, y la batalla es demostrar que son inocentes.

    Estos, y otros miles de casos, son las historias de miedo a las que no podemos ponerle rostro, porque pueden encarnar a un hombre barriendo una y otra vez, una basura que no existe, en una calle donde nunca ha habido barrendero; un hombre en moto y con casco puesto que encuentras una y otra vez como una aparición; alguien parado en una esquina llena de gente que no te quita los ojos de encima mientras habla por teléfono; un carro que sale de la nada y te da vueltas en círculos dentro de un mismo barrio para evitar que viajes; un desconocido sentado en la esquina de tu casa, mirando a tu puerta sin pestañear; unos inspectores de la corriente o de salud pública; o unos testigos de Jehová que tocan a tu puerta justo cuando estás hablando con unos amigos de lo poco que debiera quedarle al gobierno.

    Hace veinte años todo era más fácil para el gobierno. Bastaba eso de que “te desaparecen” o “no eres nadie nunca más” y el terror paralizaba. Ahora que la gente se cree más valiente la estrategia evidentemente ha cambiado: “Vamos a quebrarlos”, “vamos a volverlos locos”, “vamos a hacer que lo que denuncien sea tan insólito que nadie les crea”.

    Cualquier se imagina a los arquitectos del miedo tramando su nuevo paso que no por sutil o inofensivo es menos atemorizante. Esas pequeñas cosas de las que nadie puede dar crédito terminan por vencer, y la gente se vuelve paranoica y, por lo general, les gana el desaliento y la indolencia.

    María Matienzo Puerto
    María Matienzo Puerto
    Maria Matienzo Puerto: Una vez soñé que era una …

    • Manuel 9 December 2020 at 5:34 am Permalink

      Escrita en 1897, esta novela de H.G. Wells ensanchó el bestiario del terror conocido al incorporar el miedo a lo intangible, al monstruo que al no estar definido, puede encontrarse en cualquier parte. Tuvo numerosas adaptaciones al cine, entre ellas la pionera de 1933 con Claude Rains como el científico asesino, una comedia de 1992 y la malograda propuesta de Paul Verhoeven en el 2000, “Hollow man.”

      Recientemente, salió a la luz la última versión cinematográfica de “El hombre invisible”, bajo la dirección de Leigh Whannell y con Elisabeth Moss en el papel principal. Aunque siguen estando presentes los elementos de la novela original, la protagonista ahora es su esposa: una mujer, tras el suicidio de su abusiva pareja, debe convencer a los demás de que él aún la acosa.

      Whannell como realizador se ha sabido labrar un nombre en la industria del género. Recordemos que es una de las dos mentes creadoras del filme de culto “Saw” (con una escena final que ya se ganó su lugar en las memorias del cine). No se destaca por tener grandes pretensiones (para “El hombre invisible” contó con un presupuesto de solo 7 millones de dólares) ni de obsesiones perfeccionistas, aunque ha probado que sabe tomarle el pulso a una buena historia.

      Para esta producción tuvo el acierto de incluir a Elisabeth Moss. A pesar de ser una actriz muy talentosa, bien pudiera denominarse “la mujer invisible” para Hollywood pues solo le han otorgado pequeños roles. Por suerte, ya ha venido demostrando lo que vale en las series “Mad men” y “El cuento de la criada”, sin contar su papel como la escritora Shirley Jackson en la película homónima. No es uno de los rostros congraciados de la meca del cine, pero tiene la facilidad de las expresiones a flor de piel, a veces sin mediar palabra alguna.

      Dicha capacidad le viene como anillo al dedo, pues en su personaje de Cecilia Kass, se resume todo el terror que nos escamotea “El hombre invisible”. La película se asienta en la paranoia asfixiante de una esposa maltratada. Maltrato que no vemos físicamente, sino a través de los estragos que ha causado en el espíritu de la víctima.

      Algunos que siguen esta temática, asociarán el filme con otros de conflictos similares como “Durmiendo con el enemigo” (1991) y la más reciente del 2004, “Nunca más”. Pero a la creación de Whannell se suma el lado oscuro de la ciencia, tema medular de la obra literaria original. Cecilia huye lejos de su esposo Adrian Griffin (Oliver Jackson-Cohen), ingeniero brillante en el campo de la óptica, y se refugia con unos amigos. Su pesadilla no llega ser demasiado larga: recibe la noticia del suicidio de este poco después. Sin embargo, cuando intenta salir adelante, se siente acosada otra vez. Aquí reside uno de los verdaderos aportes de la película: la visión de la mujer maltratada con el aditivo de que nadie la cree, ni nosotros mismos al principio. Creemos asistir a otra historia de esquizofrenias, pero el curso de la trama nos irá convenciendo de lo contrario.

      En “El hombre invisible”, Whannell da un salto de calidad de sus típicas escenas gore al espacio de la paranoia, al horror que imaginamos y no al que advertimos. La filmación es mayoritaria en interiores para lograr ese sentimiento claustrofóbico de asedio y persecución. Tomas de cámara que siguen la línea visual del espectador a vacíos inquietantes como una forma diferente de manejar el terror, pues es este un género que se sostiene precisamente por la complicidad del público como testigo.

      Incluso la propia narrativa del monstruo invisible cambia. Este Griffin no es como sus antecesores, torpes en su desplazamiento y que alertaban de su paso a través de los objetos rotos o desplazados. Asistimos a un duelo de habilidades, al reconocimiento de los límites y posibilidades del otro, que en Cecilia se vuelve una odisea para intentar demostrar lo que no se ve.

      Por supuesto, no faltan escenas típicas del género, en los que el guion afecta en momentos el buen ritmo de la historia. La banda sonora se vuelve a veces chocante y poco acertada con la acción que acompaña. Recordemos que la autoría es de Benjamín Wallfish, con títulos a su espalda como la última versión de “It”. Pero no resulta efectivo repetir la fórmula y más cuando tratamos con otro tipo de terror.

      No obstante, bien valen las palmas para esta última realización de Leigh Whannell, que demuestra una vez más que se puede crear mucho con poco. No le hace falta derroche de efectos para actualizar un clásico y así se apega al suspenso en su estado primigenio, de quien fuera Hitchcock un maestro.

      A diferencia del filme de Verhoeven, que se derivó por la vertiente tecnológica más que la humana, lo central en esta propuesta es el crecimiento gradual de la protagonista para superar sus miedos y enfrentarlos. Y el enemigo no es la típica aberración, sino el hombre invisible.

      La víctima que calla, y cuando habla, pocos le creen. La violencia sin tapujos ni medias tintas. Ahí radica el verdadero terror que no se ve.

      • Manuel 9 December 2020 at 5:36 am Permalink

        En “El hombre invisible”, Whannell da un salto de calidad de sus típicas escenas gore al espacio de la paranoia, al horror que imaginamos y no al que advertimos. La filmación es mayoritaria en interiores para lograr ese sentimiento claustrofóbico de asedio y persecución. Tomas de cámara que siguen la línea visual del espectador a vacíos inquietantes como una forma diferente de manejar el terror, pues es este un género que se sostiene precisamente por la complicidad del público como testigo.
        Incluso la propia narrativa del monstruo invisible cambia. Este Griffin no es como sus antecesores, torpes en su desplazamiento y que alertaban de su paso a través de los objetos rotos o desplazados. Asistimos a un duelo de habilidades, al reconocimiento de los límites y posibilidades del otro, que en Cecilia se vuelve una odisea para intentar demostrar lo que no se ve.
        Por supuesto, no faltan escenas típicas del género, en los que el guion afecta en momentos el buen ritmo de la historia. La banda sonora se vuelve a veces chocante y poco acertada con la acción que acompaña. Recordemos que la autoría es de Benjamín Wallfish, con títulos a su espalda como la última versión de “It”. Pero no resulta efectivo repetir la fórmula y más cuando tratamos con otro tipo de terror.
        No obstante, bien valen las palmas para esta última realización de Leigh Whannell, que demuestra una vez más que se puede crear mucho con poco. No le hace falta derroche de efectos para actualizar un clásico y así se apega al suspenso en su estado primigenio, de quien fuera Hitchcock un maestro.
        A diferencia del filme de Verhoeven, que se derivó por la vertiente tecnológica más que la humana, lo central en esta propuesta es el crecimiento gradual de la protagonista para superar sus miedos y enfrentarlos. Y el enemigo no es la típica aberración, sino el hombre invisible.
        La víctima que calla, y cuando habla, pocos le creen. La violencia sin tapujos ni medias tintas. Ahí radica el verdadero terror que no se ve.

  16. Orlando 9 December 2020 at 5:27 am Permalink

    Julián. Estamos dando vueltas a lo mismo. No estabas aterrorizado porque no chistabas. Obvio. Jajaja.

    Ese es mí punto.

    Pero no chistabas para no meterte en problemas porque sabías dónde dice peligro.

  17. Orlando 9 December 2020 at 5:39 am Permalink

    Un amigo que se metió a disidente me contó que uno de sus interrogadores le dijo, un día, en tono compasivo.

    “Mira. Estate tranquilo. Te matamos y no pasa nada”

    Por supuesto que te digan así, te aterroriza por corajudo que seas.

    Pero Julián, si te dedicabas al cine, a jugar pelota, a leer literatura, no tenías de que preocuparte.

    No me metí a disentir abiertamente. Pero soy rebelde y tengo la lengua muy suelta. De no haber salido del país, me hubieran cocinado.

    Saludos

  18. Manuel 9 December 2020 at 6:09 am Permalink

    A lo largo de seis décadas, la cúpula que detenta el poder en Cuba ha utilizado a la sociedad como un gran laboratorio, en el que se experimentan el adoctrinamiento político, el aprender a sobrevivir en carencia permanente y la implantación del miedo como mecanismo de control
    https://www.google.com/amp/s/www.diariolasamericas.com/america-latina/terror-estado-cuba-continua-siendo-el-mejor-antidoto-tiempo-crisis-n4185268/amp

    • bacu 9 December 2020 at 12:50 pm Permalink

      Esto me recuerda el cuento: Va el cagandante mayor a dar un discurso en la plaza y le dice a Chavez, te voy a demostrar como tenemos a los cubanos bajo control absoluto, empieza guarapo su discurso y dice que debido al bloqueo y a los enemigos de la robolucion en un momento determinado todos debían ahorcarse, alguien tiene algo en contra? Una persona levanta la mano y Chavez habre los ojos y le dice a Guarapo, fíjate hay alguien levantando la mano, Guarapo, con mala cara pregunta, ud no esta de acuerdo? Si, comandante estoy de acuerdo, solo quiero saber si la soga la dan Uds o tenemos que comprarla?

      • manuel 9 December 2020 at 1:17 pm Permalink

        Fidel: tenemos una noticia buena y una mala

        – la buena!

        Fidel: hemos descubierto que podemos alimentarnos con mierda

        …y la mala 🙁

        Fidel: que la mierda no va a alcanzar pa to el mundo

        • bacu 9 December 2020 at 2:29 pm Permalink

          jajajaj, esa es la historia del socialismo el mundo, todo se acaba hasta la mierda. Muy bueno Manuel.

  19. Manuel 9 December 2020 at 6:23 am Permalink

    Batalla por el “futuro”

    El primer gran impulso del autor e intérprete Silvio Rodríguez, a través de los medios de comunicación, tuvo lugar en el programa de televisión cubana Mientras tanto, en el canal 4, donde su rostro y guitarra se vieron semanalmente a lo largo de varios meses de 1968.

    Fue un hecho insólito en la historia de la música cubana: la televisión se convirtió durante ese período en la única vía para que este creador difundiera su obra: sus discos no se grababan y sus canciones apenas se transmitían por la radio. La televisión usualmente aprovecha la popularidad de un artista, pero en este caso infló, promocionó, hasta imponerla culturalmente a la industria del disco y a la programación radial años después.

    El programa fue, además, el primer exponente importante y coherente de un artista y de un grupo de colaboradores y creadores, por encontrarle espacio a una nueva visión del mundo y de las expresiones de sus interpretaciones individuales, sin el sello de falsa unanimidad exigido usualmente por quienes ideologizan el arte para beneficio partidista.

    Esa lucha, tenacidad y seguridad en el triunfo de la renovación artística de un sector de esa generación partió de Mientras tanto. La dirección del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICR) la acababa de asumir un comandante guerrillero —Jorge Serguera Riverí— y le habían asignado el objetivo de introducir algunos cambios sustanciales en la programación cultural, histórica e informativa de los medios de comunicación televisivo y radial.

    Se creó un ambiente de esperanza entre actores, directores, productores y técnicos del medio; esto contribuyó mucho a insuflarle aires rejuvenecedores al ICR durante esos primeros meses e impulsó la ilusión de que lo estético prevalecería sobre la arbitrariedad y los caprichos políticos.

    El nuevo presidente del ICR llegaba con todo el pensamiento de la autoridad de su trayectoria política; tenía, además, algunas inquietudes culturales. Conocía también sus limitaciones personales para realizar esa tarea de cambio y buscó apoyo en un grupo de jóvenes profesores e instructores del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana.

    El Departamento de Filosofía estaba formado en ese momento por profesionales muy vinculados a distintas esferas culturales y políticas del país en los sectores del libro, información internacional, relaciones exteriores, economía, entre otros. Un grupo de seis miembros fuimos a trabajar al ICR.

    No estaba muy claro para nosotros cómo unos estudiosos de la filosofía, de la historia de las ideas y de la economía podían ayudar en un medio totalmente ajeno a nuestra actividad teórica. Se nos dijo que desarrollaríamos una función cultural-ideológica, es decir, evitar que en la programación se “deslizaran” elementos peligrosos u ofensivos a la moral revolucionaria. Naturalmente, la explicación aumentaba las dudas en lugar de despejarlas; era un tipo de censura donde prevalecía un alto nivel de subjetivismo y de situaciones coyunturales donde era imposible delimitar “lo bueno” de “lo malo”, establecer una tabla racional para evaluar una cosa u la otra.

    Decidí dedicarme a la programación musical, pensaba que mi juventud —22 años— y conocimientos de los ritmos e intérpretes de moda podían ayudarme a enfrentarme con ese mundo.

    La ausencia de conocimiento y experiencia técnica en la televisión y en la radio la fuimos supliendo con la ayuda de especialistas. La mayoría ocupamos un cargo que existía en ese momento —Productor de Mesa—, encargado de aprobar libretos, gestionar aspectos de su financiación y realización, coordinar actividades artísticas, técnicas y económicas de cada programa. La política de difusión estaba caracterizada por normas arbitrarias y absurdas relacionadas con textos y ritmos “políticamente correctos”. La primera canción que llegó a Cuba de Juan Manuel Serrat —Poco antes de que den las diez— fue sometida a largos debates porque la letra “estimulaba que las jovencitas se escaparan de las casas con sus enamorados”.

    El programa musical de mayor audiencia nacional —Nocturno—, transmitido por Radio Progreso, sostenía una batalla solitaria en medio de ataques e incomprensiones en su lucha por radiar All You Need Is Love o Yesterday.

    The Beatles no podían transmitirse por las emisoras nacionales, pero no por sus letras, sino porque “tenían el pelo largo y su ritmo alocado exaltaba bajas pasiones en la juventud”. El nuevo presidente del ICR mantuvo durante algún tiempo la postura oficial de que el timbre musical de este cuarteto era “diversionista”. Meses después se logró autorización para difundir algunas canciones por la radio, pero continuó vigente la prohibición en las pantallas porque “la televisión revolucionaria no debe contribuir con su imagen a imponer una moda decadente”.

    Hubo muchas discusiones para intentar convencer que la música era bastante refractaria al calificativo de “diversionista” o de que el pelo largo era un aporte de los guerrilleros de Fidel Castro en la Sierra Maestra a la moda contemporánea y que The Beatles heredaban de ellos lo del pelo largo, como los guerrilleros de Venezuela o Guatemala habían heredado la lucha armada de las montañas cubanas.

    Una instrucción escrita establecía la obligatoriedad de mantener un balance de un 70% para la música cubana y un 30% para la extranjera. Muy pocos programas musicales estaban exentos de esta norma —Nocturno, por ejemplo— y los productores frecuentemente se vengaban del esquematismo con la programación de música de mala calidad, para hacer muy evidente la medida y que los oyentes protestaran. Los directores de programas radiales afirmaban que la música nacional “no prendía”, “no pegaba” en la audiencia. Era un círculo vicioso muy peligroso para la difusión del patrimonio musical nacional. La raíz de todo radicaba en los métodos impositivos, en la incapacidad de lograr la motivación genuina de quienes trabajaban en la difusión de la música.

    El país había descendido en el reflejo de la música cubana hasta niveles alarmantes. Fue en este contexto en que se comenzó a pensar en programas dedicados íntegramente a intérpretes nacionales, demostrar que la calidad propia podía gustar masiva y espontáneamente, sin mecanismos administrativos ni métodos de cuartel.

    Silvio empezaba a cantar sus canciones. Su trabajo con la música podría demostrar la validez de la tesis de los valores nacionales. Pero había otra razón muy importante: las canciones de Silvio encarnaban, a través de sus letras, una búsqueda de espacio para el nuevo pensamiento renovador que se gestaba en la sociedad cubana. Pensamiento que también ya brotaba en algunos cuentos y poesías de la época.

    Surgió la propuesta de hacer un programa con sus canciones e igualmente aparecieron varios cuestionamientos escépticos: ¿Un programa con alguien tan joven, con letras tan raras, sin arreglos orquestales y a fuerza de guitarra?

    El criterio de “letras raras” fue el primer gran escollo. Silvio transmitía temas universales como el amor y las relaciones humanas, con nuevas imágenes y metáforas; esto iba en contra de la costumbre y la interpretación convencional de asimilar las letras de contenidos directos que no requerían de ningún esfuerzo mental para ser captados. Los funcionarios extendían su incapacidad de comprensión hacia los millones de cubanos que escucharían a Silvio.

    La inexistencia de arreglos orquestales era más fácil de resolver. La orquesta del ICR realizaría semanalmente una o dos grabaciones que alternarían con las interpretaciones con guitarra. Casi nadie aceptaba que alguien pudiera gustar solamente a base de cuerdas y menos con “letras raras”.

    Un tercer temor era la aparición de un rostro joven en la televisión. ¿Y si traiciona políticamente? ¿Y si se convierte en una figura nacional y luego resulta problemático? Pero se reclamó tener la misma posibilidad que Hollywood, de crear estrellas y luego imponerlas en el mundo. Hubo que sentenciar, con tono serio de comisario político de barricada, que “el proletariado también debe tener su derecho a impulsar figuras en el arte”.

    Armando Romeu y Roberto Valdés Arnau ayudaron mucho en la empresa de impulsar el programa. Aunque no coincidían con muchos de los nuevos criterios y experimentos —Valdés Arnau, por ejemplo, siempre decía “esas canciones son demasiado espiritistas”— consideraron que el intento debía hacerse. Aún cuando preferían alguna opción distinta, trabajaban con honestidad y dedicación en aras de ayudar a desbrozar nuevos caminos. Pero el gran impulsor fue [el músico] Federico Smith. Fue el único que confió conceptualmente en el proyecto. Los demás lo hacían un poco por disciplina, Federico lo hacía por convicción.

    La música cubana necesitaba rostros diferentes y valía la pena correr el riesgo de fracasar en algunos intentos. Estos tres músicos hicieron sugerencias valiosas, orientaron arreglos con determinadas canciones que contribuían a alcanzar los objetivos propuestos.

    Teníamos el diseño del programa en su idea general, pero había que materializarlo. Lo primero era el nombre. Al poeta Víctor Casaus —[primer] guionista del programa— le gustaba ¡Qué volá!, una expresión popular de moda; trataba de buscarle informalidad y frescura, evitar el acartonamiento usual. A Silvio le pareció atractivo. Sin embargo, adoptar ese nombre, o uno en la misma cuerda, equivalía a identificar un término populachero con un contenido nuevo y distinto. Finalmente prevaleció el criterio de extraer el nombre del programa de los mismos textos de las canciones de Silvio, con una música que sería, además, el tema de presentación.

    Silvio tenía una libreta vieja y destartalada donde escribía el texto de sus canciones. Nos pasamos varias jornadas analizando sus letras. Buscábamos que su voz individual se ajustara a la posición común de defender la búsqueda de un nuevo lenguaje, de reclamar un lugar en la difusión de las ideas. En esto el arte de Silvio era un exponente perfecto.

    Se seleccionó Mientras tanto, un texto con intención de declaración de principio sobre el derecho a romper las barreras del dogma, de reflejar la vida en el arte, de no hacer tema tabú “yo tengo que hablar, tengo que vivir, tengo que decir lo que he de pensar”, afirmaba la canción.

    El programa cerraría con Y nada más, era tal vez menos agresiva —por llamarla de alguna forma— pero no menos inocente, al narrar cómo la vida siempre repite problemas similares, conflictos, dramas, pero que la fuerza de la realidad siempre triunfa “somos un diminuto instante inmerso en el vivir”.

    El guionista Víctor Casaus traía las ideas generales, la estructura y muchos detalles. Entre [el realizador] Eduardo Moya, Silvio y yo tratábamos de ampliarlo, encontrar variantes, detectar hechos de la vida cultural del momento que pudieran incorporarse. Insistimos en la participación de valores verdaderos en el programa, eliminar expresiones de la subcultura. Había muchos talentos jóvenes en el país, sin oportunidades de difusión, que podían tener su espacio. La estructura general del programa era la siguiente:

    La canción Mientras tanto se escuchaba en off mientras la imagen de Silvio, o cualquier otra relacionada con el programa del día, aparecía en pantalla. Se utilizaba ocasionalmente caricaturas o canciones ilustradas con fotos, María, por ejemplo, fue un texto de Silvio dedicado a su hermana. La pensábamos ilustrar con fotos de María en La Habana Vieja, queríamos mostrar la arquitectura, las calles y el ambiente de la ciudad como habitat hermoso para sus moradores, pero nos percatamos que el texto —de cierto tono melancólico— reclamaba expresiones del rostro, estados anímicos de María y lo que hoy se llamaría Video Clip se hizo a base de close up y dejamos la arquitectura para una ocasión posterior.

    Los intérpretes invitados cantaban sus propias canciones, pero algunas veces interpretaban alguna de Silvio, porque queríamos contribuir con eso a que figuras importantes o más o menos conocidas, contribuyeran a difundir su música. Leo Brower hizo un arreglo de Es sed para Yolanda Brito. A Silvio no le gustaba mucho esa canción, sin embargo fue posiblemente la primera que se hizo muy popular entre los niños, entre otras cosas, por el texto que narraba la historia de “una vieja bruja amiga mía”.

    Es sed tuvo una importancia adicional. Hizo que Leo Brower conociera mucho más de cerca la obra de Silvio y eso abrió el camino para que se convirtiera años después en una estimable ayuda en la formación y desarrollo musical de Silvio cuando este pasó a trabajar al Instituto de Artes e Industria Cinematográficos (ICAIC).

    Muchas figuras relevantes participaron en el programa. Poetas, narradores, pintores, distintos exponentes de la vida nacional. Desde luego, los intérpretes eran quienes más participaban. Hubo un curioso incidente con [el cantante] Bola de Nieve en la única vez en que tomó parte del programa.

    Una regulación del ICR estipulaba que una misma figura —aunque fuera importante— no podía aparecer en dos programas en el mismo día. A Bola lo habían llamado para Mientras tanto y, a la vez, para otro programa musical. Pero Bola conocía la regulación y se percató que, por error, no la habían señalado la repetición de su imagen en televisión en un mismo día.

    Bola cantaba en el restaurante El Monseñor, a tres cuadras del estudio 19 del [edificio] Focsa, donde se hacían los programas musicales de grandes producciones. Una tarde viene a verme a este estudio. Cuando Bola llega, el presidente del ICR, Jorge Serguera, hablaba con el músico Felipe Dulzaide. El comandante le aconsejaba que introdujera una trompeta china en algunos números del grupo musical para que se oyera mejor, fuera “más pegajoso”, se acercara más a las raíces de la música cubana, a la vez que se alejaba del jazz, “tan poco criollo”.

    Felipe, escuchaba atentamente, de lo más caballeroso, pero serio; discrepaba amablemente mientras a unos pasos Bola de Nieve escuchaba azorado. Cuando la conversación terminó, Bola se me acerca y comenta el hecho de que había sido citado para dos programas en el mismo día, “pero si tengo que escoger, prefiero el programa del muchacho con la guitarra. Me gustaría verlo cantar”.

    El día de la transmisión, en el estudio de Mazón y San Miguel, Bola se sienta aparte, en el lunetario del set. Escucha atentamente a Silvio. Cuando el programa termina lo acompaño hasta la puerta y allí me dice: “este muchacho escogió un camino propio, es distinto a los demás, puede ser un gran artista”. Entonces sonríe pícaramente y comenta: “¡Pero ojalá que los señores de la televisión no lo obliguen a cantar con la trompeta china!”.

    Mientras tanto reflejaba también el mundo literario. Un joven periodista de 24 años —Norberto Fuentes— ganó el concurso Casa de las Américas 1968 con el libro de cuentos Condenados del Condado. Silvio y Norberto habían trabajado juntos en la revista Mella y surgió la idea de emplear textos del libro de Norberto en el programa.

    El programa tenía la espada de Damócles de la suspensión sobre su cabeza en esos días. Me habían insistido, una vez más, que le comunicara a Silvio que se pelara. Yo sencillamente le decía: “Silvio, me dijeron que te dijera que te pelaras”. Los dos nos molestábamos un poco, sonreíamos y todo quedaba ahí.

    Silvio se emparejaba el pelo de vez en cuando, pero conservaba un largo peligroso para las normas del ICR; el pelo estaba siempre en la frontera entre lo largo y lo corto y, por lo tanto, cruzaba muy rápidamente ese límite. Eran los días en que constituía un verdadero peligro que Silvio apareciera en el edificio del ICR o en un lugar público donde lo viera algunos de los encargados de custodiar el largo de las cabelleras que aparecían en televisión.

    Habían visto a Silvio con el pelo un poco largo en el restaurante Polinesio, frente al edificio del ICR. Me llamaron y, a nombre del “Comandante” trataron de convencerme de que fuera “dialéctico” y “comprensivo” ante la necesidad de disminuir unos centímetros el cabello de Silvio en aras de la “pureza visual de los televidentes”. Fue una última advertencia.

    La situación se tornaba más borrascosa porque en el programa anterior Silvio había cometido el “sacrilegio” de expresar públicamente su admiración por The Beatles —en un comentario completamente incidental. Eso era objeto aún de “profundas reflexiones” para determinar alguna medida “ejemplarizante” ante la “insólita” declaración pública de un cantante cubano, a través de un medio de comunicación revolucionario, hacia un grupo decadente.

    Silvio llegó al estudio con su cabellera. En realidad muy lejos de asemejarse a la de algún Beatle porque ya tenía bastante avanzada las señales iniciales de calvicie. Pero una parte del pelo le cubría una porción de la oreja, eso lo detectó alguien e inmediatamente me llamaron a la cabina del estudio.

    Yo estaba enfrascado con los efectos de las luces y los tiros de cámara del realizador Eduardo Moya. Norberto Fuentes leía sus fragmentos de cuentos en medio del set. Suena el teléfono y recibo la orden de suspensión temporal del programa, con la exigencia de que el programa saliera al aire, pero sin Silvio.

    La orden me pareció tan absurda que pedí que me la repitieran. Y efectivamente, Mientras tanto debía salir al aire sin Silvio, “deja sólo la música de presentación y despedida, el resto rellénalo con otros artistas”, insistieron desde la oficina de dirección del ICR.

    Abro el micrófono del estudio y le explico a Norberto Fuentes lo que ocurre y este, con un gesto de Quijote medieval ante los atropellos a Dulcinea, cierra bruscamente el guión, mira hacia la cabina y me dice: “Si a Silvio lo suspenden por sus pelos largos, yo no puedo poner a uno de mis personajes —a Bunder Pacheco— un militar calvo, de bate emergente” y abandonó el set.

    El ángulo problemático del programa era su aspecto técnico, los ardides y trucos para enmascarar el pelo largo de Silvio y sus zapatos. Su único par de zapatos era de piel rústica, del mismo modelo usado por trabajadores de la construcción y cortadores de caña.

    El primer conflicto con Mientras tanto ocurrió cuando esos zapatos salieron en la televisión. Me llamaron y preguntaron por “esa monstruosidad”. Respondí que Silvio no tenía otros zapatos, ni dinero ni posibilidades de comprar otros —ganaba unas pocas decenas de pesos por cada programa de televisión. Yo no podía regalarles unos míos porque calzábamos números distintos y, además, yo también sólo tenía un par. Me aconsejaron “pedirlos al Departamento de utilería”. Insistían en que “con esos zapatos no se puede aparecer en televisión porque perjudica la imagen de la revolución”.

    Era difícil aceptar cómo un simple par de zapatos, un poco maltratados por el uso, podían convertirse en enemigos de clase del proletariado. Sin embargo, la realidad era que su existencia provocaba nerviosismo y alteración en los funcionarios superiores. Pensé que la solución podía estar en las luces y en los tiros de cámara…

    * * *

    Y fui a ver al director Amaury Pérez. Amaury nos ayudó mucho para conocer la técnica de la televisión. Quienes veníamos del Departamento de Filosofía nos percatamos al instante que sin el conocimiento de la técnica era imposible lograr éxito en un cambio estético de la televisión. Y Amaury nos mostró ese camino. Durante varias semanas, después de terminada la programación diaria, íbamos con él a los estudios de Mazón y San Miguel a aprender elementos básicos de esa técnica.

    Pero las luces fueron quienes me hicieron acercarme más a Amaury. Me señaló algunos recursos que podían emplearse para ocultar el pelo y los zapatos de Silvio. Me regaló un libro que todavía conservo —Manual del director de televisión publicado por la CMW— y eso me permitió introducirme técnicamente en los problemas de iluminación del programa y tratar de ayudar al director Moya en sus esfuerzos por enmascarar los atributos de Silvio “no televisables”.

    Durante la transmisión del programa el luminotécnico —o diseñador de luces, como lo llaman ahora— era frecuentemente el hombre clave. Los programas eran en vivo, no había oportunidad para la equivocación. El error salía al aire. Intentamos muchas veces tener un luminotécnico estable, pero el sistema de rotación de los técnicos lo hacía imposible.

    En el guión de transmisión había que tener sumo cuidado con las luces y con los tiros de cámara. Y no por razones artísticas precisamente.

    La luz del leko-lie producía un haz intenso y definía demasiado a las figuras, era, por lo tanto, sumamente peligrosa. Seguir a Silvio con esa luz mientras cantaba, mostraba y exageraba su problemática cabellera. La luz rimmer (de contorno) era igualmente conflictiva. Había que buscar una consistencia en la iluminación que captara la figura de Silvio y ocultara discretamente “sus defectos”, capaz de atenuar el largo del pelo y borrar la textura de sus zapatos. El dolly-back se usaba con limitaciones. Al alejarse abruptamente la cámara, era casi seguro que sacara al aire los zapatos.

    El play-back o música grabada sólo se usaba cuando no había arreglos orquestales disponibles o algún intérprete no deseaba correr los riesgos de la transmisión directa. Silvio cantaba casi siempre en vivo, con su guitarra. Nosotros preferíamos los programas en vivo. Las posibles imperfecciones técnicas del intérprete en alguna canción se compensaban con ese esfuerzo real y natural con que ejecutaban su música; eso los acercaba más a ese diálogo vital y directo con el público, propio del teatro.

    Eduardo Moya tenía que trabajar con el switcher de la cabina bajo una presión poco acostumbrada en la televisión de entonces. Nuestros peligros estaban fuera de textos con “problemas ideológicos”, de argumentos alegóricos con críticas al sistema, como a veces ocurría con otros programas. El conflicto de Mientras tanto estaba en la cabeza y en los pies de Silvio. Del ensayo y de las habilidades encubridoras de Moya dependía la protección contra la suspensión. Y Moya demostró, invariablemente, pericia y dominio en cada plano que salía al aire.

    Estábamos imposibilitados de hacer experimentos formales, debíamos atender exclusivamente a los aspectos que garantizaran la permanencia de las canciones de Silvio en la televisión. Si hoy pudiéramos repasar los videos de aquella época —los Kinescopios— seguramente descubriríamos la cantidad de secuencias tan limitadas y pobres que lanzábamos al aire para vadear la suspensión. Cuando el luminotécnico conectaba las luces, yo, entre luz y luz, iba desde el set hasta la cabina y observaba cómo televisaba. Caminé decenas de millas en estas operaciones, tendientes a encubrir la realidad visual para defender y poder transmitir la realidad del contenido.

    La escenografía era sencilla: generalmente un backing (panel) de colores claros, sin adornos o el ciclorama negro (una cortina detrás). A veces se utilizaban objetos que, más que ambientar, tenían fuerza propia: plantas, muebles de época, figuras escultóricas.

    Todo esto se hacía en un set donde trabajaban dos cámaras; mientras una transmitía, la otra preparaba la toma siguiente.

    Algo importante del programa era el tipo de público que se fue formando a su alrededor. El espacio musical recogía la necesidad del sentir de muchos jóvenes, ansiosos por encontrar en su propio país una imagen afín en sensibilidad y además contestataria contra lo absurdo que ya comenzaba a constituirse en elemento constante de la vida cotidiana. Era un toque distinto en la televisión. Por eso era también un foco de conflictos. Se transmitía por un canal de menos rango en audiencia —el canal 4, que no se veía en la zona oriental del país—, pero no tenía competidor de calidad en ese horario y se comenzaba a imponer.

    Paradójicamente, Mientras tanto acabó cuando se inició el despliegue masivo de Silvio. Cuando se suponía que se había logrado el objetivo de ofrecer calidad y cubanía para el conocimiento y disfrute de su público. Razonamientos esquemáticos dieron fin al programa. Silvio y algunas de sus canciones provocaron el terror en funcionarios que, desgraciadamente, tenían el poder de monopolizar los medios de comunicación e imponer a la población sus deformaciones espirituales, temores ideológicos y limitaciones intelectuales.

    Las canciones de Silvio pasaron a convertirse en “problemáticas y conflictivas”. Comenzaron a radiarse menos o no se radiaban. Se operó un proceso curioso: cuando no se conocían, fueron difundidas por la televisión y la radio; pero tan pronto se conocieron, fueron prohibidas o limitadas. Una pregunta se convirtió en usual en los estudios de música: ¿Silvio sigue prohibido?

    Con esta atmósfera, cargada de polémicas constantes, era lógico que el ICR no prolongara por mucho tiempo la tolerancia con esas manzanas de las discordias de los programas musicales y mis naves pusieron proa hacia las aguas del Jordán de entonces: los campos agrícolas de Camagüey, en una organización con cincuenta mil jóvenes volcados en esos campos para no pasar el Servicio Militar Obligatorio: La Columna Juvenil del Centenario.

    Me llevé todas las copias de grabaciones de Mientras tanto y fueron las primeras canciones que programé en el espacio musical de La Columna Juvenil del Centenario. Silvio le siguió cantando a los camagüeyanos, muchos lo conocían por Mientras tanto. Aquí estaba materializado uno de los objetivos del programa: su difusión. Parte de nuestra cultura había ocupado su espacio y encontraba receptores agradecidos. No existía tal frontera de lo “raro” en las letras. Las carencias e incomprensiones individuales se las habían querido atribuir al público funcionarios semianalfabetos.

    Continué con el programa musical Camagüey Año 1 hasta que llegó una nueva regulación con la prohibición de una canción tradicional cubana —popularizada por Barbarito Diez— La mora, por su estribillo, considerado altamente conflictivo en un país donde se acababan de eliminar las fiestas navideñas:

    La Noche Buena
    y el lechoncito
    ¿cuándo volverán?

    Pero esa es otra historia. Lo importante fue que la batalla para el futuro, a través de Mientras tanto, ya estaba ganada.

    • bacu 9 December 2020 at 2:47 pm Permalink

      Manuel, no se si conoces esta historia de Papito Serguera y Silvio, despues que Silvio fue despedido por Papito, se venia el festival de Varadero y Silvio fue seleccionado por el pueblo a cantar allí, tuve la oportunidad de estar en ese festival junto a algunos amigos, al tocarle el turno a Silvio empezó a hacer malabares con su hablar y el micrófono y dijo algo raro como: aunque le duela a algunos(refiriéndose a Serguera) estoy aca porque Uds me eligieron, canto y tuvo que salir corriendo porque Serguera al enterarse de lo que habia dicho Silvio, salió a buscarlo con pistola en mano. Por suerte para Silvio intervino Celia Sanchez y lo mando en un lambda(barco de pescadores) a navegar y dejar que las cosas se aplacaran, Silvio siguió despues en el grupo sonara del ICAIC con Pablito y algunos mas.

      • manuel 9 December 2020 at 3:33 pm Permalink

        el susto debe haber dejado una marca profunda en su siquis

  20. Carlos A Caballero 9 December 2020 at 8:12 am Permalink

    “bacu”, cuando tengas valor y pongas tu nombre completo aquí te respondo. Hasta ahora eres nadie, cero, un temeroso más, uno que sigue con complejo de persecución, umo que se cree tan importante que se esconde detrás de cuatro letras. No las habrás confundido por “locu”. Antes de contestar recuerda que no tienes valor para mostrar tu cara.

    • Víctor López 9 December 2020 at 8:21 am Permalink

      Cómo le va a hacer eso al señor Bacu. Sea humano!

      • bacu 9 December 2020 at 11:04 am Permalink

        Gracias Victor por la defensa, de estos pencos “estoy camao” como dicen en Cuba. Fíjate si es penco que se tira por la tangente como todo buen fanatico de la dictadura de criminales asesinos. Saludos

        • Víctor López 9 December 2020 at 11:39 am Permalink

          Es que a mí me han desconfirmado alguna vez, y se lo duro que es eso. Sea fuerte.

          • bacu 9 December 2020 at 1:07 pm Permalink

            Sera dificil, pero tratare. Esa te quedo de leyenda. Ya se me hizo el dia, jajajaj, saludos.

  21. manuel 9 December 2020 at 10:01 am Permalink

    bacu estas en serios problemas.

    hay un Kaballero acá que te está retando y se ve muy peligroso

    mejor nos escondemos todos más, por si acaso

    • bacu 9 December 2020 at 11:06 am Permalink

      Jajjajaj, esa esta buena buena Manuel, este Caballo se cree que estamos en Cuba, solo le dan unos minutos en la internet para que defienda a los criminales, da lastima. Saludos.

    • bacu 9 December 2020 at 11:09 am Permalink

      Posiblemente este Caballero sea realmente familia del Caballero que conoci en Cuba que era un adicto al regimen asesino de los castros. Solo le queda vociferar y agredir. Saludos

      • Julian Perez 9 December 2020 at 12:11 pm Permalink

        Bacu

        Sé a cual Caballero te refieres, pero conocí uno que era bueno***. Fue compañero mío de trabajo en eicisoft. Cuando dieron las bicicletas chinas muchos íbamos y veníamos del trabajo en bicicleta. En mi caso no era demasiado: de 17 entre N y M, donde estaba mi casa, hasta 23 y 24, donde estaba eicisoft. Ya no podría, los años no pasan por gusto.

        Había cierto riesgo, porque se supo de un caso de uno al que le atravesaron una soga en la calle (era de noche) para tumbarlo de la bicicleta y robársela. Creo que se murió del golpe en la cabeza.

        Pero este Caballero vivía lejos y se murió de un infarto por el esfuerzo del viaje en bicicleta.

        ***Eso me recordó que una vez Pedro Víctor, al que conoces, compañero nuestro del pre, me contó que en el primer día en un trabajo el del sindicato le iba presentando a todo el mundo y al llegar a uno dijo: ¨Y éste es del partido… pero es buena gente¨. El Caballero al que me refiero era buena gente y no era del partido.

        Otro recuerdo que me ha venido a la mente es el de algo que solía decir una amiga mía, su versión de ¨a palabras necias, oídos sordos¨: ¨a palabras negras, oídos Ku-Klux-Klanes¨.

        • bacu 9 December 2020 at 1:15 pm Permalink

          Julian, gracias por los comentarios. Lo del gran Pedro Victor y la amiga muy buenos al igual que los cuentos anteriores. Si,no todos los Caballero son malos, hay una funeraria Caballero-Rivero que segun dicen no son mala gente. Muy buenos los cuentos y los chistes. Saludos

  22. manuel 9 December 2020 at 10:04 am Permalink

    ¡que mentirosos los recolectores de mierdas estos:

    https://www.youtube.com/watch?reload=9&v=tQNAp2ehPJg

    • manuel 9 December 2020 at 10:04 am Permalink

      no es terror

      https://www.youtube.com/watch?v=T5LFopGB_YM

      • Julian Perez 9 December 2020 at 10:13 am Permalink

        Se dice que la UNESCO estaba haciendo una encuesta mundial con la pregunta ¨¿Qué opina usted de la crisis de los alimentos?¨

        Un sueco dijo:

        -¿Crisis?

        Un haitiano dijo

        -¿Alimentos?

        Y un cubano dijo:

        -¿¡Opinión!?

        • Julian Perez 9 December 2020 at 10:19 am Permalink

          Un ruso, un francés, un americano y un cubano conversaban acerca de la forma que tenían en sus países de actuar de forma temeraria.

          El ruso, por supuesto, mencionaba la ruleta rusa.

          El francés decía:

          -Pues nosotros nos emborrachamos, vamos a un prostíbulo y cada uno se acuesta con una prostituta. Una de ellas tiene SIDA y nadie sabe cual es.

          El americano decía:

          -Pues nosotros nos emborrachamos, nos montamos en automoviles y salimos a toda velocidad. Uno de los carros no tiene frenos y nadie sabe cuál es.

          Y el cubano decía:

          -Pues nosotros nos emborrachamos y empezamos a hablar de política. Uno es de la seguridad y nadie sabe cual es.

      • Víctor López 9 December 2020 at 10:25 am Permalink

        No saben, Manuel. Desconocen la estrategia de la venta. No pueden poner el adjetivo al que quieren llegar de título. Aunque sea un camelo, “la conclusión” la tiene que elaborar el consumidor, tanto a ellos como a usted les falta escuela. Así ni el pelotudo de Ramiro se lo creería.

        Observé por arrivita la cagada a pedos que quiso dar al buen señor Julián, y tengo que decirle que lo suyo fue un bochorno patético. Extenderse es inútil, valga como ejemplo la señora Danette, más sencilla, específica y asertiva en su retórica. Saludos.

    • manuel 9 December 2020 at 10:10 am Permalink

      coleccionistas de mierda

      https://www.imdb.com/title/tt12649018/

    • bacu 9 December 2020 at 11:20 am Permalink

      A un amigo de la Universida le hacieron hace años(en Cuba) una entrevista para una tv argentina, hablo maravillas del regimen castrista. Le pregunte si realmente creía todo lo que dijo y me contesto: y que iba decir de estos HP no quiero vivir crucificado. Sin comentarios. Saludos.

      • Julian Perez 9 December 2020 at 12:17 pm Permalink

        Con esa anécdota, ahora se me ocurre que el sentimiento de CAM con sus empleadores de la CNN pase del miedo y llegue al terror. Explicaría muchas cosas…

        • bacu 9 December 2020 at 1:16 pm Permalink

          jajajaj, si, todo es posible.

  23. manuel 9 December 2020 at 10:20 am Permalink

    el arte de la ira

    https://www.dailymotion.com/video/x7xckta

  24. Carlos A Caballero 9 December 2020 at 11:59 am Permalink

    “bacu”, o mejor dicho, locu, eres cero. No eres nadie. Muy valiente escondido. Muy agresivo en un inicio y ahora protestas. Mi opinión sobre ti, sigue siendo la misma, locu. No bacu, locu. O quizás ni a eso llegas. Ninguna tangente locu, la tangente es la tuya que te lleva a tu lugarcito cómodo de increpar, emplazar detrás de un disfraz. A lo mejor el más perro comunista de éste foro eres tú. Cuántos cyberclarias no hay aquí que no dan la cara. Locu, te limpiaron bien? Dame tu nombre y apellidos y veremos a que putrefacta familia perteneces. Ojalá y no sea CaGastro, locu, sería muy especial coincidencia.

    • bacu 9 December 2020 at 1:27 pm Permalink

      Caballero, no sabia que te habías ofendido tanto con mis comentarios, algo de verdad deben haber tenido y lo demuestras con tu execrable hostil actitud. Esas amenazas son muy conocidas. Acuérdate que no estamos en Cuba. Amigo Victor, tal parece que he actuado un poco como Doorkeeper, esa no fue mi intención. Saludos

      • Víctor López 9 December 2020 at 1:59 pm Permalink

        No llevo intención de servirle de bastón, no lo hago por usted, ni usted lo necesita. La invitación cordial a Caballero se circunscribe a señalarle para que corrija su desaforo. A todos nos puede pasar, en especial frente a un clan monolítico y guiado por un viejo extraña mezcla de druida y de templario.

        …con vacas sagradas a mí jajaja. Saludos.

        • Julian Perez 9 December 2020 at 2:02 pm Permalink

          ¿Quién es el viejo druida templario? ¿Yo? 🙂

          Me gustaba más boludo. El nuevo título es demasiado solemne y yo todavía soy un poco bohemio.

          • Julian Perez 9 December 2020 at 2:04 pm Permalink

            Si voy a ser druida quizás deba cambiarme el nombre a Julianix y empezar a preparar la poción mágica. Si los clarias se ponen violentos puede venir bien.

          • bacu 9 December 2020 at 2:34 pm Permalink

            Este es uno de los días en que el blog ha estado excelente, JAJAJAJA. Me han hecho un gran dia. Saludos

      • Julian Perez 9 December 2020 at 2:00 pm Permalink

        Lo de ofenderse está de moda, Bacu. No hacerlo es políticamente incorrecto. Recuerda todo eso de los espacios seguros, la apropiación cultural, etc.

        Nunca se sabe. Puede ser ofensivo hasta referirse a alguien con el pronombre incorrecto. Hay que aprenderse todos los pronombres, que son muchos.

  25. Víctor López 9 December 2020 at 12:25 pm Permalink

    Don Carlos A. Caballero, en estos foros virtuales hay de todo y vale de todo también, pero las amenazas son de pésimo gusto, un recurso cobarde si se quiere. Lo invito a la convivencia y a diferir fuertemente, con exabruptos incluidos si ese es su estilo o son de su agrado, pero siempre tomando al prójimo como un rival y no como un enemigo, ni llevando la agresión fuera de este espacio. La invitación es cordial.

  26. manuel 9 December 2020 at 12:27 pm Permalink

    don kaballero arrecia, se nos vino acto de repudio bacu

    • Julian Perez 9 December 2020 at 12:34 pm Permalink

      Creo que está tratando de contactar a Macario y a otros para tener quorum en lo del repudio.

      • Víctor López 9 December 2020 at 12:42 pm Permalink

        La llegada de Macario evidentemente fue de agenda, y solo hay un elemento aquí con agenda.

        La felonía va mucho más allá de una simple “opinión política”. Un saludo.

        • Julian Perez 9 December 2020 at 12:53 pm Permalink

          La negación del fraude es agenda. Según ellos, la existencia del mismo es ¨opinión¨ o, mejor dicho, fantasía, teoría conspitatoria. Decacreditar esa creencia es importante. Puede que los clarias regresen con esa nueva misión. Caballero obviamente necesita refuerzos.

  27. Orlando 9 December 2020 at 12:47 pm Permalink

    Cuba , dice Cubadebate con esa manía de idenficar la nación con ese gobierno fallido, reportó 124 nuevos casos de COVID-19.

    La epidemia que no cree en potencias médicas, se ha extendido por toda la nación.
    !Que pena!
    !Dios los proteja!

    • Julian Perez 9 December 2020 at 12:50 pm Permalink

      Nunca van a tener demasiados casos: usan la hidroxicloroquina.

      • Manuel 9 December 2020 at 3:25 pm Permalink

        Ya no se llama Granma?

        • Manuel 9 December 2020 at 4:15 pm Permalink

          Si Napoleon hubiera tenido uno
          Nadie en Francia se habría enterado
          De Waterloo

  28. Julian Perez 9 December 2020 at 12:48 pm Permalink

    Algunas buenas:

    “Imagine being so dumb that you think the guy in office for four years is the problem, and the guy in office for 47 years is the solution.”

    “Joe Biden said he has a Coronavirus plan that will save lives if he’s elected. Wouldn’t it save more lives if he told us now?”

    “I’m new to absentee voting. Do I mail all ten ballots at once or do I space them out?”

    “Don’t you just love people who tell you to accept the results of the election after they spent the past four years refusing to accept the results of the election?”

    “How come we never find missing Republican ballots?”

  29. Orlando 9 December 2020 at 1:18 pm Permalink

    Edu.

    Veinte, sesenta, no son nada.

    Las dinastías europeas duraron más de trescientos años.

    Siente.

    Que es un soplo la vida
    Que veinte años, no es nada
    Que febril la mirada
    Errante en las sombras
    Te busca y te nombra
    Vivir
    Con el alma aferrada
    A un dulce recuerdo
    Que lloro, otra vez

    Tienes miedo del encuentro
    Con el pasado que vuelve
    A enfrentarse con tu vida

    Tienes miedo de las noches
    Que pobladas de recuerdos
    Encadenen tu soñar

  30. Orlando 9 December 2020 at 1:20 pm Permalink

    Copio.

    Nunca van a tener demasiados casos: usan la hidroxicloroquina.

    ????
    ?Serio?

    Julian. Mira que lo tuyo son las matemáticas.

  31. manuel 9 December 2020 at 1:24 pm Permalink

    No era una sala psiquiátrica cualquiera aquella del Hospital Psiquiátrico de La Habana, más conocido como Mazorra, sino un espacio cerrado con muros y barrotes a donde llevaban a los reclusos con problemas mentales de todo el país. Esa convivencia con tantas personas desquiciadas, convictas por asesinatos, violaciones y otras barbaridades sin que ninguna autoridad se atreviese a entrar allí, era lo que hacía de la Sala Carbó Serviá un verdadero infierno. Un par de veces me sacaron para hacerme algunos test mentales y el diagnóstico fue “trastorno de la personalidad”, nada grave, por lo que a los diez días fui enviado a la fortaleza de La Cabaña.

    La Cabaña era entonces una prisión de tránsito, donde los presos nuevos esperaban ser llevados ante un tribunal. Pero en mi caso no esperaron al juicio. Al poco tiempo trasladaron a once presos considerados como los más bravos por sus protestas y huelgas de hambre. Yo, que jamás había protestado ni había ayunado un solo día, era uno de ellos. Ninguno de los otros diez podía entender por qué yo había sido incluido en ese grupo. Nos llevaron a la prisión Combinado del Este, pero no a una celda normal o a una galera cualquiera con los demás presos políticos, sino incomunicados en un área especial.

    El recibimiento no fue nada agradable. Una columna de guardias nos esperaba a la entrada de una edificación de una sola planta para desnudarnos y escoltarnos hasta cada una de nuestras respectivas celdas a donde sólo nos permitían llevar nuestra ropa interior y una toalla. El Destacamento 47, con 99 celdas tapiadas, sin camas y sólo una llave de agua y un agujero para las necesidades, era el lugar a donde llevaban a los condenados a muerte y a reos muy peligrosos que no podían convivir con otros sin riesgo de “hechos de sangre”. Algunos llevaban allí dos o tres años en total aislamiento. Cuatro rejas había que abrir para llegar al interior de una de esas celdas sin contar las puertas de madera que a lo largo de los tres pasillos ocultaban a la vista de quienes los caminaran, los calabozos tapiados con planchas de hierro. Como era un edificio rectangular, a diferencia de los demás edificios en forma de U, uno de los once, Jacinto Fernández, que en otro tiempo había sido fundador de lo que entonces fue el DIER, antecedente de Seguridad del Estado, lo calificó como “Rectángulo de la Muerte”, nombre con el que se conocería luego en las denuncias internacionales.

    Aquellos cubanos que jamás hayan estado internados en una prisión de su país desconocen una arista muy importante de su realidad social. Aunque existen, como en todas partes, personas honradas y sensibles entre oficiales y carceleros, había también personas corruptas y abusivas, solo que por las características particulares de una prisión, el abuso de poder es más marcado y frecuente. Sin embargo, el Destacamento 47 parecía reservado exclusivamente para ser custodiado por el segundo tipo de hombres, y en general, en cualquier lugar de la prisión donde se realizaran aquellos actos vergonzosos, como golpizas, por ejemplo, daba la impresión de que eran conocidos y tolerados desde los altos mandos. El gobierno cubano siempre negaría la existencia de violaciones de derechos humanos en sus cárceles, y ni siquiera reconocería que habían existido cuando años después procesara y condenara a varios altos oficiales en el famoso caso del 89, la mayoría de los cuales se sabía, habían sido responsables indirectos de muchos de aquellos actos, como si no fuera lógico que al aceptar de hecho que aquellos oficiales, habiendo practicado la corrupción y el abuso de poder mientras gozaban de tanta autoridad en el Ministerio del Interior y en particular en Cárceles y Prisiones, no se reconociera también la posibilidad de que aquellas violaciones se hubiesen cometido. En el Destacamento 47 era raro el día que no escucháramos personas corriendo por los pasillos, los gritos, los sonidos de los golpes y los lamentos de las víctimas. Por muchos años, ya en libertad, cualquier carrera estrepitosa que escuchara por algún pasillo cercano, me sobresaltaba y me alteraba. Debo reconocer, no obstante, que en mi caso particular, durante mis años en el Combinado del Este jamás me pusieron una mano encima, ni siquiera en la época en que se conocía de mis actividades sistemáticas de denunciar aquellos hechos. Hubo siempre un trato mutuo de respeto entre mis carceleros y yo.

    A los 21 días de incomunicación nos entregaron algunas de nuestras pertenencias, como libros, cuadernos y plumas y nos juntaron de dos en dos en cada celda. Me tocó por compañero Jacinto Fernández, acusado de espía por sacar información de violaciones de derechos humanos por vía diplomática. El 25 de diciembre me llevaron en un carro jaula al tribunal para juicio y pude ver por primera vez a mi esposa, aunque desde lejos. Me acusaban de “revisionista de izquierda”, se leyeron algunos fragmentos para demostrarlo y sugirieron que yo estaba sembrado el veneno en mis alumnos con mis ideas. Luego me llevarían la sentencia a mi celda. Se me condenaba a ocho años de cárcel por propaganda enemiga, “y en cuanto a sus obras, destrúyanse mediante el fuego”.

    ¿Por qué tanto ensañamiento? ¿Por qué se me aislaba sin explicarme nunca la razón y se ordenaba quemar todas mis obras? El manuscrito no había sido distribuido por las calles; una copia enviada al extranjero cuando consideré inminente mi detención, nunca fue publicada, ni antes de ser arrestado, ni mientras estuve en prisión; y el original fue encontrado en una gaveta de mi escritorio. ¿Dónde estaba, pues, la propaganda enemiga por la que era juzgado? La razón sólo podía ser una: Hasta entonces la dirigencia cubana podía enfrentar cualquier crítica de “derecha” e incluso de izquierda, siempre que se fundamentara en presupuestos sociológicos tradicionales. Para esa dirigencia bastaba simplemente con oponerles una lógica diferente, ajena por completo a los parámetros “burgueses”. Pero no le era fácil contrarrestar una crítica basada en su propia lógica y que por tanto estremecía desde la misma ideología marxista los cimientos argumentales de la lealtad al oficialismo entre sus propias filas. El libro, por tanto, no se había escrito para ser leído en el exterior por personas con una formación cultural totalmente ajena a esa realidad, sino dentro del país, por militantes del partido y de la Juventud Comunista, por académicos oficialistas, por militares y dirigentes de organizaciones progubernamentales. Se trataba, en pocas palabras, del primer trabajo crítico del sistema estatal centralizado de la nueva Cuba desde una óptica marxista, donde se demostraba el surgimiento de una nueva clase social dominante a partir de la definición leninista y donde se ponía de manifiesto que en el nuevo sistema la ley económica era la apropiación, por parte de los burócratas designados desde las altas instancias, de parte del plusproducto para ser intercambiada mediante el trueque tácito. Con palabras más llanas, “te resuelvo hoy para que tú me resuelvas mañana”. En conclusión, se demostraba que el modelo establecido en Cuba nada tenía que ver con socialismo ni con marxismo.

    Un día logró llegar hasta muy cerca de mi celda un preso que decía haber oído de mí y quería conocerme. Su nombre era Elizardo Sánchez Santa Cruz. Había sido profesor de la Universidad de La Habana pero había sido cesanteado bajo acusaciones de inclinaciones sinoístas. Luego, aquella noche, hablamos de celda a celda, casi a gritos y según dijo iba a ser trasladado a la prisión de Boniato en Santiago de Cuba. Me pareció un hombre inteligente y de elevada cultura política. A la mañana siguiente ya no estaba allí.

    Un día nos mandaron a salir con nuestras pertenencias y nos enviaron a las galeras de presos políticos. Habíamos permanecido en el Destacamento 47 un año y veinte días. Sólo uno de los once permaneció allí, Jacinto.

    Unido a los demás presos de lo que se conocía como “nuevo presidio político” -el que había surgido con posterioridad al indulto del 78-, comencé a realizar varias actividades: impartiendo clases a los menos instruidos, asistiéndolos como auxiliar de enfermero y participando en un taller literario. El sistema penitenciario permitía la visita de instructores literarios que organizaban concursos. Un cuento mío resultó ganador frente a otros competidores del Combinado del Este. Supuestamente debían llevarme a la Prisión Occidental de Mujeres para competir a nivel nacional, pero Seguridad vetó mi participación a pesar de que el cuento nada tenía que ver con política.

    Se ha propagado la creencia de que el movimiento de los derechos humanos en Cuba nació por los años 70 tras la liberación de los condenados en la llamada causa de la Microfracción, principalmente de ex militantes del Partido Socialista Popular. Pero independientemente de esos posibles antecedentes, el movimiento surge realmente, ya organizado, en octubre de 1983 en la propia prisión del Combinado. Un día de ese mes fue llevado al piso que ocupaban los presos por motivos políticos, uno de aquellos microfraccionarios, Ricardo Bofill, recientemente encarcelado en su tercera causa, esta vez por enviar misivas de denuncias a organismos internacionales. Los firmaba a título personal con su propio nombre y me decía que lo seguiría haciendo desde la cárcel de ese modo, a diferencia de lo que hasta entonces se hacía en el presidio de usar sólo seudónimos para evitar la represión. Bofill consideraba que era indispensable dar la cara para que los documentos tuvieran credibilidad. Aunque decirme aquellas cosas parecía como una invitación, porque decía tener contactos para sacar los escritos de la prisión y luego enviarlos al extranjero, no me decidí en los primeros momentos. Pero en mi conciencia me pesaba la suerte del compañero que había dejado atrás en el Destacamento 47 en pésimas condiciones sin que yo hiciera nada por su suerte. Por eso, finalmente, acepté sus servicios. No sólo me ofreció sus contactos, sino que incluso se dispuso a redactar conmigo la denuncia. Al finalizar la carta dirigida a la opinión pública internacional, firmamos los dos con nuestros nombres e inmediatamente después, para mi sorpresa, escribió debajo estas palabras: “Comité Cubano Pro Derechos Humanos”, y agregó, al lado de su nombre y el mío, los títulos respectivos de “presidente” y “vicepresidente”.

    No le di importancia a aquello, no anoté la fecha como un día memorable. Para mí era sólo un acto humanitario que hacía por un amigo. Pero sin saberlo, aquel documento fue noticia en muchos medios: un grupo de derechos humanos había nacido por primera vez en Cuba.

    [1]Frederic Hegel: Filosofía del Derecho.

    *El autor es un profesor marxista cubano

  32. Orlando 9 December 2020 at 1:34 pm Permalink

    Cada vez que dan el parte diario de Covid-19 repiten la frase Cuba reporta. Lo mismo hacen cuando responden airadamente a cualquier cuestionamiento,
    “Cuba..

    Quieren crear un reflejo condicionado.

    Cómo si ese gobierno fuera eterno, como cree Edu y como si ellos y la nación fueran la misma cosa.

    A mí, no me importa si muero y no veo un buen desenlace. Para mí, es obvio que perdieron la guerra, aunque aún puedan ganar algunas escaramuzas.

  33. manuel 9 December 2020 at 1:45 pm Permalink

    los cubanos de cuba a los de afuera: “¡somos felices aqui! …imaginense allá”

  34. manuel 9 December 2020 at 1:46 pm Permalink

    los cubanos de cuba a los de fuera: “¡somos felices aqui! …imaginense allá”

  35. Orlando 9 December 2020 at 1:49 pm Permalink

    El mérito de la Joven Cuba.

    No es tarea fácil contrarrestar la crítica basada en una lógica implacable mucho menos porque usa la ideología marxista como argumento.

    La estrategia, por tanto, es mantenerlos silenciados. Los atacan en Cubadebate sin mencionar al Blog ni el nombre de sus integrantes…Y luego, ahí van los cibercombatientes o ciberclarias a acusarlos de esto y aquello. Yo pido para todos ellos, jajaja, en broma por supuesto: Paredón, paredón.

  36. manuel 9 December 2020 at 1:57 pm Permalink

    “El pueblo de Cuba sabe que el gobierno revolucionario no es comunista”.

    Lo dijo nada menos que Fidel Castro Ruz el 19 de abril de 1959, cuando la Revolución Cubana apenas daba sus primeros pasos.

    “Nuestra Revolución es tan cubana como nuestras palmas. (…) Y toda esta campaña de `comunista`, campaña falsa, campaña canallesca, que ni nos preocupa, ni nos asusta”, remató Castro en un discurso realizado en Washington D.C., donde se encontraba de visita oficial.

    • manuel 9 December 2020 at 1:59 pm Permalink

      En “La historia me absolverá”, el alegato del joven Castro posterior al fallido asalto al Cuartel Moncada, el 26 de julio 1953, no se mencionan una sola vez las palabras socialismo, comunismo, marxismo o leninismo.

      Fidel en cambio hace una vehemente defensa de la necesidad de una reforma agraria y el nacionalismo cubano.

      Muere Fidel Castro: la coincidencia de la muerte del líder cubano con el 60º aniversario de la partida del barco revolucionario Granma hacia Cuba
      Varios autores señalan que fue recién después de su salida de prisión, en 1955 gracias a una amnistía general en la isla, que Castro se aproximó a los textos clásicos del marxismo.

      Ya en México, en 1956, mientras organizaba a su ejército guerrillero conocería a otro hombre que quedaría en lo más alto de la iconografía socialista latinoamericana: Ernesto “Che” Guevara.

      Castro le diría a Frei Betto que, mientras estudiaba Derecho en la Universidad de La Habana, fue cuando se empapó de las ideas de Carlos Marx, Federico Engels y Vladimir Ilich Uliánov, también conocido como Lenin, entre otros pensadores revolucionarios.

      Sin embargo aquello no se vio reflejado en ninguno de sus discursos y escritos antes y durante la campaña de la Sierra Maestra.

    • manuel 9 December 2020 at 2:01 pm Permalink

      Fidel, que originalmente era considerado por los comunistas del occidente como un “aventurero pequeñoburgués”, se convertiría en el primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC) en 1965 y mantendría ese puesto hasta 2011.

      La Constitución castrista de 1976 declararía al PCC como la “fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”, es decir el partido único de la isla, y decretaría el carácter “irrevocable” del socialismo cubano.

      Con esas premisas ideológicas es que Cuba llegó a ser admirada y condenada en el mundo entero.

      Defendida por sus enormes logros sociales, pero rechazada al mismo tiempo por su modelo político unipartidista, los cientos de miles de exiliados y sus presos políticos.

      Así fue como Fidel y la isla iniciaron una de las empresas más polémicas y debatidas de los últimos tiempos.

      Un emprendimiento sobre el que se seguirá discutiendo apasionadamente durante décadas, una aventura llamada Cuba socialista.

  37. manuel 9 December 2020 at 2:05 pm Permalink

    El columnista británico de The Guardian, Paul Mason, declaraba recientemente que la revolución soviética proporcionó “un faro para el resto de la humanidad, sin que importe lo poco que duró”. The New York Times ha exaltado el golpe soviético en una serie de artículos sobre el “siglo rojo”, incluso afirmando que “las mujeres tenían mejor sexo bajo el comunismo” (basándose en buena parte en una sola comparación de cuentas dudosas de orgasmos de las mujeres alemanas del este y el oeste).

    El artículo del Profesor Hunt Tooley del 1 de noviembre sobre “El gran experimento bolchevique: 100 años después” expresaba con viveza los asombrosos peajes mortales que produjo el comunismo en Rusia y otros lugares. Se dice que Stalin decía que una muerte es una tragedia y un millón de muertes una estadística.

    El peaje mortal del comunismo no expresa todo su horror, la degradación que sufrían sus víctimas. A mediados de la década de 1980 había multitud de apologistas soviéticos escribiendo en los medios de comunicación occidentales. Prácticamente cualquier reforma del bloque soviético se calificaba como el punto de inflexión para un progreso económico sostenido. Me desconcertaba que personas viviendo en libertad idealizaran un sistema de esclavitud estatal.

    En 1986 y 1987 pasé detrás del telón de acero media docena de veces para estudiar la perversidad económica y la esclavitud política, escribiendo artículos para el New York Times, Wall Street Journal Europe, Freeman, Journal of Economic Growth y otras publicaciones. Mi último viaje (en noviembre de 1987) empezó en Budapest, Hungría, antes de dirigirme al régimen más represivo en Europa.

    El tren de Budapest a Bucarest, Rumania, se llamaba el Orient Express. El Orient Express original de la década de 1880 conectaba París con Constantinopla. El menú del primer viaje del tren incluía ostras, sopa con pasta italiana, rodaballo con salsa verde, pollo ‘à la chasseur’, filete de ternera con patatas ‘château’, ‘chaud-froid’ de gamo, pudín de chocolate y bufet de postres. En la versión comunista del Orient Express no había comida en el tren en Rumanía, aunque podía haber habido disponibles unos pocos bocados en Hungría.

    Tenía un compartimento para mí mientras el tren viajaba hacia el sudeste desde Budapest. Me habían dicho que si los guardias fronterizos encontraban un mapa de Rumanía o cualquier otro papel dudoso sería arrestado o me denegarían la entrada. Por la noche, acercándonos a la frontera rumana, estudié los documentos una vez más, guardando en mi cabeza las cosas que debía buscar y luego los rompí y los tiré por la ventana del tren, pieza por pieza.

    Poco después de medianoche, el tren disminuyó de velocidad para pararse en Transilvania, en la frontera entre Hungría y Rumanía. La escena tenía el ambiente de la película original de Drácula de 1931. No oí lobos aullando, pero el terreno montañoso, la niebla baja y los guardias militares con perros pastores alemanes rodeando incansablemente el tren bastaba.

    Mi compartimento fue revisado cuatro veces, con cada equipo superando a sus predecesores. Los colchones de las literas fueron sacudidos y prácticamente cada centímetro cúbico despacio fue apretado o pinchado.

    La inspección final fue supervisada por una bella (para los estándares comunistas) oficial militar. Tal vez las autoridades pensaron que confesaría mi perfidia a alguien un género distinto. No: yo era solo otro turista que iba al “París de la Europa del este”, como presumía Bucarest en los tiempos precomunistas. Excepto que allí no había casi ningún turista en un país renombrado como “la Etiopía de Europa”. Entré en Rumanía ilegalmente, usando una visa de turista fácilmente adquirida en lugar de pasar por la dificultad de obtener una visa de periodista (que también habría asegurado un mayor acoso).

    Después de la inspección final, los guardias cerraron mi compartimento desde el exterior. El tren pseudolujoso se había transformado oficialmente en una cárcel viajera. Mi pasaporte estadounidense me había hecho ganarme de nuevo un tratamiento especial. Me recliné y recordé mi suerte. En Europa Occidental, cobran el doble por un compartimento privado.

    El Orient Express ya no era un expreso después de entrar en Rumanía, tardando trece horas en recorrer 600 kilómetros y llegar con mucho retraso.

    En todas partes había señales de un temor creciente del gobierno ante su pueblo. A lo largo de Transilvania, las torres de radio estaban rodeadas por guardias militares y alambre de espino. El tren se detuvo en Brasov, una ciudad medieval que había sido brevemente renombrada como ciudad Stalin, hasta que se enfriaron las relaciones con Moscú. Poco antes de pasar por ella, miles de trabajadores habían respondido a los recortes salariales saqueando las oficinas del partido comunista y matando a dos milicianos del gobierno.

    Había carros tirados por caballos junto a fábricas humeantes y enormes complejos de viviendas. Mucha gente había abandonado sus vehículos ruinosos después de que el gobierno hubiera prohibido esporádicamente la venta de gasolina para vehículos privados.

    En torno a las nueve de la siguiente mañana, tocaron a la puerta de mi compartimento, como si alguien estuviera mandando un mensaje secreto.

    Oí a alguien luchando con aquella cerradura y luego la puerta se abrió y entraron media docena de trabajadores de fabrica rumanos mal vestidos. Habían oído que había un extranjero confinado en el tren. Me miraban como si fuera un extraterrestre. Dos trabajadores se inclinaron y tocaron mis botas de cuero, con los ojos abiertos de asombro. Las botas de cuero se habían convertido allí aparentemente en el mismo lujo que los abrigos largos de visón en América. Aun así, en la era precomunista, probablemente las botas de cuero eran algo común para trabajadores de fábricas y granjas. Nos comunicamos con gesto sencillos, ya que yo no hablaba rumano y ellos no hablaban inglés. Parecían estar llenos de buena voluntad, pero se desvanecieron después unos pocos minutos, tal vez por miedo a ser vistos con un extranjero.

    Probablemente los trabajadores no eran fans del dictador comunista Nicole Ceausescu, que parecía estar decidido a matar de hambre al pueblo para que se sometiera. Aunque Rumanía había sido uno de los principales exportadores de grano del mundo antes de la Primera Guerra Mundial, la comida se había hecho tan rara como las estadísticas de economistas honrados.

    Los niños no podían conseguir leche sin la receta de un doctor. Estaba prohibido a los extranjeros enviar comida a los rumanos. El gobierno respondía a las escaseces de alimentos con una campaña pública sobre el peligro de comer en exceso. El gobierno también revolucionó la publicidad en las naciones occidentales presumiendo de las “mundialmente famosas” clínicas de adelgazamiento de Rumanía. La escasez de comida se hizo tan grave que el león del zoo de Bucarest se convirtió en un vegetariano involuntario y como consecuencia perdió sus clientes.

    Los comunistas destruyeron cientos de kilómetros cuadrados de terreno cultivable de primera categoría para erigir fábricas y abrir pozos mineros. Cientos de pueblos fueron arrasados y los residentes agrupados en ciudades y obligados a trabajar en fábricas. El gobierno puso casi todas sus inversiones en la industria pesada, la fuente última de presunción para los líderes comunistas. Pero aproximadamente la mitad de la producción de Rumanía era tan mala que estaba lista para el montón de basura momentos después de que salía de la línea de producción. La industria rumana era asimismo extremadamente ineficiente, consumiendo hasta cinco veces más energía por unidad de producción que las fábricas occidentales. El gobierno lo compensaba cortando la electricidad de las casas de la gente hasta seis horas durante el invierno y permitiendo solo una bombilla de 25W por habitación.

    El sistema sanitario se estaba desmoronando y la tasa de mortalidad infantil era tan alta que el gobierno rechazaba registrar a los niños como nacidos hasta que sobrevivieran al primer mes. El gobierno también cortaba habitualmente la electricidad a los hospitales, causando mil muertes en el invierno anterior.

    Aun así, algunos expertos occidentales alababan a Ceausescu como un visionario innovador. Un informe del Banco Mundial de 1979, “Importance of Centralized Economic Control”, alababa el régimen rumano por impulsar “políticas para un mejor uso de la población como factor de producción” [cursivas añadidas] al “estimular un aumento en la tasa de natalidad”.

    ¿Y cómo hizo este el benevolente gobernante? Prohibiendo la distribución de contraceptivos y prohibiendo los abortos. Como el Plan reclamaba tasas superiores de natalidad, todas las mujeres perdían el derecho a controlar su cuerpo o vida. Ceausescu proclamaba en 1985: “El feto es la propiedad socialista de toda la sociedad (…) Quienes rechacen tener hijos son desertoras”. El gobierno obligaba a todas las mujeres entre 18 y 40 años a pasar un examen ginecológico mensual para asegurarse de que nadie robaba al estado teniendo un aborto secreto. Estas políticas convirtieron a Rumanía en la capital mundial de los bebés abandonados.

    Llegando finalmente a Bucarest, supe que el Hotel Intercontinental era el único lugar en que se permitía estar a los occidentales. Después de registrarme, una treintañera corpulenta con los ojos mal pintados se me acerco contoneándose. Preguntó con voz grave, de tres paquetes de tabaco diarios:

    —¿Te gustaría tener alguna compañía?

    —¿Qué?

    —¿Querrías algo de compañía… en tu habitación? —Sonrió y apuntó a lo alto de las escaleras.

    —Um… no, estoy bien.

    —¿Por qué estás en Bucarest?

    —Soy un turista.

    —Pero hace frío ahí fuera. Quedémonos dentro. ¿No estás solo?

    Hay varias razones por las que puse reparos, incluyendo mi regla estricta de no enredarme con ninguna mujer que tenga un bigote más grande que el mío.

    Se sabía que el gobierno rumano usaba agentes de inteligencia como prostitutas. En lugar de una simple puta honrada, era probablemente una puta-espía. Viendo lo mal que funcionaba todo lo demás en ese país, no sentí la tentación de aprender el estándar rumano para “suficientemente bueno para un trabajo obsceno del gobierno”.

    Entré en mi habitación que parecía diseñada para su vigilancia. Había “espacio muerto” y puertas sin número entre cada habitación de huéspedes. Puse la televisión y vi coros de campesinos y trabajadores con monos agitando sin fuerza banderas y cantando alabanzas a Ceausescu, el autoproclamado “genio de los Cárpatos”, mientras la cámara se acercaba en busca de primeros planos de la cara del gran hombre.

    Fascinante, pero el argumento era bastante malo, así que busqué diversión en otro lugar.

    Cuando visito una ciudad nueva, me encanta pasar horas andando por ahí y toma el pulso al entorno. Me detuve y pedí al conserje un mapa de calles del centro de Bucarest. Pensaba que tendría una guía de los grandes triunfos de ceausescuismo dentro de un radio de ocho manzanas del cuartel general del Partido Comunista.

    El conserje gesticuló incluso antes de que empezara a hablar. Este tipo de piel gris y ojos pequeños y brillantes había sido contratado para este trabajo porque exudaba naturalmente odio por la humanidad.

    —¿Para qué necesita un mapa?

    —Porque quiero ver los monumentos de la ciudad.

    —No tengo mapas. Si hay algún sitio al que quiera ir, dígame cuál es y le diré cómo llegar allí.

    —¿Dónde está la parte vieja de la ciudad? —pregunté, sabiendo que la mayoría de ellas se había arrasado para hacer espacio a los monolitos más feos del “realismo socialista” fuera de Pyongyang.

    El conserje frunció el ceño y musitó o algo, tal vez un insulto rumano para extranjeros fastidiosos. Me dio la sensación de que este tipo no se ganaba la vida con las propinas.

    En la calle, mucha gente apartaba rápidamente sus ojos, como si mirar a extranjeros causara lepra. Había oído que era un delito para los humanos hablar con desconocidos, pero unas pocas personas reunieron una mezcolanza de frases en inglés para pedir un paquete de cigarrillos Kent y así sobornar a los doctores para que atendieran a sus hijos enfermos. Como la divisa rumana prácticamente no valía nada, los paquetes de Kent circulaban como moneda del mercado negro. Había comprado un par de cartones de Kent antes de ir a Rumanía y di paquetes a unos pocos que hablaron conmigo.

    Me detuve en los mayores grandes almacenes de Bucarest: eran oscuros, fríos, húmedos y miserables. Los vendedores se sentaban en pilas de ropa nueva tirada por el suelo. Mientras que los trabajadores en Hungría holgazaneaban alrededor, los trabajadores rumanos parecían atontados. Una de las principales atracciones del almacén eran unos carritos de bebé increíblemente desvencijados, del tipo de los que usarías si quisieras matar a tu hijo y demandar alguien para dejarlo sin nada. Excepto que este gobierno nunca tuvo ninguna responsabilidad ante sus víctimas, sin que importara cuantos perecieran por sus productos o políticas.

    Pasé por delante de la portada clausurada de una iglesia antigua, abandonada en medio de proyectos de construcción que habían destrozado los edificios de los alrededores. Muchos rumanos hacían rápidamente la señal de la cruz mientras pasaban por delante de ella.

    Fuera de la embajada de EEUU había guardias rumanos con subfusiles para disuadir a los locales en busca de asilo. Me dio la sensación de que pasar por ella sería mucho más molesto de lo que valía la pena. (Había sido perseguido por la policía checa después de visitar la embajada de EEUU en Praga ese mismo año).

    Como otros regímenes comunistas, Rumanía era una teocracia económica. El gobierno usaba su puño de hierro para asegurarse de que todo ocurría de acuerdo con el Plan. Por ejemplo, de acuerdo con el plan quinquenal de 1986-90, los científicos rumanos harían 4.015 descubrimientos, de los cuales 2.423 generarían nuevos productos por parte de las empresas rumanas. El Plan no especificaba cómo se azotaría a los científicos y suficientemente creativos.

    Rumanía era uno de los regímenes favoritos del Banco Mundial, recibiendo más de 2.000 millones de dólares entre 1974 y 1982. El Banco Mundial predijo en 1979 que Rumanía “continuará disfrutando de una de las tasas de crecimiento mayores entre los países en desarrolló a lo largo de la siguiente década (…) y se convertirá en una economía industrializada para 1990”. Pero mucho del crecimiento económico aparente de Rumanía era el resultado de la ayuda del Banco Mundial. Cuanto más dinero da el Banco Mundial a un país, más fácil resulta retratar a la nación como una historia de éxito. El presidente del Banco Mundial, Robert McNamara, citaba a Rumanía para reivindicar su “fe en la moralidad financiera de los países socialistas”.

    El banco mundial también alababa el régimen rumano por su capacidad de “movilizar los recursos” requeridos para impulsar el crecimiento económico. En realidad, el gobierno estaba maltratando a sus súbditos para exprimirles “plusvalías” para prodigar fondos en las empresas industriales aprobadas por el Banco Mundial, la misma táctica que usaba Stalin para financiar sus planes quinquenales.

    El gobierno rumano también “movilizaba recursos” empeñando a habitantes de etnia alemana y judía. Alemania Occidental pagaba aproximadamente 20.000$ por cada alemán exportado e Israel una cantidad similar por cada judío rumano liberado. Había acuerdos internacionales prohibiendo el comercio de esclavos en el siglo XIX, pero vender seres humanos en el siglo XX era aceptable si las facturas iban a propósitos progresistas. (Al 80% de los niños rumanos realojados en la Alemania Occidental se los consideró gravemente mal nutridos).

    El Banco Mundial nunca se distanció de Ceausescu. Por el contrario, este dejó de tomar prestado después de que se convenció de que la deuda occidental era una maldición para su país. Defender a Ceausescu no impidió que McNamara fuera nombrado para el consejo de dirección del Washington Post o canonizado como un santo benevolente por los medios de comunicación estadounidenses cuando se fue al otro barrio en 2009.

    Mientras daba vueltas por Bucarest, me di cuenta de que me estaban siguiendo. Aproximadamente uno de cada quince rumanos trabajaba como informador del gobierno. Como sabía que sacar una agenda dispararía las alarmas, me limitaba a tomar notas en la palma de mi mano. Ese comportamiento se veía como simplemente raro, no amenazador. Podía usar palabras para posteriormente tirar de un hilo de hechos y pensamientos.

    Cuando llegué al aeropuerto principal de Bucarest para viajar a Frankfurt, advertí que la mayoría de los viajeros delante de mí estaban dando públicamente un paquete de que Kent en cada uno de los múltiples puntos de control de seguridad. Rápidamente empecé a pasar paquetes de cigarrillos a guardias como una viuda vieja entregando caramelos a los niños en Halloween.

    Vi a uno o dos empresarios alemanes separados para revisiones más disciplinarias y sus ropas estaban desperdigadas por las mesas de los guardias. Mientras pasaba el último punto de control, rece para agradecer haber evitado esos estragos.

    El avión de Lufthansa en la pista era la cosa más bonita que había visto desde que el Orient Express cruzara la frontera rumana. Había un soldado veterano parado sin energía a unos 20 metros del avión. Agarré mi pasaporte y me hizo señas con la mano.

    Ya casi había llegado a la escalerilla del avión cuando oí:

    —¡ALTO!

    Me di la vuelta y vi al guardia corriendo hacia mí, con su subfusil rebotando en su gran barriga.

    Resoplando un poco, llegó hasta mí, tomó mi mano izquierda, tiró de ella hacia atrás y, señalando mi palma, reclamó saber:

    —¿QUÉ ES ESTO?

    Miré mi mano, luego miré al guardia.

    —Es tinta.

    Se paró, bizqueó, sacudió la cabeza inteligentemente y me dirigió al avión.

    Tan pronto como el avión de Lufthansa salió del espacio aéreo rumano, recuperé mi pequeña agenda de su escondite habitual (dentro de mi ropa interior) y empecé a sacar notas de mi palma.

    El mes siguiente, el New York Times publicó mi “Eastern Europe, the New Third World”, que decía que “Europa Oriental está mucho más cerca del colapso económico de lo que piensan muchos occidentales. Después de cientos de supuestas reformas orientadas al mercado, sigue sin haber economías de mercado en Europa Oriental”. El artículo del Readers Digest sobre el mismo tema apareció en diez ediciones en otros idiomas. Estaba tratando de ayudar a que los regímenes del bloque oriental obtuvieran la clasificación de crédito que merecían.

    A lo largo de todo el bloque soviético, los gobiernos trataron de reformar sus economías manteniendo la propiedad pública y el control completo de los precios y la producción, incluso para actividades no socialistas. Era imposible arreglar las economías del bloque oriental sin quitar su poder a los partidos comunistas.

    Por desgracia, al ir pasando décadas desde la caída de la Unión Soviética, el romanticismo está olvidando los amargos hechos de las vidas que se veían forzadas a llevar las personas en los regímenes comunistas. Pero un sistema económico que obligaba a los leones a hacerse vegetarianos no debería olvidarse nunca.

    Author:
    James Bovard

    James Bovard is the author of ten books, including 2012’s Public Policy Hooligan, and 2006’s Attention Deficit Democracy. He has written for the New York Times, Wall Street Journal, Playboy, Washington Post, and many other publications

  38. Manuel 9 December 2020 at 3:26 pm Permalink

    De hombre a mono

    Retrolucion

    anécdota de las personas que en La Habana marcaban para una cola antes de las 5.00 a.m. — violando las normas establecidas — y literalmente se habían subido a los árboles inmediatos a una tienda, para no ser sorprendidas y multadas por la policía

  39. Víctor López 9 December 2020 at 3:43 pm Permalink

    El único que colecciona y publica mierda aquí es usted, Manuel. Cree acaso que alguien va a leer ese mierdero?

    Ojo, y no lo digo para que el boludo de Julián cague su tarde leyéndote toda esa mierda. Saludos.

    • Manuel 9 December 2020 at 4:21 pm Permalink

      Si no lo ha leido como sabe que es un mierdero.

      Hasta para insultar hace falta cerebro

      Boludo

    • Manuel 9 December 2020 at 4:22 pm Permalink

      Si no lo ha leído como sabe que es un mierdero?

      Hasta para insultar hace falta cerebro

      Boludo

      • Víctor López 10 December 2020 at 3:01 am Permalink

        Con ver un montón de mierda ya se sabe que eso es una cloaca ceptica. No hay que revisarla ni hacerle análisis. Si tuviera usted cerebro postearía sus opiniones, no las chácharas de otros. Que se lea toda esa mierda no deja dudas que es un trastornado. Me recuerda a esos argentinos perdedores que pasaban el día entero “estudiando” el diccionario enciclopédico. Botarate.

  40. Manuel 9 December 2020 at 4:12 pm Permalink

    Hungary and Poland have been slowly morphing into one-party states led by right-wing autocrats. Now those two countries are striking back by threatening to block the passage of a vital coronavirus aid package and the EU’s seven-year budget. The stakes couldn’t be higher. The pandemic’s first wave pushed Italy, Spain, and other nations to the brink of economic collapse, and without a bailout, the surging second wave is sure to force those countries over the edge. But Germany, the country that holds the EU presidency and is therefore leading the negotiations, is right to stand firm against Poland and Hungary. The EU is supposed to be “a community of values.” Taxpayers in rich nations such as Germany and the Netherlands are happy to support their poorer neighbors, but they don’t want their money going to authoritarian governments. Berlin needs to make Warsaw and Budapest see reason. “Bowing to the two blackmailers to avoid budget delays is not an option.”

  41. Manuel 9 December 2020 at 4:21 pm Permalink

    With “the most loyal base in modern history,” he just commandeered an army of 74 million voters to beat back a threatened blue wave. “No sane Republican would challenge him.” Even if he doesn’t run, Trump could establish himself as “a kingmaker of sorts,” said Peter Nicholas in TheAtlantic.com. “He’s formed an emotional bond with his base that isn’t about to vanish,” and will still be seen as “the party’s de facto leader” by candidates who’ll “trek to Mar-a-Lago for endorsements and position themselves as heirs to the movement he rode to power.”
    Don’t be so certain of that, said Jack Shafer in Politico.com. Once deprived of the White House bully pulpit, Trump can “no longer count on making a splash” every time he blasts out an angry tweet or insults a rival. And as the former reality-TV star knows better than anyone, audiences “are fickle and crave novelty.” As the media’s focus shifts to the Biden presidency and the raft of troubles facing the nation, “with each passing day he will become less and less relevant.” For a cautionary tale, consider Sarah Palin, said Jonathan Bernstein in Bloomberg.com. After losing her vice presidential bid alongside John McCain in 2008, she tried to leverage her passionate populist support into a media career. Three years later, “she was a washed-up reality-TV star.”
    Even if Trump doesn’t endure, “Trumpism will live on,” said Kevin Williamson in The Washington Post. He’s galvanized voters with “a politics of blame” that’s less a governing philosophy than it is “an enemies list” made up of “political, corporate, and media elites.” Now that he’s “whetted many Americans’ appetite for an angry politics of cathartic confrontation,” that “genie is not going back into the bottle easily.” Democrats should be alarmed at the prospect of a Trumpian populist movement led “not by a fading cartoon” but by a “smart, disciplined” professional politician like Sens. Ted Cruz, Tom Cotton, and Rick Scott and South Dakota Gov. Kristi Noem. Sorry, but no professional politician will succeed at Trumpism, said Virginia Postrel in Bloomberg.com. A natural showman, Trump offers his disciples “emotional release” by shamelessly thumbing his nose at propriety and scorning bourgeois virtues. He’s pure id. That’s his core appeal. Trumpism without Trump “is like chocolate chip ice cream” without its “defining ingredient.” In other words, “plain vanilla.”

  42. Orlando 9 December 2020 at 8:08 pm Permalink

    Escuché el audio.

    Un detalle. Quien dijo que el que no vote no come fue Cabello, no Maduro.

  43. Humberto Mondejar Gonzalez 9 December 2020 at 11:30 pm Permalink

    Los demócratas jamás haran nada contra los castros; porque para ellos hay dictadores bueno y dictadores malos.
    ………
    Decomisan casa a residente en EE.UU. tras acusación por descarrilar un tren en Cuba.
    https://www.cibercuba.com/noticias/2020-12-09-u192519-e192519-s27061-decomisan-habana-propiedades-residente-eeuu-acusado

    ………….
    Ese senor no tiene nada que ver con ese hecho.
    Los jefecitos locales, que quieren lucir listos; estan trolleado a sus jefes de Villa Marista…
    …………….
    El tren no fue descarrilado, simplemente se le cambió el rumbo para que en vez de ir para los Hoteles de los negreros españoles de Melia, IberoStar, Barceló que financian la patrulla, la gasolina, la tonfa, al sicario, sus abusos, la represión, los encarcelamientos, las torturas, los asesinatos,… fuera para las tiendas de los cubanos de apie; como exige la C-40:
    ………….
    Art. 19- Los extranjeros residentes en el territorio de la República se equiparan a los cubanos.
    a) En cuanto a la protección de su persona y bienes.
    b) En cuanto al goce de los derechos reconocidos en esta Constitución, con excepción de los que se otorgan exclusivamente a los nacionales.
    ……..
    Art. 272- El dominio y posesión de bienes inmuebles y la explotación de empresas o negocios agrícolas, industrial, comerciales, bancarios y de cualquier otra índole por extranjeros radicados en Cuba que realicen sus operaciones aunque radiquen fuera de ella, están sujetos de un modo obligatorio a las mismas condiciones que establezca la Ley para los nacionales, las cuales deberán responder, en todo caso, al interés económico social de la Nación.
    …….
    Art. 9– Todo cubano está obligado:
    a) A servir con las armas a la patria en los casos y en la forma que establezca la ley.
    ……
    Escándalo, escándalo, terrorismo, terrorismo,… la ley soberana de Cuba; que no es otra que la C-40 dice:
    Art. 40– Las disposiciones legales, gubernativas o de cualquier otro orden que regulen el ejercicio de los derechos que esta Constitución garantiza, serán nulas si los disminuyen, restringen o adulteran.
    Es legítima la resistencia adecuada para la protección de los derechos individuales garantizados anteriormente.

  44. Víctor López 10 December 2020 at 4:06 am Permalink

    “Escándalo, escándalo, terrorismo, terrorismo,… la ley soberana de Cuba; que no es otra que la C-40 dice:”

    …dejá de hablar al pedo, Mondejar.

  45. Víctor López 10 December 2020 at 4:12 am Permalink

    “La fiscal general de Florida firmó un escrito en el que insta al Supremo a escuchar la demanda interpuesta contra Georgia, Michigan, Pensilvania y Wisconsin”

    • Julian Perez 10 December 2020 at 8:00 am Permalink

      Es la demanda iniciada por Texas, a la que se han sumado otros estados, entre ellos Florida. Es una jugada muy inteligente. Al ser una demanda entre estados, le dan jurisdicción al tribunal supremo. Y, al basarse en la violación de leyes electorales, no se necesita probar que hubo fraude.

      • Julian Perez 10 December 2020 at 8:04 am Permalink

        Un resumen de los puntos de la demanda:

        https://www.americanthinker.com/articles/2020/12/a_summary_of_texas_election_lawsuit_.html

        • Víctor López 10 December 2020 at 9:08 am Permalink

          Es doblemente inteligente porque de certificarse el fraude exigiría de oficio a las fiscalías actuar contra los perpetradores, y en ese saco entran desde el presidente y vice “electos”, pasando por Obama, hasta los que metieron manos en las urnas. La posibilidad de salvar el pellejo hace a los demócratas menos combativos. Muchos preferirán una continuidad en la que disfrutan de comodidad y privilegio a terminar en el banquillo de acusado.

          Lo imprevisible es qué saldrá a la luz en el camino, y eso puede traerse un terremoto político. Saludos.

  46. Manuel 10 December 2020 at 6:43 am Permalink

    If you haven’t read it in what possible way you know it’s a shitty?

    Even insulting takes brains

    Idiot

  47. Manuel 10 December 2020 at 6:44 am Permalink

    The Guardian’s British columnist, Paul Mason, recently stated that the Soviet revolution provided “a beacon for the rest of humanity, no matter how little it lasted.” The New York Times has exalted the Soviet coup in a series of articles about the “red century,” even stating that “women had better sex under communism” (based largely on a single comparison of dubious accounts of orgasms from German women in the east and west).

    Professor Hunt Tooley’s November 1 article on “The Great Bolshevik Experiment: 100 Years Later” vividly expressed the astonishing fatal tolls of communism in Russia and elsewhere. Stalin is said to have said that a death is a tragedy and a million deaths is a statistic.

    The deadly toll of communism does not express all its horror, the degradation suffered by its victims. In the mid-1980s there were many Soviet apologists writing in western media. Virtually any reform of the Soviet bloc was described as the turning point for sustained economic progress. I was baffled that people living in freedom idealized a system of state slavery.

    In 1986 and 1987 I went behind the iron curtain half a dozen times to study economic perversity and political slavery, writing articles for the New York Times, Wall Street Journal Europe, Freeman, Journal of Economic Growth and other publications. My last trip (in November 1987) began in Budapest, Hungary, before heading to the most repressive regime in Europe.

    The train from Budapest to Bucharest, Romania, was called the Orient Express. The original Orient Express of the 1880s connected Paris with Constantinople. The menu of the first trip of the train included oysters, soup with Italian pasta, turbot with green sauce, chicken ‘A la chasseur’, beef fillet with potatoes ‘chéteau’, ‘chaud-froid’ de gamo, chocolate pudding and dessert buffet. In the communist version of the Orient Express there was no food on the train in Romania, although a few bites could have been available in Hungary.

    It had a compartment for me as the train traveled southeast from Budapest. I had been told that if border guards found a map of Romania or any other dubious role, I would be arrested or denied entry. At night, approaching the Romanian border, I studied the documents once again, keeping in my head the things I had to look for and then I broke them and threw them out the train window, piece by piece.

    Shortly after midnight, the train slowed down to stop in Transylvania, on the Border between Hungary and Romania. The scene had the atmosphere of Dracula’s original 1931 film. I didn’t hear wolves howling, but the mountainous terrain, the low fog and the military guards with German shepherd dogs relentlessly surrounding the train were enough.

    My compartment was checked four times, with each team outperforming its predecessors. The mattresses of the bunk beds were shaken and virtually every cubic centimeter slowly was squeezed or punctured.

    The final inspection was overseen by a beautiful (by communist standards) military officer. Maybe the authorities thought I’d confess my perfidy to someone a different genre. No: I was just another tourist who went to the “Paris of Eastern Europe”, as Bucharest boasted in pre-community times. Except there was almost no tourist there in a country renamed “The Ethiopia of Europe”. I entered Romania illegally, using an easily acquired tourist visa rather than going through the difficulty of obtaining a journalist visa (which would also have ensured greater harassment).

    After the final inspection, the guards closed my compartment from the outside. The pseudo-winding train had officially been transformed into a traveling prison. My American passport had earned me special treatment again. I reclined and remembered my luck. In Western Europe, they charge twice as much for a private compartment.

    The Orient Express was no longer an express after entering Romania, taking thirteen hours to travel 600 kilometres and arrive very late.

    Everywhere there were signs of a growing fear of government before his people. Along Transylvania, radio towers were surrounded by military guards and barbed wire. The train stopped in Brasov, a medieval city that had been briefly renamed Stalin City, until relations with Moscow cooled. Shortly before passing through it, thousands of workers had responded to wage cuts by looting communist party offices and killing two government militiamen.

    There were horse-drawn carriages next to smoldering factories and huge housing complexes. Many people had abandoned their ruinous vehicles after the government had sporadically banned the sale of gasoline for private vehicles.

    Around nine o’clock the next morning, they knocked on my compartment door, as if someone were sending a secret message.

    I heard someone struggling with that lock and then the door opened and half a dozen poorly dressed Romanian factory workers came in. They had heard there was a foreigner confined to the train. They looked at me like I was an alien. Two workers bowed and touched my leather boots, their eyes open in amazement. Leather boots had apparently become the same luxury there as long mink coats in America. Still, in the pre-community era, leather boots were probably common for factory and farm workers. We communicated with simple gestures, as I did not speak Romanian and they did not speak English. They seemed to be full of goodwill, but they vanished after a few minutes, perhaps for fear of being seen with a foreigner.

    The workers were probably not fans of communist dictator Nicole Ceausescu, who seemed determined to starve the people to submit. Although Romania had been one of the world’s leading grain exporters before World War I, food had become as rare as the statistics of honest economists.

    Children couldn’t get milk without a doctor’s prescription. Foreigners were prohibited from sending food to Romanians. The government responded to food shortages with a public campaign on the danger of overeating. The government also revolutionized advertising in Western nations by boasting of Romania’s “world-famous” weight-loss clinics. Food shortages became so severe that the lion at Bucharest Zoo became an involuntary vegetarian and as a result lost its customers.

    The Communists destroyed hundreds of square kilometers of world-class arable land to erect factories and open mining wells. Hundreds of villages were razed and residents clustered in cities and forced to work in factories. The government put almost all its investments into heavy industry, the ultimate source of presumption for communist leaders. But about half of Romania’s production was so bad that it was ready for the pile of garbage moments after it left the production line. The Romanian industry was also extremely inefficient, consuming up to five times more energy per unit of production than Western factories. The government compensated by cutting off electricity from people’s homes for up to six hours during the winter and allowing only one 25W bulb per room.

    The health system was falling apart and the infant mortality rate was so high that the government refused to register children as born until they survived the first month. The government also routinely cut off electricity to hospitals, causing a thousand deaths in the previous winter.

    Still, some Western experts praised Ceausescu as an innovative visionary. A 1979 World Bank report, “Importance of Centralized Economic Control,” praised the Romanian regime for pushing “policies for better use of the population as a factor of production” by “encouraging an increase in birth rate”.

    And how did this benevolent ruler do? Prohibiting the distribution of contraceptives and prohibiting abortions. Because the Plan claimed higher birth rates, all women lost the right to control their body or life. Ceausescu proclaimed in 1985: “The fetus is the socialist property of the whole society (…) Those who refuse to have children are deserters.” The government required all women between the age of 18 and 40 to pass a monthly gynecological exam to make sure no one robbed the state of having a secret abortion. These policies made Romania the abandoned baby capital of the world.

    Finally arriving in Bucharest, I knew that the Intercontinental Hotel was the only place where Westerners were allowed to be. After I checked in, a burly thirtysomething with poorly painted eyes approached me with a swaying. He asked in a grave voice, of three packs of tobacco a day:

    “Would you like to have some company?

    “What?

    “Would you like some company… in your room? He smiled and pointed to the top of the stairs.

    “Um… No, I’m fine.

    “Why are you in Bucharest?

    “I’m a tourist.

    “But it’s cold out there. Let’s stay inside. Aren’t you alone?

    There are several reasons why I put up qualms, including my strict rule not to get tangled up with any woman who has a moustache bigger than mine.

    It was known that the Romanian government used intelligence agents as prostitutes. Instead of a simple honest whore, she was probably a whore-spy. Seeing how bad everything else worked in that country, I was not tempted to learn the Romanian standard for “good enough for obscene government work.”

    I walked into my room that looked designed for your surveillance. There was “dead space” and no number doors between each guest room. I put on television and saw choirs of peasants and workers with monkeys waving without force flags and singing praise to Ceausescu, the self-proclaimed “genius of the Carpathians”, as the camera approached in search of close-ups of the great man’s face.

    Fascinating, but the plot was pretty bad, so I looked elsewhere for fun.

    When I visit a new city, I love spending hours walking around and taking the pulse of the environment. I stopped and asked the janitor for a street map of central Bucharest. I thought I’d have a guide to the great triumphs of ceausescuism within an eight-block radius of Communist Party headquarters.

    The janitor gesticulated even before he started talking. This kind of grey skin and small, bright eyes had been hired for this job because it naturally exuded hatred for humanity.

    “Why do you need a map?

    “Because I want to see the monuments of the city.

    “I don’t have maps. If there’s any place you want to go, tell me what it is and I’ll tell you how to get there.

    “Where’s the old part of town? “I asked, knowing that most of them had been razed to make room for the ugliest monoliths of “socialist realism” outside Pyongyang.

    The janitor frowned and mused or something, perhaps a Romanian insult to annoying foreigners. It gave me the feeling that this guy didn’t make a living from tips.

    On the street, many people quickly turned their eyes away, as if watching foreigners cause leprosy. He had heard it was a crime for humans to talk to strangers, but a few people gathered a mix of English phrases to order a pack of Kent cigarettes to bribe doctors to care for their sick children. As the Romanian currency was worth virtually nothing, Kent’s packages circulated as a black market currency. I had bought a couple of Kent tickets before I went to Romania and gave packages to a few who talked to me.

    I stopped at Bucharest’s largest department store: they were dark, cold, wet and miserable. The vendors sat on piles of new clothes lying on the floor. While workers in Hungary loitered around, Romanian workers seemed stunned. One of the main attractions of the warehouse was incredibly unfought-after baby carts, the kind you’d use if you wanted to kill your son and sue someone to leave him with nothing. Except that this government never had any responsibility to its victims, no matter how many perished for its products or policies.

    I passed in front of the closed cover of an old church, abandoned amid construction projects that had destroyed the surrounding buildings. Many Romanians quickly made the sign of the cross as they passed in front of it.

    Outside the US embassy there were Romanian guards with submachine guns to deter locals in search of asylum. It gave me the feeling that going through it would be much more annoying than it was worth. (He had been persecuted by Czech police after visiting the US embassy in Prague that same year.)

    Like other communist regimes, Romania was an economic theocracy. The government used his iron fist to make sure everything happened according to the Plan. For example, according to the 1986-90 five-year plan, Romanian scientists would make 4,015 discoveries, of which 2,423 would generate new products by Romanian companies. The Plan did not specify how scientists would be whipped and creative enough.

    Romania was one of the World Bank’s favourite regimes, receiving more than $2 billion between 1974 and 1982. The World Bank predicted in 1979 that Romania “will continue to enjoy one of the highest growth rates among developing countries over the next decade (…) and will become an industrialized economy by 1990.” But much of Romania’s apparent economic growth was the result of World Bank aid. The more money the World Bank gives a country, the easier it is to portray the nation as a success story. World Bank President Robert McNamara quoted Romania to claim his “faith in the financial morality of socialist countries.”

    The world bank also praised the Romanian regime for its ability to “mobilize the resources” required to boost economic growth. In reality, the government was mistreating its subjects to squeeze “capital gains” from funding industrial companies approved by the World Bank, the same tactic Stalin used to finance his five-year plans.

    The Romanian government also “mobilized resources” by employing ethnic German and Jewish inhabitants. West Germany paid approximately $20,000 for each German exported and Israel a similar amount for each Romanian Jew released. There were international agreements banning the slave trade in the 19th century, but selling human beings in the 20th century was acceptable if bills went for progressive purposes. (80% of Romanian children refocused in West Germany were considered severely ill-nourished).)

    The World Bank never distanced it from Ceausescu. Instead, he stopped borrowing after he became convinced that Western debt was a curse on his country. Defending Ceausescu did not prevent McNamara from being appointed to the Washington Post board of trustees or canonized as a benevolent saint by the U.S. media when he left for the other ward in 2009.

    As I was spinning around Bucharest, I realized I was being followed. Approximately one in fifteen Romanians worked as a government informant. Since I knew that taking out an agenda would trigger the alarms, I just took notes in the palm of my hand. That behavior looked like just weird, not threatening. I could use words to later pull a thread of deeds and thoughts.

    When I arrived at Bucharest’s main airport to travel to Frankfurt, I noticed that most of the travelers in front of me were publicly giving a package that Kent at each of the multiple security checkpoints. I quickly started passing packs of cigarettes to guards like an old widow delivering candy to the kids on Halloween.

    I saw one or two Separate German businessmen for more disciplinary reviews and their clothes were scattered around the guards’ tables. As I passed the last checkpoint, pray for avoiding those havoc.

    Lufthansa’s plane on the runway was the prettiest thing I’d seen since the Orient Express crossed the Romanian border. There was a veteran soldier standing without power about 20 yards from the plane. I grabbed my passport and beckoned with my hand.

    I had almost reached the ladder of the plane when I heard:

    “STOP!

    I turned around and saw the guard running towards me, with his submachine gun bouncing off his big belly.

    Snorting a little, he came up to me, took my left hand, pulled it back and, pointing at my palm, claimed to know:

    “WHAT IS THIS?

    I looked at my hand, then I looked at the guard.

    “It’s ink.

    He stopped, crossed, shook his head intelligently and directed me to the plane.

    As soon as Lufthansa’s plane left Romanian airspace, I retrieved my little schedule from its usual hiding place (inside my underwear) and started pulling notes out of my palm.

    The following month, the New York Times published my “Eastern Europe, the New Third World,” which said that “Eastern Europe is much closer to economic collapse than many Westerners think. After hundreds of so-called market-oriented reforms, there are still no market economies in Eastern Europe.” Readers Digest’s article on the same topic appeared in ten editions in other languages. I was trying to help eastern bloc regimes get the credit rating they deserved.

    Throughout the Soviet bloc, governments s tried to reform their economies by maintaining public ownership and full control of prices and production, even for non-socialist activities. It was impossible to fix the economies of the Eastern Bloc without taking away its power from communist parties.

    Unfortunately, as decades have passed since the fall of the Soviet Union, romanticism is forgetting the bitter facts of lives that people were forced to lead in communist regimes. But an economic system that forced lions to become vegetarians should never be forgotten.

    Author:
    James Bovard

    James Bovard is the author of ten books, including 2012’s Public Policy Hooligan, and 2006’s Attention Deficit Democracy. He has written for the New York Times, Wall Street Journal, Playboy, Washington Post, and many other publications

  48. Orlando 10 December 2020 at 7:30 am Permalink

    No tiene ningun sentido que ese cubano de Miami se haya dedicado a descarrilar un tren.

    Primero, tenía propiedades en la isla. O sea, ningún interés es crear caos.

    Segundo.

    Tendría que ser rematadamente estúpido para provocar un accidente jajaja cerca de su propia casa por dos razones. Una. El riesgo de que su propiedad sufriera daños.
    Otra. Ponerse en evidencia.
    Se informó que los vecinos habían advertido a las autoridades la presencia de obstáculos en la vía férrea y no se ocuparon del asunto.

    • Julian Perez 10 December 2020 at 8:45 am Permalink

      Orlando, no tenía conocimiento del asunto y, por tanto, no sé los detalles, pero tus objeciones se basan en buscar cierta lógica en el comportamiento humano.

      No hay tal cosa, es una leyenda urbana.

      • Víctor López 10 December 2020 at 8:52 am Permalink

        Lo entiendo a Orlando y a usted. Sí hay una lógica en el comportamiento humano, pero está limitada a los individuos lógicos, y estos no son mayoría. Respecto a la chusma y los locos no hay regla alguna.

        Gracias a las sociedades de confort, hoy cualquier lumpen es un sujeto “acomodado”, y esa evaluación complica más el juicio crítico. Saludos.

  49. Manuel 10 December 2020 at 9:07 am Permalink

    “There can be a big difference between what you perceive and what threat actually exists, but the difference is arbitrary when it comes to the body’s response,” says Christopher Fagundes, an associate professor of psychology at Rice University in Texas whose research into stress and disease is funded by the National Institutes of Health. “Your body reacts to your perception of a threat—not to the reality.”

    Ud nunca vivió Cuba,
    Ni España

    Ud ha vivido EEUU

    Desde que nació,
    Por eso su inclinación por la ciencia ficción,
    Su afán por irse a donde pertenecía, a EEUU

    • manuel 10 December 2020 at 9:12 am Permalink

      y su apologia constante a este pais,
      su enamoramiento: falta de claridad y objetividad en sus criterios

      el pensamiento es claro, matemático, exacto, hasta que tropieza con las emociones, afectos, necesidades y demás, ahí mismo se jode la catalina

      • manuel 10 December 2020 at 9:17 am Permalink

        y viene ud a dar con estos buenos libros y aportes, como ese de que en cuba no hay terror, con la alegre compañía de los aún menos claros y objetivos argentinos

        • manuel 10 December 2020 at 9:19 am Permalink

          o cuando pario aquella belleza de que Miami era un gueto

          y no dudo que lo siga creyendo y se este autocensurando
          en aras de preservar la armonía en el blog

      • Julian Perez 10 December 2020 at 9:19 am Permalink

        Ya no le hago tanta apología. Ha dejado de ser ¨the land of the free and the home of the brave¨. Me temo que, con esto del COVID, los norteamericanos en particular y quizás el mundo en general, están realmente viviendo aterrorizados. Estoy muy decepcionado.

        Cada vez que veo a una madre que lleva a sus hijos en el cochecito con máscaras se me enciende la sangre. Eso para mí es abuso infantil. Son tan pocas las excepciones que cada vez que veo una me siento obligado a felicitarla porque me hace recuperar un poco la confianza en la cordura humana.

        No quiero imaginar California o NY.

        Tengo un amigo, excompañero de trabajo, que es tan religioso que todos los días me msnda mensajes de texto con citas bíblicas. Pues bien, todavía no se decide a ir a la iglesia por miedo al virus (y eso que, según él, extraña la eucaristía). Yo le digo que se escucha la misa con máscara y guardando la distancia de 6 pies salvo las familias, que se sientan juntas. Los Knights of Columbus van recibiendo a la gente e indicándoles dónde sentarse y después de cada misa desinfectamos los asientos . Nada, sigue apendejado. Sigue sin mandar sus hijos a la escuela (están abiertas en Florida, pero a los apendejados les permiten que sus hijos sigan recibiendo clases por Internet)

        Los Knights, a estas alturas, siguen haciendo los coincilios virtuales, usando zoom. Yo al principio me resistía a participar así, pero al cabo de los meses y viendo que esa insensatez no tenía para cuando acabar, volví a ¨asistir¨. Ya se votó que este año no se va a hacer venta de árboles de Navidad. Los Knights son una asociación benéfica y esa venta es una fuente de ingresos importante para las obras. Muy lamentable todo.

        Me parece que vivimos en el planeta Solaris, de la novela de Asimov ¨El sol desnudo¨, en el que la gente tenía terror a la presdencia física de otros y, en vez de verse, se ¨visualizaba¨. La ciencia ficción ha pasado a ser realismo socialista.

        • Víctor López 10 December 2020 at 9:36 am Permalink

          Ahora Robespierre quiere guillotinarlo a usted también. Los mequetrefes y locos son así, cuando creen que el prójimo está debilitado, su “amor” trasmuta en odio. Se que usted los conoce tan bien como yo, a cuantos no habrá conocido en su vida. Saludos.

          • Julian Perez 10 December 2020 at 10:29 am Permalink

            Una forma tan efectiva de meterle miedo a la gente con la represión es con la salud. Recuerdo la demonización del cigarro y la exageración de los efectos del ¨second hand smokers¨. La gente se puede aterrorizar si uno fuma a menos de diez pies de ellos. Quizás aquello fue otro ensayo de control por medio del miedo. Los gobiernos siempre están buscando formas de hacer tal cosa. Cualquier gobierno. Por eso lo más saludable es tenerlos amarraditos corto.

            Paradógicamente, ahora la cruzada es por la legalización de la marihuana. Pronto será políticamente correcto (y hasta casi obligatorio, como lo es mostrar al menos una pareja gay) mostrar en las películas a alguien fumándose un porro de María y seguirá prohibido mostrar actores fumando un cigarrillo.

            Creo que están pensando en cortar escenas de fumadores de películas viejas y no lo han hecho porque sería muy difícil con Humphrey Bogart. Aunque quizás acaben por decidirse. Ya sacan Huckleberry Finn de las bibliotecas escolares por la repetida mención de la palabra n… (no la pongo completa no vaya a ser que me censuren el post)

          • manuel 10 December 2020 at 10:38 am Permalink

            NIGER

            un pais africano

          • Julian Perez 10 December 2020 at 11:11 am Permalink

            La novela de Agatha Christie ¨Ten little n…¨ en español se conoce como ¨Diez negritos¨, pero en Estados Unidos le cambiaron el nombre a ¨And then there were none¨.

          • Julian Perez 10 December 2020 at 11:18 am Permalink

            ¨“What shall we do with the Negro?” I have had but one answer from the beginning. Do nothing with us! Your doing with us has already played the mischief with us. Do nothing with us! If the apples will not remain on the tree of their own strength, if they are worm eaten at the core, if they are early ripe and disposed to fall, let them fall! I am not for tying or fastening them on the tree in any way, except by nature’s plan, and if they will not stay there, let them fall. And if the Negro cannot stand on his own legs, let him fall also. All I ask is, give him a chance to stand on his own legs! Let him alone!¨ Frederick Douglas ¨What the black man wants¨

            Creo que a Douglas no le hubiera gustado mucho eso de la acción afirmativa y el welfare a las madres solteras para que críen a sus hijos sin padres. Tampoco a Martin Luther King.

        • manuel 10 December 2020 at 10:01 am Permalink

          recuerde que coronaRON
          al rey de los pendejos

          a don NAIDEN con la kemala

  50. Víctor López 10 December 2020 at 10:32 am Permalink

    Entiendo su sentimiento y su necesidad de ser americano, Julián. Es difícil soportar a estos cubiches, todos traumatizados, sin cultura, sin modales, garrapiñados en Miami como en barracas… Hay que poner distancia, cuanto más pronto mejor. Un saludo.

    • Julian Perez 10 December 2020 at 10:58 am Permalink

      En realidad Manuel tiene bastante razón en que yo siempre fui poco cubano y nací americano. Quizás sea porque crecí viendo programas americanos en la TV, leyendo autores anglosajones como Mark Twain, Fenimore Cooper o Louise M. Alcott, leyendo Selecciones y comics americanos. Creo que fui colonizado culturalmente desde la más tierna edad.

      Pero no es del todo cierto. Una característica cubana, que yo sí tengo, es la de no tomarse las cosas demasiado en serio y hacer chistes con todo. A un amigo mío, en Cuba, le molestaba eso. No le gustaba que se hicieran chistes políticos. Decía que eso de tirarlo todo a relajo era una de las razones por la que la gente no hiciera ninguna oposición seria.

      • Julian Perez 10 December 2020 at 11:05 am Permalink

        Me faltaron Dickens y Richmal Crompton (y quizás algún otro que ahora no me viene a la mente), también anglosajones. También leía mucho Verne, Dumas y Salgari, pero esos no eran anglosajones.

      • manuel 10 December 2020 at 11:41 am Permalink

        todo buen profesional, de todo a lo que nos dediquemos en esta vida, lleva aparejado experiencia y estudios. En su caso los estudios, lecturas, crianza, le fabricaron unos lentes y una configuracion mental americana. Por eso ud no estaba a gusto en cuba, ni españa, ni lo iba a estar in ningun otro lugar mas que acá en EEUU

        con pocas lecturas y formacion sin embargo se puede ejercer de modo sorprendente cualquier profesión. La profesion del Arte del Insulto por ejemplo. De lo que no debemos sorprendernos es de los mal que se practican esas profesiones todas, con pocos estudios y lecturas. Por mas que esto le duela al que carga una enciclopedia de sabiduria en su cabeza e intestinos, puesta allí por el todopoderoso Dios, si no es que el tipo sea el mismo Dios que nos honra con su presencia cotidiana en este blog

        y argentino tenía que ser

        • manuel 10 December 2020 at 11:42 am Permalink

          como su rep. en la Tierra: don Francisco (el del Vaticano, no el del prog. de TV, chileno este último. Por cierto… ¿qué está haciendo el ese chileno?)

          • Julian Perez 10 December 2020 at 11:55 am Permalink

            No conozco a ese chileno, pero si se parece al Papa Pancho en otros atributos aparte del nombre, creo que no voy a tener mucho interés en conocerlo.

            Aunque, al igual que con el nombre Caballero, que los hay de distintas categorías, el nombre Francisco no lleva implícito ningún sesgo a la izquierda. Mi mejor amigo en el pre se llamaba Francisco (Paco) y era tan gusano como yo. Bacu no creo que lo recuerde, era de mi año, no del de él. Por culpa de él me metí en el conservatorio y estudié saxofón, por embullo. El tocaba el clarinete y la guitarra. No tardé mucho en comprender que no se me había perdido nada en el mundo de la música. Mi oído, más que cuadrado, era casi triangular.

          • manuel 10 December 2020 at 12:18 pm Permalink

            super famoso el tipo
            (a ud casi que ya hay que volverle a hacer el examen de ciudadania: pocos cubanos de a pie no saben quien es don fco)

            https://en.wikipedia.org/wiki/Don_Francisco_(television_host)

        • Julian Perez 10 December 2020 at 12:35 pm Permalink

          Ah, ya veo. Cuando llegué a USA tuve TV un tiempo, pero ya no. Ahora solamente hago streaming. Pero cuando la tenía nunca vi Univisión y Telemundo. Por eso no conozco a ese señor.

  51. Orlando 10 December 2020 at 11:41 am Permalink

    El Noticiero de hoy esta noche brindará una información trascendental para todo el pueblo cubano.

    Esto no lo dicen, pero es lo que de ve venir.

    A partir del 2 021, para mantener las conquistas del socialismo, la policía va a tener que dar mucha patá por el culo.

    Lo que venderán en las tiendas de ropa son harapos Como productos de higiene , hojas de maguey y moringa. Van a tener que vivir en cuevas. Tomar baños de asiento en los ríos, afluentes y embalses de agua. Y de comida lo que se venderá es mierda envuelta en papel celofán. Jajaja.

  52. Víctor López 10 December 2020 at 1:23 pm Permalink

    Con todo respeto por las identificaciones ajenas, pero por sobre todo soy un farmer (sinónimo de hombre libre). No encontraría sentido a la vida sin la tierra. Mis amigos, ticos o americanos, son todos farmers y nos entendemos en ese idioma ancestral y universal común a la tierra. Se que es una vivencia y un tema ausente aquí, por lo que no me extenderé. Saludos.


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