08 November 2015 ~ 10 Comentarios

Los dos planes de Nicolás Maduro

por Carlos Alberto Montaner

Maduro

Nicolás Maduro sabe que perderá las elecciones del 6 de diciembre. El desastre es demasiado intenso. Lo dicen todas las encuestas. El 90% de los venezolanos quiere un cambio. El 80% culpa a Maduro. El 70% está decidido a votar contra ese gobierno meticulosamente incompetente.

Los venezolanos están cansados de hacer colas para comprar leche, papel higiénico, cualquier cosa. Les horroriza la inflación. Todo es más caro cada día que pasa. El salario de un mes se consume en una semana. Les asquea la corrupción. Saben o intuyen que la cúpula chavista es una asociación de maleantes en la que no faltan los narcotraficntes, todos coludidos para saquear al país. A falta de harina, la violencia es la arepa de cada día. Caracas es una de las ciudades más peligrosas del mundo. Y de las más sucias. (La cubanización también es eso: escombros y aguas negras regadas sobre un gastado pavimento lleno de agujeros).

Pero Maduro obedece ciegamente un axioma castrista: “la revolución no se entrega nunca”. La revolución es una construcción verbal que, en realidad, quiere decir el poder. El poder es lo que no se entrega nunca. La revolución es una cosa plástica que se trasforma para no perder el poder. La construcción verbal tiene otros componentes retóricos: “pueblo, justicia social, antiimperialismo, pobres oprimidos, ricos codiciosos, multinacionales explotadoras, el enemigo yanqui”. Son cientos de expresiones con las que se arma el relato.

Hasta 1998, según los Castro, se llegaba al poder a tiros y se declaraba la revolución. Ese era el dogma. Es lo que ellos habían hecho. A fines de ese año, Hugo Chávez ganó unas elecciones y alcanzó el poder por otros medios, pero con los mismos fines. Fidel, a regañadientes, aceptó el cambio de método, pero aclarando que el poder no se cede nunca.

Aceptaba que el chavismo desmontara en cámara lenta el andamiaje de la democracia liberal y liquidara las zarandajas de los tres poderes y la libertad de prensa y asociación, pero dejando muy claro que la revolución, es decir, el poder, nunca era negociable. La alternancia era una ridícula práctica republicana de los blandengues burgueses. Esa opción no cabía en un modelo genuinamente testiculado y revolucionario.

¿Qué va a hacer Maduro ante la derrota electoral que predicen las encuestas y su decisión de no abandonar el poder jamás, impuesta por Cuba, pero entusiastamente asumida por él y por la cúpula chavista?

Maduro tiene un plan A y un plan B.

El A es tratar de ganar las elecciones o aceptar que pierde por una mínima cantidad. ¿Cómo lo perpetra? Encarcelando o prohibiéndoles participar a líderes opositores que pueden arrastrar a muchos compatriotas a las urnas. Ese es el caso, entre otros, de Leopoldo López y María Corina Machado. Manipulando las máquinas de votar. Generando cédulas falsas. Dibujando los distritos para favorecer a los suyos. Abusando de los medios de comunicación 100 a 1. Obstaculizando de mil maneras el voto de los opositores.

El propósito del gobierno es desalentar a los demócratas para que no voten. Calculan que con la suma de todas esas trampas pueden ganar o perder por poco margen. Y, si pierden, compran a cualquier precio a un puñado de diputados deshonestos y continúan con el poder fuertemente sujeto por la entrepierna.

¿Y si falla el plan A? El plan B se pondría en marcha si es tal la avalancha de votos que no hay manera de ocultar una derrota contundente. Fue lo que le sucedió a Jaruzelski en Polonia en el verano de 1989. Utilizó todas las ventajas del poder para aplastar a Solidaridad en unas elecciones parciales limitadas al senado, pero Walesa y su tribu democrática obtuvieron el 95% de los votos y casi todos los escaños. El régimen comunista se desplomó ante la evidencia del rechazo generalizado.

Maduro ha tenido la cortesía de anunciar su Plan B. Si pierde utilizará las prerrogativas de la ley habilitante para demoler las pocas instituciones de la república que quedan en pie. En ese caso, gobernaría revolucionariamente con “el pueblo y el ejército” mediante una junta cívico-militar.  A esa infamia la llaman “profundizar la revolución”. ¿Entregar el poder? Ni soñarlo. Crearían una satrapía monda y lironda, colectivista y brutal, ya sin disfraces burgueses.

¿Qué deben hacer los venezolanos? Lo que hicieron los polacos. Salir a votar masivamente. Enterrar esa inmundicia bajo una montaña de votos, y pelear sufragio a sufragio y mesa por mesa, sin miedo y sin desmayo.

El plan A es peor que el B. El A continúa una farsa agónica que inevitablemente conduce a una muerte lenta y dolorosa. El B tiene la ventaja de que desnuda sin pudor el carácter totalitario de esa dictadura y le pone fin a la trucada historia de la revolución de los oprimidos. Se les acaba el relato.

Hay muchos venezolanos, chavistas y no chavistas, militares y civiles, que acaso no van permanecer impasibles mientras Maduro y sus amos de La Habana tuercen la voluntad popular y les imponen un yugo permanente. Hay que jugárselo todo el 6 de diciembre. Tal vez la vida misma.

10 Responses to “Los dos planes de Nicolás Maduro”

  1. Alfredo Milano 8 November 2015 at 12:49 pm Permalink

    Y ¿Cúales serían los planes A y B de la oposición complice…? ¿existe más de una oposición? ¿Cúantos troyanos hay en la oposición, esperando el cúanto hay pá eso, y saltar la talanquera?… pero, la mayoría debe imponer su voluntad contra la nomencaltura narco-castro-parasitaria.

  2. Juan Pueblo 8 November 2015 at 12:52 pm Permalink

    El 6 de diciembre en Venezuela se juegan el FUTURO y la VIDA, hasta arrastrándose deben ir a votar.

  3. Dimas Ortega 8 November 2015 at 3:29 pm Permalink

    Encuentro muchos elementos de juicio de este artículo que pueden aplicarse también, previa contextualización, a la actual situación en Bolivia, país que se apresta a realizar un referéndum acerca de la pretendida re-re-re-elección del presidente Evo Morales… Cuántos parecidos hay entre ambos caudillos populistas…!

  4. cheito 8 November 2015 at 7:39 pm Permalink

    en caso de que no suceda como en cuba=ley de ajuste venezolano,una trampa mas con las consabidas consecuencias lo que hara es educar a los barrios bajos en que launica opcion es la lucha callejera.en el caso cubano esta ley ha favorecido el no enfrentamiento con la tirania.hasta cierto punto esto seria favorable para la sociedad venezolana en su enfrentamiento total a la tirania.de todas maneras maduro y su camarilla seguiran contra las cuerdas,en esta occasion sera menos el margen de maniobra de la tirania.solo le queda la opcion de quitarse la careta=radicalizacion de la revolucion,lo cual es un mar de desencanto de toda la sociedad venezolana.

  5. Maximiliano 9 November 2015 at 11:39 am Permalink

    El regimen no se va a acabar con tan solo ir a votando masivamente.
    En 1990 los birmanos votaron en mas de un 90% por Suu pero los militares masacraron a la poblacion y se quedaron igualmente con el poder hasta …hoy podemos decir, aunque no han aflojado de verdad al 100%.
    La solucion es sacar al regimen con la fuerza como hicieron los rumanos liquidando hasta fisicamente, si fuera necesario, a los asesinos que estan saqueando Venezuela.

  6. Tiberio Faria 9 November 2015 at 12:44 pm Permalink

    Necesitaba decirse, Bravo!

  7. Daniel Barrezueta 10 November 2015 at 5:35 am Permalink

    ¡Hola Carlos Alberto!, es muy placentero leer tu columna, no sólo por el contenido de lo que dices sinó por el modo elegante como lo expresas. Permíteme, sin embargo, puntualizar algo de mi propia visión sobre la futura tragedia: creo que, quizá, sólo hay un plan para mantener el Poder en Venezuela; y no lo diseñó Maduro. Él solamente desea sobrevivir a la vorágine donde lo ubicó Raúl Castro y la élite criminal que se apoderó del Estado en su país. No lo va a lograr. Pronto lo culparán del desastre, lo bajarán de donde lo pusieron y lo mandarán a fusilar, o quizá a una celda contigüa a la de López. La élite criminal aludida, el Cártel de los Soles, jamás entregará el Poder como tú bien expresas, pero no lo harán basados en el engaño y la seducción política -como lo hizo inicialmente Chávez y lo hicieron hasta ahora los Kirchner y otros más por acá- sino con algo más brutal y ajustado a su estilo: la imposición por medio de las armas. Tienen todas las que necesitan… y más. Cuando leí la lista de compras que describió M. Marulanda en su artículo Los Osos del Caribe (debe estar aún en la web) llegué a tres conclusiones: (A) que la mayor parte del dinero saqueado a Venezuela no está en las ocultas cuentas bancarias de la corruptocracia venezolana ni fué tirado en el Caribe; está en Rusia y fue cambiado por una inconcebible cantidad de armas, incluyendo submarinos, aviones artillados, carros de asalto y de movilización de tropas, misiles tierra-aire, tierra-tierra y quién sabe cuantos ominosos fierros que están siendo manipulados por mercenarios rusos fogueados en victorias y derrotas en el Asia, allí donde el renovado Imperio Ruso volteó a mirar. Con esa fuerza derrotarán a todos los ejércitos que se les pongan por delante, incluyendo el otrora invencible Ejército Colombiano. Fácilmente arrasarán a la oposición y juntarán sus fuerzas con las de las FARC renovadas tras el reposo concedido por la Paz Mortal urdida en La Habana y vendrán con todo a imponer sus condiciones. Así cumplirán con los violentos ensueños de Fidel -si aún vive- quien siempre se sintió constreñido en los estrechos linderos de su Isla. (B) Que esto es parte de un vasto plan diseñado por los Latinoamericanistas de Moscú y San Petersburgo, en los cuales Maduro es sólo una pobre ficha desechable, igual que López y el resto de los que -suponiendo que lo que ocurrirá será solamente un asunto político- se llaman a sí mismo La Oposición. Si los planes de los Latinoamericanistas, de la élite militar cubana y del Cártel de Los Soles se llevan cabo conforme están siendo diseñados, se trasladará todo el Hiperconflicto de la Segunda Guerra Fría hacia acá, hacia los territorios cedidos -del mismo modo como cedió a Cuba en 1962- por el viejo Imperio decadente, esta vez a cambio de la sobrevencia de Israel -amenazado por el nuevo poder nuclear de los Ayatollahs obtenido después del imprudente retiro del embargo- como lo fue en aquellos tiempos a cambio de la sobrevivencia de Berlín. (C) Que siempre estuvo la dictadura cubana como eje de inflexión de toda la geopolítica de bajos fondos en América Latina, aunque nunca tuvo mejor oportunidad como ahora para avanzar sobre el resto del territorio suramericano. Tienen todas las armas que necesitan, el dinero de la siempre deseada Comarca Petrolera y el apoyo de la flota que El Premier mantiene hace varios años rondando por el Caribe. Si toda esta alucinante ficción geopolítica resulta cierta, como dijiste una vez… ¡Ojalá que nos encuentre confesados!

  8. Luis 13 November 2015 at 2:50 pm Permalink

    Considero que la única vía para sacarlo del poder es la fuerza…


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