18 May 2013 ~ 3 Comentarios

Muerte de Jorge Videla: Una época vergonzosa de Argentina

por Carlos Alberto Montaner

Videla

(ABC) Unos le llamaban “«el Hueso”». Era comprensible. El general Jorge Rafael Videla siempre fue muy flaco. Otros le llamaban “«la pantera rosa”». No tengo la menor idea por qué. Se acaba de morir a los 87 años en una prisión militar argentina en la que estaba condenado a medio siglo de cárcel. No creo que mucha gente lo lamente. En marzo de 1976, como Comandante de las Fuerzas Armadas, le había dado un golpe a Isabelita Martínez de Perón con el beneplácito o la indiferencia de la mayor parte de los argentinos, gobernando con mano de hierro hasta 1981. Era hijo de militar, católico de comunión frecuente y conservador, aunque no se llevaba mal con los soviéticos -tenían buenas relaciones económicas-, y los cubanos, por petición de Moscú y a cambio de créditos blandos le cuidaron celosamente las espaldas diplomáticas ante la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra.

Entonces, cuando el golpe, el país estaba harto de la inflación, del desorden y, muy especialmente, de la violencia desatada por los montoneros peronistas, el ERP y otros pistoleros de izquierda, a lo que se sumaba la respuesta sangrienta de un gobierno que utilizaba para hacerles frente, no sólo a las legítima fuerzas del orden, sino también a los paramilitares de la AAA, dirigidos en la sombra por el brujo José López Rega.

Argentina era una pena en 1976. Esto hay que tomarlo en cuenta. Videla no inventó el terrorismo de Estado. Ya existía cuando el tomó el poder. Pero él lo heredó, lo sistematizó y lo multiplicó. Sus militares y policías asesinaron, torturaron y desaparecieron a miles de personas. Los adversarios cifran las víctimas en unas 30.000. Los partidarios, incluso él mismo, aceptan unas 8.000. La verdad debe estar en torno a las 16.000.

Una multitud. Algunos, claro, eran culpables y militaban en los grupos terroristas de izquierda, pero la respuesta de los uniformados argentinos no tiene la menor justificación. El Estado no puede actuar como los enemigos de la ley. Esa continuada masacre (respondida con más de mil crímenes y secuestros cometidos por las formaciones de izquierda de inspiración marxista, mucho menos poderosas, pero igualmente crueles), incluye violaciones y torturas de mujeres, asesinatos y secuestros de niños que luego eran entregados a nuevos padres, eliminación de inocentes, y todo género de atrocidades.

Basta leer el informe Nunca más, prologado por Ernesto Sábato, para comprender el horror padecido por la sociedad argentina, agravado por la actitud generalizada de una buena parte de ella: millones de personas que sabían o intuían lo que estaba ocurriendo, miraron en otra dirección, desentendiéndose de los desmanes cometidos por el Estado.

3 Responses to “Muerte de Jorge Videla: Una época vergonzosa de Argentina”

  1. Sergio Botero 19 May 2013 at 2:17 am Permalink

    Es muy interesante el hecho de que a pesar de que casi nadie niegue los crímenes cometidos por los regímenes de dictadores de derecha como Videla, Pinochet o Stroessner, mucha gente pegue el grito en el cielo cuando se denuncian las barbaridades atroces de los mandatos de dictadores de izquierda como Fidel Castro, Stalin o Mao. Es increíble como los seguidores de la izquierda radical cierran los ojos y los oídos a la realidad y a la evidencia histórica, y sus mitos siguen persistiendo en la academia, entre algunos ignorantes políticos latinoamericanos, y por supuesto algunos jóvenes idealistas que no conocen las causas de la pobreza y la violencia.

  2. claudio 19 May 2013 at 10:16 am Permalink

    Creo que la historia de Videla no puede entenderse sin los Castro. Es como mezclar churras con merinas pero así fué.

    Mientras Videla persiguió, torturó y desapareció a miles de argentinos, posiblemente la mayoría inocentes, la mayoría de montoneros, pistoleros y terroristas de izquierda que actuaban en el país se refugiaron durante unos años en Cuba. Y digo unos años porque la gran mayoría de ellos, cuando descubrieron el verdadero paraíso socialista volvieron a hacer sus maletas con destino París, Estocolmo, Madrid o Londres y a vivir sabroso en el capitalismo “civilizado” haciendo fortuna.

    Por otra parte, los Castro, acogieron a toda esa crápula de asesinos y auténticos caraduras como suelen atender a los técnicos extranjeros mientras les conviene. Cuando dejan de convenir, les cambian las condiciones y es cuando estos emigran como comento anteriormente.

    Pero mientras esto ocurría, Videla (asesino de izquierdistas) y los Castro (asesino de todo aquel que simplemente se opusiera a su razón) hicieron los mayores negocios que se hayan realizado nunca entre ambas naciones. Aún recuerdo la primera feria de exposiciones de productos argentinos que se realizó en La Habana. Había de todo. Y a partir de 1976 Cuba se llenó de Chevys, Dodge, Ford Falcon (el mismo que usaba la dictadura para desaparecer opositores)o Fiat 125. Se renovó casi todo el parque automovilístico publico y oficial de la Isla. También se trajeron trenes nuevos General Electric, autobuses Hino japoneses (que venían vía Argentina), pescaderías y pitzerías prefabricadas, etc…. Además coincidió con un momentáneo período de abastecimiento que duró apenas un par de años. Cosas inimaginables que hacía años que no se veían en Cuba, de pronto aparecieron en las tiendas cubanas. Y Todas con el “Hecho en Argentina”.

    Y esto es un hecho muy particular. En los años 70 Cuba se llenó de refugiados argentinos, uruguayos, chilenos, centro americanos o africanos. Casi todos ellos emigraron a Europa con los años y a mas de uno mejor no nombrarles el socialismo. Pero lo que ocurrió entre Argentina y Cuba fue distinto. Incluso recuerdo el ofrecimiento cubano de ayuda a la dictadura argentina durante la guerra de las Malvinas. “¡Que lastima que el gobierno argentino no aceptara! Quizás hoy veríamos otra Cuba.

  3. Mariano M. 21 May 2013 at 4:10 am Permalink

    Una nota bastante ecuánime Don Carlos Alberto. Sin embargo, para los que somos Argentinos y los que conocemos esta historia hay algunos comentarios que me gustaría agregar a esta nota.

    Si bien creo que las cifras no son importantes, creo oportuno mencionar el total de personas desaparecidas estimadas por la CONADEP (Comisión Nacional sobre la desaparición de personas) que elaboró el informe conocido como “Nunca Mas”. En el capítulo I y en las Conclusiones se mencionan el total de 8960 casos de personas desaparecidas además del anexo que acompañaba a dicho informe. Dicha cantidad no incluye los casos de desapariciones ocurridos antes del gobierno de facto de Videla, y que ocurrieron bajo el gobierno democrático de Juan D. Perón y la propia Isabelita, los cuales ascienden a 800-1000 según las fuentes. El actual gobierno (conformado por numerosos ex terroristas y simpatizante de la guerrila revolucionaria) ha buscado instalar un relato oficial para exculpar a los otrora terroristas revolucionarios y convertirlos en mártires de la democracia que en los 70 luchaban por un mundo mejor, y que fueron exterminados por el solo hecho de “pensar distinto”. Dentro de esa fábula oficial se encuentra el embuste de que el total de desaparecidos fueron 30.000, una vil argucia para magnificar el accionar de las fuerzas armadas.

    El otro punto interesante es el que gira a la idea de un golpe de estado. Cabe recordar que el país antes del 24 de Marzo de 1976 se estaba desangrando por una incipiente guerra civil desatada por las propias organizaciones terroristas (las cuales operaban en la clandestinidad), un país que languidecía debido a una crónica inflación, el colapso de sus principales servicios públicos, y una implosión de la infraestructura básica del país. A esto hay que sumarle un enorme vacío de poder político agravado tras la muerte de Perón. En el momento del supuesto “golpe” ni siquiera había un presidente formal ya que Isabelita estaba de licencia médica, con lo cual el ejecutivo estaba acéfalo. Ningún partido de la oposición quería tomar las riendas del país debido a que todos eran conscientes de la grave situación de la economía y de la propia coyuntura la cual rallaba con una situación de anarquía social. Todos los partidos políticos incluidos el propio peronismo (que no podía realizarle un juicio político a la viuda de Perón), hasta los radicales (con Ricardo Balbín a la cabeza) y el propio sindicalismo (liderado por Lorenzo Miguel), todos ellos fueron a suplicarles a los militares para que se hicieran cargo de la situación.

    Pero como la Argentina es un país caracterizado por la anemia institucional, el cambio de mando no se realizó por vías formales previo juicio político a la presidente Isabel, sino de forma informal. Tal es así que en dicho “golpe de estado” no hubo ni un solo tiro, ya que el cambio de mando había sido pactado por todo el arco político con la propia cúpula militar.

    Como bien dice Carlos Alberto, no se pueden justificar los excesos de los militares y lamentablemente los militares continuaron y exacerbaron la metodología de las desapariciones iniciada por el propio Perón. Pero en este sentido vale hacer una aclaración. En modo alguno se trató de una superestructura estatal que mataba indiscriminadamente. Nada de eso, los “daños colaterales” fueron mínimos, como así también los casos de apropiación de bebés. Todo esto está documentado.

    Por el contrario, los que contaban con una superestructura delictiva eran las propias organizaciones guerrilleras que tenían un aceitado sistema de reclutamiento, una gran maquinaria de propaganda y acción psicológica, fábrica de armamentos, código de conducta, sus propios sanatorios clandestinos, y además eran entrenados y financiados por países de la orbita soviética. Además cometían sus atentados desde la clandestinidad y mimétizandose entre la población civil, fomentando una guerra de guerrillas totalmente irregular.

    Los militares cometieron muchos errores, y horrores, pero los principales responsables de lo que sucedió en aquella época fueron los guerrilleros y los propios políticos que habían causado todo ese caos político y económico, y que incluso coquetearon con la guerrilla, al punto que los amnistiaron en el año 73, tras haber sido condenados por una Camara Federal que luego disolvieron. Los militares fueron una natural consecuencia de todo ese desmadre.


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