26 May 2013 ~ 6 Comentarios

¿Para qué sirve un presidente?

por Carlos Alberto Montaner

defensor del Pueblo

(El Nuevo Herald) Confesémoslo: el mayor problema político de América Latina es el creciente divorcio entre la sociedad y el Estado.

Las sociedades no sienten que los gobiernos, realmente, representan sus intereses y valores. Creen que los políticos son bandas de tipos corruptos que llegan al poder para enriquecerse ilegalmente. No perciben a las instituciones públicas como entidades libremente segregadas para cumplir y hacer cumplir las leyes, sino las ven como guaridas para preservar los privilegios de los que mandan. En casi todos los países tienen la peor opinión de los parlamentos, del sistema judicial y de las fuerzas de orden público. En casi todos, probablemente con razón, desconfían mortalmente de la presidencia.

Esta situación es gravísima y explica por qué la estabilidad democrática pende de un hilo en nuestros países. Cuando se deja de creer en el modelo político en el que vivimos, le abrimos la puerta a la absurda creencia de que un grupo de revolucionarios bien intencionados, generalmente dirigidos por un caudillo carismático, pondrá orden e impondrá la justicia en nuestras fallidas sociedades.

Fue así como los cubanos le dimos la bienvenida a Fidel Castro en 1959 y los venezolanos, de otra manera, a Hugo Chávez en 1999. Esa es la historia de Perón, de Fujimori tras el autogolpe del 92, y de todos los hombres fuertes recibidos con una salva de aplausos en nuestros vapuleados países.

¿Tiene arreglo este desencuentro entre la sociedad y el Estado? A mi juicio, este devastador problema comenzaría a encontrar alivio si se cambian las funciones de la presidencia y se le asigna a la cabeza del Estado la responsabilidad de representar a la sociedad frente al comportamiento del gobierno.

Es decir, debería convertirse a nuestros presidentes (no voy a cometer la tonta ordinariez de escribir “y presidentas”) en verdaderos y dedicados ombudsmans, consagrados a la tarea de defender a los ciudadanos de los atropellos y las violaciones de la ley que cometen los funcionarios públicos, ya sean electos o designados.

Ombudsman es una palabra escandinava que aproximadamente designa a los defensores del pueblo frente a las actuaciones del gobierno. Los chinos tuvieron funcionarios de ese tipo cientos de años antes de Cristo, y hoy casi todos los países cuentan con algún burócrata que desempeña ese papel, pero, generalmente, carecen de presupuesto y de peso para hacer cumplir sus resoluciones. Son tigres de papel.

De alguna manera, ésa era la función tradicional de los reyes medievales, y de esta tarea obtenían la legitimidad que se requería para que los súbditos aceptaran su jefatura. Los reyes castellanos recorrían el reino impartiendo justicia con los códigos legales dentro de unas carretas tiradas por bueyes, mientras castigaban a los funcionarios que se excedían en sus atribuciones. Los reyes se legitimaban “diciendo la ley” dentro de los límites de su territorio. De ahí proviene la palabra jurisdicción.

Esa tarea se complementaba con una institución de derecho, proveniente del ala griega del imperio romano, la bizantina, llamada “Juicio de Residencia”, aunque ya existía en el mundo latino. Cuando los funcionarios terminaban su mandato tenían que someterse a unos procesos judiciales en los que debían dar cuenta del ejercicio de sus cargos. A veces resultaban severamente castigados.

Si en América Latina los ciudadanos de a pie tuvieran la posibilidad de comunicarle directamente al jefe del Estado sus vicisitudes, y si la oficina de la presidencia se convirtiera en la verdadera defensoría del pueblo, con capacidad para corregir entuertos, denunciar violaciones de la ley y vigilar las tareas del Estado, veríamos cómo, paulatinamente, se producía la necesaria reconciliación entre la sociedad y el Estado.

Naturalmente, ese Presidente-Ombudsman tendría que ser apartidista, neutral y elegido en unos comicios separados, lo que conciliaría el modelo entre una república presidencialista y un gobierno parlamentario en el que el Primer Ministro administrara los recursos disponibles, es decir, fuera la cabeza del gobierno, mientras el presidente lo fuera del Estado y representara a la sociedad.

En todo caso, algo hay que hacer. No es posible vivir en naciones estables con ese nivel de inconformidad con el sector público. Es como estar sentados sobre un polvorín.

6 Responses to “¿Para qué sirve un presidente?”

  1. Dante Bobadilla Ramírez 26 May 2013 at 2:29 pm Permalink

    A diferencia de las tierras que fueron ocupadas por inmigrantes que llevaban una clara idea de su misión, como ocurrió en Norteamérica, o los países que tuvieron largas dinastías reales donde los reyes se ocupaban de darle forma a su reino, la desgracia de nuestros pueblos es que somos una amalgama informe de culturas descabezadas y sin esencia ni identidad nacional. Los presidentes son aventureros que solo buscan el poder a base de promesas fáciles e inmediatas. Hoy le llaman “inclusión social” a la vieja tarea de regalar. Los obsequios adoptan la forma de “programas sociales”. Parecen cuestiones más complejas pero es exactamente lo mismo de siempre: comprar afecto popular para detentar el poder de manera despótica.

  2. Juan Pueblo 26 May 2013 at 3:02 pm Permalink

    En el sistema parlamentario de gobierno, los políticos concentran menos poder y sería muy bueno para nuestros pueblos como usted lo describe. El principal problema es que nuestros POLITICOS NO son PROFECIONALES dedicados a su carrera política, son EMPRESARIOS y por lo tanto el éxito para ellos no es identificarse con el pueblo sino cuidar sus empresas.

  3. glb 26 May 2013 at 3:12 pm Permalink

    muy buen articulo , con mucho sentido comun, felicidades CAM.

  4. Hector A. Girón 26 May 2013 at 4:58 pm Permalink

    Hay un país al extremo norte de Centroamérica donde desde hace años “gozamos” del “prestigio” de contar con un OMBUDSMAN -el Procurador de Derechos Humanos- que sólo defiende los “derechos” de los criminales y de grupos de izquierda que pintarrajean todo por donde pasan, bloqueando calles, quemando neumáticos y provocando caos. Es elegido por las élites políticas y económicas.
    – También “gozamos” de una Corte de Constitucionalidad -también elegida por las élites políticas y económicas- que sólo vela por los intereses de sus patrocinadores.
    – “Gozamos” de una Dirección de Defensa del Consumidor -que sólo cumple con una designación cosmética como TODAS las demás instituciones del Estado como la Contraloría General de Cuentas o el Ministerio Público-.
    – También “gozamos” de tener la sede del Parlamento Centroaméricano -otro gasto multimillonario que no sirve para nada-.

    EN RESUMEN: En estos países las élites políticas, económicas y sociales se las ingenian para PERVERTIR TODO -los logros de la República, la Democracia, el Libre Mercado y cuanto a contribuido al avance del mundo occidental.
    RESULTADO: Opulencia y despilfarro a la par de la más vergonzosa miseria -índices altísimos en desnutrición y mortalidad infantil y materna, analfabetismo, violencia, corrupción, etc. etc.

  5. Julian Perez 26 May 2013 at 7:23 pm Permalink

    >>Es decir, debería convertirse a nuestros presidentes… en verdaderos y dedicados ombudsmans, consagrados a la tarea de defender a los ciudadanos de los atropellos y las violaciones de la ley que cometen los funcionarios públicos, ya sean electos o designados.

    Y en la práctica, ¿cómo se garantiza eso? Lo que mejor ha funcionado hasta ahora (yo diría que LO ÚNICO que ha funcionado) ha sido lo de los “¨Checks and Balances”¨: solamente la división de poderes impide que un poder se corrompa demasiado o se convierta en opresor.

    En su primer discurso inaugural Thomas Jefferson dijo:

    >> Sometimes it is said that man can not be trusted with the government of himself. Can he, then, be trusted with the government of others? Or have we found angels in the forms of kings to govern him?

    Ese es el problema: que no existen tales ángeles. No hay forma de convertir a los presidentes en ombudsmans, pero sí de establecer mecanismos para controlarlos.

  6. Roberto Moncada 7 June 2013 at 12:28 am Permalink

    El juicio de residencia como lo menciona el Dr Montaner sería de gran utilidad si se pudiera incluir en la constitución de todos los paises hoy en el siglo XXI de los gobernante latinos del hemiferio occidental asi obligatoriamente todos lo que dejaran el poder ( los presidentes ) tuvieran que cumplir con ese reglamento de la constitución asi el pueblo que los eligió le rendiran cuenta de su administración y serviría de garantía que de alguna manera pagaran por sus errors si eso fuera el caso en determinado país y nadie estaría exento de dicho mandato, pero al parecer eso solo se aplicó en el pasado no está demas volverlo a repetir por el bien de los pueblos


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