26 December 2020 ~ 96 Comentarios

¿Qué piensa hacer Donald Trump? Panorama postelectoral en EEUU

Por Carlos Alberto Montaner

Es tan confusa la ley electoral de EEUU que es preferible escribir este artículo en forma de preguntas y respuestas.

¿Qué ocurrirá el 6 de enero del 2021? 

Se reunirá el Congreso Federal en Washington para certificar lo que ha dicho el Colegio Electoral. En los tres días previos es posible hacer alegaciones. Ahí se escucharán las acusaciones de fraude.

¿Pero hubo o no hubo fraude electoral?

No parece. Hubo irregularidades, habituales en casi 160 millones de votantes, pero no fraudes que pudieran alterar los resultados electorales. Cincuenta y seis tribunales rechazaron las demandas por falta de pruebas. Hubo, incluso, jueces nombrados por Trump que, unánimemente, se negaron a tomar en serio las denuncias.

Sin embargo, hay personas inteligentes y razonables que aseguran que sí hubo fraudes …

Es cierto, pero no han presentado pruebas, sino conjeturas. Las “Declaraciones juradas” no son pruebas. He visto una foto de un camión que, supuestamente, contenía seis millones de boletas falsificadas. El camión era negro y tenía un letrero que decía “Black Men Vote Org.” No creo que quien cometa un delito de esa naturaleza lo anuncie. Hasta la Corte Suprema, con una mayoría conservadora, rechazó esas denuncias por unanimidad.

¿Le han robado las elecciones a Donald Trump? Él insiste en que ha ganado las elecciones

Trump insiste en que él ganó con los “votos válidos” en los swing states. Y querría que se eliminaran los votos por correo. Los votos por correo son, supuestamente, los “votos inválidos”. Esa es una absurda arbitrariedad. Trump no quiere que se eliminen en donde él ganó, como en Florida, donde hasta él votó por correo, sino en donde perdió. Los Estados imponen sus leyes electorales. El voto por correo es una de ellas.

¿No es extraño que haya muchos más votos demócratas que republicanos en el correo?

No. Los demócratas, como regla general, fueron mucho más prudentes que los republicanos en el asunto de las aglomeraciones. Recuérdese que estamos en la época del coronavirus. El propio presidente alentó la división entre los republicanos, que no creían en la peligrosidad del virus, y los demócratas, como Biden, que se escondían en sótanos. Es lógico que los demócratas hayan votado mucho más por correo.

¿Qué pasará el 20 de enero?

El 20 de enero del 2021 no pasará nada. Joe Biden y Kamala Harris, a partir del mediodía, como manda la Constitución, ocuparán la Casa Blanca. El 14 diciembre se decidió todo. El Colegio Electoral actuó, como era su deber, de acuerdo con las indicaciones de los votantes.

¿Existe otro camino para que Trump permanezca en la Casa Blanca?

No lo creo. En 1804 se aprobó una “elección contingente” para aquellos casos en los que hubiera un empate, pero no es lo que sucedió en el 2020. La fórmula demócrata, Biden-Harris, obtuvo 306 votos electorales contra 232 de los republicanos Trump-Pence. Biden-Harris, además, obtuvieron 81 millones de votos frente a los 74 que sacaron Trump-Pence. En todo caso, como la votación es indirecta y los electores seleccionan a las 538 personas que forman el Colegio Electoral, vale la pena señalar que fue la misma relación de votos con que ganaron los republicanos en el 2016.

¿Por qué Trump deja abierta la puerta de un eventual triunfo frente a Biden?

Hay varias razones. En primer lugar, Trump ha alimentado entre sus partidarios la idea de que ha sido víctima de un complot. No está dispuesto a desmentir esa falsedad ni aunque lo maten. El 68% de los trumpistas la creen. Prefiere abandonar la Casa Blanca como una víctima del “Estado profundo”, una de sus supersticiones inyectada por Steve Bannon, antes que derrotado por Biden.

En segundo lugar, hay una recaudación económica importante que le permitiría reinventarse como político y, si los republicanos lo abandonan, formar su propio partido.

En tercer lugar, por lo que suele repetir hasta el cansancio su sobrina, la psicóloga Dra. Mary L. Trump: porque es fisiológicamente incapaz de perder frente a otro ser humano.

¿Y si no se va de la Casa Blanca?

Se irá. Ya Vladimir Putin y Mitch McConnell, líder de la mayoría del senado, felicitaron a Biden. No lo hubieran hecho si supieran que Trump se iba a encadenar a la poltrona presidencial. Melania, su mujer, dicen que andaba cerca de Miami buscándole una escuela a Barron, el menor de los hijos de Trump. Su hija y yerno compraron un gran terreno en una isla exclusiva de Miami Beach. Afirman los que conocen las regulaciones, que caben, holgadamente, dos mansiones.

96 Responses to “¿Qué piensa hacer Donald Trump? Panorama postelectoral en EEUU”

  1. Orlando 26 December 2020 at 4:16 pm Permalink

    Chiquitica Lukashenko escribió:

    Que patas mas feas esas las de paco. Un asco. Un esperpento un aborto de la naturaleza. He dicho

    Responde Orlando
    Las patas es lo de menos. !Que jeta tan fea!

    Paqui. Con otra cara y otro cuerpo te verías riquísimo. Ja ja ja

  2. Orlando 26 December 2020 at 4:17 pm Permalink

    Si. Buen análisis. Trump está arando en el mar

    • bacu 26 December 2020 at 5:14 pm Permalink

      “Cincuenta y seis tribunales rechazaron las demandas por falta de pruebas” Esto no es cierto, los tribunales no qioseron oir las pruebas, n o es que no existieran, es que no quisieron oírlas. La pregunta es, por que no quisieron oir las pruebas? Veremos el 6 diadema reyes que nos deparan los magos de Belen. Saludos.

      • Julian Perez 27 December 2020 at 10:18 am Permalink

        Bacu. Sabes bien que no basta que algo parezca mierda, huela a mierda y sepa a mierda: los tribunales deben dictaminar que es mierda.

        • Eusebio 27 December 2020 at 12:21 pm Permalink

          Hola Julian;
          Entro solo para saludarte, y desearte junto a tu familia feliz año nuevo; Mucha salud y prosperidad; El dinero no hace la felicidad segun los izquierdistas pero hace la infelicidad menos dolorosa.
          Aqui te va el link de la columna que me leo ahora cada semana; Espero disfrutes este ultimo articulo.
          https://nationalpost.com/opinion/conrad-black-america-in-a-shambles

          • Julian Perez 27 December 2020 at 1:45 pm Permalink

            Gracias, Eusebio. Lo mismo para los tuyos.

    • Julian Perez 26 December 2020 at 5:55 pm Permalink

      There you go again.

  3. Orlando 26 December 2020 at 4:18 pm Permalink

    Si no se va, lo saca el servicio secreto o quién se encarga de esos casos de ilegalidad.

    • bacu 26 December 2020 at 5:11 pm Permalink

      Puede que no se vaya y el servicio secreto salga para sanear el fraude en la eleccion, existe una orden ejecutiva que ampara al presidente a hacer eso. Saludos.

  4. Orlando 26 December 2020 at 4:19 pm Permalink

    Que diga cómo Mac Arthur. Me voy, pero volveré

  5. Manuel 26 December 2020 at 4:24 pm Permalink

    TWO DAYS AFTER the 2020 election, which saw Democrats capture the White House while losing ground in Congress, House Democrats held a conference call to discuss what went wrong. Rep. Abigail Spanberger (D–Va.) was unequivocal: “We need to not ever use the words socialist or socialism ever again,” she said

    • Manuel 26 December 2020 at 4:24 pm Permalink

      socialism was something of a political loser this election cycle. The specter of it likely cost Joe Biden his chance at winning Florida. It appears President Donald Trump won over many Latinos in the state with targeted ads tying the Democratic Party to left-wing authoritarianism in Latin America. And while voters reelected all four members of the socialism-friendly “squad”—Reps. Ayanna Pressley (D–Mass.), Ilhan Omar (D–Minn.), Rashida Tlaib (D–Mich.), and Alexandria Ocasio-Cortez (D–N.Y.)—the consensus among the party’s leadership seems to be that the s-word is toxic outside of heavily left-leaning districts.
      Rep. James Clyburn (D–S.C.), the House’s third-ranking Democrat, urged members not to run on “Medicare for All or socialized medicine” in the future. Even some progressive Democrats echoed these concerns. “I think Republicans did get some traction trying to scare people on this socialist narrative,” said Rep. Jared Huffman (D–Calif.), a member of the Congressional Progressive Caucus. “What’s the point of embracing a phrase like that?”
      Flirting with socialism may have cost Democrats dearly. If Republicans win either of the two runoff Senate races in Georgia, President-elect Joe Biden will face a GOP-controlled Senate. That would mean Republicans could block virtually all of the structural changes that progressives were counting on in order to consolidate power, such as D.C. statehood, an expansion of the Supreme Court, and nuking the filibuster. The Senate can also kill off lofty legislative proposals, vote down Biden’s judicial picks, and thwart liberal Cabinet nominees. “The Biden presidency will be doomed to failure before it starts,” fretted New York magazine’s Eric Levitz.
      For democratic socialists, the 2020 election cycle began with great promise: The hard left had not one but two progressive primary candidates, Sens. Elizabeth Warren (D–Mass.) and Bernie Sanders (I–Vt.). But neither Warren nor Sanders could overcome Biden, the Democratic candidate who worked hardest during the primaries to put serious distance between himself and socialism.
      Democratic socialists thought they were riding a blue wave. Instead they gave us divided government. That’s not what they intended, but it might be the best possible outcome.
      ROBBY SOAVE is a senior editor at Reason.
      Michael Burrell/iStock, photominus/iStock ■

  6. Manuel 26 December 2020 at 4:39 pm Permalink

    Aunque es más lucrativo hablar de trump
    Como lo demuestra por ejemplo
    Los medios todos
    Acá les va algo de lo que se viene con NAIDEN

    “ The personnel of the Federal Judiciary is insufficient to meet the business before them,” Roosevelt announced in a special message to Congress. His plan to fix the alleged problem: Pack the courts. “A constant and systematic addition of younger blood will vitalize the courts,” FDR declared, “and better equip them to recognize and apply the essential concepts of justice in the light of the needs and the facts of an ever-changing world.”
    Under the court-packing legislation that Roosevelt sent to Congress, the president would get to appoint one new federal judge for every sitting federal judge that had served at least 10 years on the bench and had failed to retire or resign within six months of reaching the age of 70. In practical terms, the bill would empower Roosevelt to completely reshape the federal judiciary, letting him name up to 44 brand new federal judges and, most important, up to six new Supreme Court justices, bringing the total in that body as high as 15.
    The odds of success certainly seemed to be in the president’s favor. Not only did Roosevelt’s party control both houses of Congress at the time but it did so by an absolutely lopsided legislative majority. In the House of Representatives, the Democrats’ advantage was a staggering 4–1. And “the president had so overwhelming a majority in the upper house,” the historian William E. Leuchtenburg noted of the Senate, “that several Democrats could find seats only across the aisle in the Republican section.”
    But then everything started to go wrong. Opposition to the plan rapidly mounted. What is more, the bill’s most effective adversaries turned out to be members of Roosevelt’s own party, such as the legendary progressive jurist Louis Brandeis, who deftly maneuvered behind the scenes to ensure the bill’s ultimate defeat. Like so many others at the time, Brandeis was frankly aghast at FDR’s blatant power grab. “Tell your president,” Brandeis coldly informed Roosevelt adviser Tom Corcoran after learning of the plan, “he has made a great mistake.”
    Despite its many perceived advantages—a popular president recently reelected, a friendly Congress full of ostensible allies—the court-packing plan would be dead and buried in less than six months, unceremoniously entombed within the confines of the Senate Judiciary Committee, from which it would never emerge.
    Eight decades later, a growing number of Democrats are ready to try again. “Should Democrats win” control of both Congress and the White House, declared New York Times columnist Jamelle Bouie in 2019, “they should expand and yes, pack, the Supreme Court…. Likewise, expand and pack the entire federal judiciary to neutralize [President Donald] Trump and [Senate Majority Leader Mitch] McConnell’s attempt to cement Republican ideological preferences into the constitutional order.”
    Joe Biden’s election to the White House has brought that scenario one step closer. At the time of this writing, the Democrats have a grip on the House of Representatives, while the future of the Senate remains to be decided by a pair of special elections that will be held in Georgia in January. Should the Democrats actually succeed in winning control of the upper chamber at some point in the near future, the arrival of a new court-packing scheme on Capitol Hill is within the realm of possibility.
    Historians have long been fascinated by the spectacular failure of FDR’s judicial gambit. Given the unruly state of American politics today, the story of how and why his court-packing bill met its demise may hold some potent lessons for the present as well.
    ‘THE JUDICIAL POWER’
    ACCORDING TO ARTICLE III, Section 1 of the U.S. Constitution, “the judicial Power of the United States, shall be vested in one Supreme Court, and in such inferior Courts as the Congress may from time to time ordain and establish.” The document says nothing about the number of judges needed to fill the bench.
    The Judiciary Act of 1789 took care of that, setting the size of the first Supreme Court at six. “Be it enacted by the Senate and House of Representatives,” the law read, “that the supreme court of the United States shall consist of a chief justice and five associate justices, any four of whom shall be a quorum.”
    That figure would fluctuate in the years ahead, dropping down to five justices at one point and then climbing to seven at another. The high-water mark came in 1863, when the Supreme Court briefly had 10 justices as a result of Congress expanding the federal bench to include the new U.S. Court of Appeals for the 10th Circuit. The Judiciary Act of 1869 would later fix the number of justices at nine, where it has remained ever since.
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    (Photo: Bloomberg/Getty)
    It doesn’t take Sherlock Holmes to discover the cause of Franklin Roosevelt’s beef with the Supreme Court. The simple fact is that FDR was sore about losing a bunch of big cases.
    Although the idea of tinkering with the size of the Supreme Court for the express purpose of filling it with simpatico jurists is most closely associated with Franklin Roosevelt, the idea was not original to him. His famous older cousin had floated the concept three decades earlier.
    In 1912, former president Theodore Roosevelt launched a third-party run for the White House under the Progressive Party banner. Attacks on the “reactionary” Supreme Court played a notable part in his campaign.
    The Rough Rider was particularly incensed by decisions such as Lochner v. New York (1905), in which the Supreme Court struck down a state economic regulation for interfering with the constitutional right to economic liberty. “If a majority of the people, after due deliberation, decide to champion such social and economic reforms as those we champion,” T.R. would say, “they have the right to see them enacted into law and become a part of our settled government policy.” Progressive voters and lawmakers, he maintained, “cannot surrender the right of ultimate control to a judge.”
    In order to combat Lochner and similar rulings, he declared, “it will have to be made much easier than it now is to get rid, not merely of a bad judge, but of a judge who, however virtuous, has grown out of touch with social needs and facts that he is unfit longer to render good service on the bench.”
    Cousin Franklin took that notion and ran with it.
    ‘EXTRAORDINARY CONDITIONS’
    IT DOESN’T TAKE Sherlock Holmes to discover the cause of Franklin Roosevelt’s beef with the Supreme Court. The simple fact is that FDR was sore about losing a bunch of big cases. Perhaps his most stinging defeat came on May 27, 1935—“Black Monday,” as despondent New Dealers came to call it—when Roosevelt lost three major cases in the course of a single morning, each one decided against him by a vote of 9–0. The most significant of the three was Schechter Poultry Corp. v. United States, which invalidated the National Industrial Recovery Act (NIRA) of 1933, the legislative centerpiece of FDR’s New Deal agenda.
    The Schechter case asked whether the NIRA represented an illegal delegation of lawmaking authority by Congress to the executive. Given the massive number of executive orders issued by FDR under the sweeping law, it seemed as if the president was becoming a lawmaking power unto himself.
    Also at issue in Schechter was whether the NIRA, which regulated economic activity down to the most minute local level, amounted to an illegitimate exercise of Congress’ power to regulate interstate commerce. The Schechter brothers, who operated a kosher slaughterhouse in Brooklyn, New York, sparked the case by running afoul of New Deal regulators by committing such supposed infractions as “destructive price cutting” and allowing customers to make “selections of individual chickens taken from particular coops and half-coops.” Not exactly “commerce… among the several states.”
    The Supreme Court ruled against the New Dealers on both counts. “Extraordinary conditions do not create or enlarge constitutional power,” declared the unanimous opinion of Chief Justice Charles Evans Hughes. That phrase was widely understood as a direct rebuke of Roosevelt himself. The NIRA must be struck down in its entirety, the chief justice wrote, or else “there would be virtually no limit to the federal power, and, for all practical purposes, we should have a completely centralized government.”
    FDR was furious. “The country was in the horse-and-buggy age when that clause was written,” he complained to the press, referring to the provision giving federal lawmakers the power to regulate commerce that crosses state lines. As far as he was concerned, the country needed a Supreme Court that would “view the interstate commerce clause in the light of present-day civilization.”
    A reporter then asked the president about his next move against the Court. “We haven’t got to that yet,” Roosevelt replied. Two years later, having been securely reelected to a second term, he would seek his revenge via the court-packing plan.
    ‘EMPHATICALLY REJECTED’
    SEN. BURTON K. Wheeler (D–Mont.) was nobody’s idea of a New Deal foe. In 1924, Wheeler was the Progressive Party’s vice-presidential candidate, serving as running mate to the famous Wisconsin leftist Robert M. La Follette. Later, as chairman of the Senate Interstate Commerce Committee, Wheeler would play a central role in the 1935 passage of FDR’s bill to regulate utility holding companies. Wheeler even had a personal stake in wanting to see New Deal legislation prevail in federal court. When the Supreme Court in 1936 struck down the Agricultural Adjustment Act of 1933 in United States v. Butler, Wheeler’s son-in-law, an economist at the Agricultural Adjustment Administration, was tossed out of work.
    Yet none of that prevented Wheeler from launching an all-out attack on FDR’s court-packing plan. “It is an easy step from the control of a subservient Congress and the control of the Supreme Court to a modern democracy of a Hitler or a Mussolini,” Wheeler fumed in a letter to the socialist leader Norman Thomas. Speaking to a national radio audience less than two weeks after FDR forwarded his judiciary bill to Congress, Wheeler went nuclear: “Every despot has usurped the power of the legislative and judicial branches in the name of the necessity for haste to promote the general welfare of the masses—and then proceeded to reduce them to servitude.”
    As Wheeler led the congressional fight against court packing, he acquired a powerful progressive ally in another branch of government. According to biographer Melvin Urofsky, FDR’s “scheme particularly alienated eighty-year-old Louis Brandeis, by then an icon of the liberals and considered by many of them the original New Dealer.” Brandeis, a sitting Supreme Court justice, would marshal opposition to the court-packing plan from inside the Court itself.
    Another nail in the coffin was driven home by the Senate Judiciary Committee, which issued a damning adverse report on the bill in June 1937. The court-packing plan “is a measure which should be so emphatically rejected,” the report stated, “that its parallel will never again be presented to the free representatives of the free people of America.” Seven of the 10 senators who signed that document were members of the Democratic Party. The killing of the bill was a thoroughly bipartisan affair.
    Ironically, Roosevelt could have avoided the whole embarrassing ordeal if he had just kept his cool and waited things out. By the time of his death in 1945—during his fourth term in office—FDR had appointed eight new justices to the Supreme Court. In the end, he got to leave his mark on the Court without any unsavory meddling with its size.
    ‘I BEAT THE SOCIALIST’
    IS THERE A Brandeis or a Wheeler among today’s Democrats—a figure willing to lead the fight against court packing from inside the liberal coalition?
    The late Ruth Bader Ginsburg might have been happy to play the role. It “was a bad idea when President Franklin Roosevelt tried to pack the court,” she told National Public Radio in 2019, and it would be a bad idea now. “If anything would make the Court look partisan, it would be that—one side saying, ‘When we’re in power, we’re going to enlarge the number of judges, so we would have more people who would vote the way we want them to.’”
    Maybe Joe Biden will consider playing the part. During his 2020 presidential campaign, Biden took pains to distance himself from the extreme left wing of his party. “I beat the socialist,” Biden bragged of defeating Sen. Bernie Sanders (I–Vt.) in the primaries. “That’s how I got elected. That’s how I got the nomination.”
    Biden also made certain efforts to distance himself from the growing Democratic calls for court packing. “If elected,” Biden told 60 Minutes, “I’ll put together a national…bipartisan commission of scholars, constitutional scholars. Democrats, Republicans. Liberal, conservative. And I will ask them to, over 180 days, come back to me with recommendations as to how to reform the court system, because it’s getting out of whack.” Such a commission, Biden stressed, is “not about court packing.”
    “Every despot has usurped the power of the legislative and judicial branches in the name of the necessity for haste to promote the general welfare of the masses—and then proceeded to reduce them to servitude.”
    Of course, Biden also conceded that the composition of the courts is a “live ball” among the Democratic base. But he added that “the last thing we need to do is turn the Supreme Court into just another political football, whoever’s got the most votes gets whatever they want.”
    Unlike Franklin Roosevelt, Biden has yet to see any of his signature presidential accomplishments go down in judicial flames. A few sharp losses at SCOTUS could push him into Roosevelt territory.
    Or maybe not. After all, many presidents have lost at the Supreme Court since 1937, including Biden’s old boss, Barack Obama. Yet none of them threw an FDR-sized temper tantrum and tried to rig the process for their own benefit. One hopes Biden will follow that historical precedent.
    The justices of the Supreme Court may be appointed by the executive, but they answer to the Constitution. No president should ever again launch such a shameful attack on the independence of a co-equal branch of government.
    Senior Editor DAMON ROOT is the author of A Glorious Liberty: Frederick Douglass and the Fight for an Antislavery Constitution (Potomac Books).
    Illustration: Joanna Andreasson; Source images: Michael Ochs Archives/Getty, FPG/Archive Photos/Getty, Bob Daugherty/A.P. Photo, Wikimedia, Public domain ■

  7. Maria 26 December 2020 at 5:44 pm Permalink

    La pregunta es: por qué no quisieron ver y oír las pruebas del fraude?
    Los habrán amenazado?
    Que pasara el día 6?
    Ese día es decisivo, porque los legisladores ssd i vieron y oyeron lo que las cortes no quisieron.
    Y se que al final el 20 de Enero, Trump seguirá su segundo mandato.
    Y uds democratas tendrán que soportarlo, como tuvimos que soportar a Obama, regalando USA por 8 años…

  8. Orlando 26 December 2020 at 9:12 pm Permalink

    Con lo caliente que es. Jajaja, debe estar poniéndome cuernos.

    Las clases de la Universidad son on line. Pero me imagino que conoce jóvenes.

    Y ahora recuerdo ese día que me canceló una cita a último minuto
    Ja ja ja

    Me hizo cornudo

    Jajaja
    La citaron para una reunión de la universidad a toda carrera

    Estoy muerto de risa.

    ?No sabes lo jodedor que soy?

  9. Manuel 26 December 2020 at 10:44 pm Permalink

    The debate over Huawei is really a debate about American technological superiority—or rather, about how America should respond to a changing world in which its technological superiority is no longer guaranteed.
    “A technonationalist view of the world and the reality of global supply chains are simply incompatible,” says Weinstein. “That’s the root of the tension.”

    ERIC BOEHM is a reporter at Reason.
    Illustration: Joanna Andreasson; Source image: Rudnijvlad/Dreamstime ■

  10. Manuel 26 December 2020 at 11:01 pm Permalink

    A week before the 2020 election, he quit The Intercept, the online news organization he cofounded in 2014, because, by his account, it refused to run a story unless he “remove[d] all sections critical of” Democratic presidential candidate Joe Biden. Denouncing what he called “the pathologies, illiberalism, and repressive mentality” that led him to be what he characterized as “censored” by his own media outlet, Greenwald railed that “these are the viruses that have contaminated virtually every mainstream center-left political organization, academic institution, and newsroom.”
    Like a growing number of refugees from more-traditional news organizations, Greenwald took his talents to Substack, a platform that lets independent content creators earn revenue directly from their audiences. He wasted no time lobbing grenades, posting stories and videos with titles like “No Matter the Liberal Metric Chosen, the Bush/Cheney Administration Was Far Worse Than Trump” and “The Three Greatest Dangers of Biden/Harris: Militarism, Corporatism and Censorship, All Fueled by Indifference.”
    Reason’s Nick Gillespie spoke with Greenwald via Zoom in November. The reporter appeared from his home in Brazil, where he lives with his husband, two children, and numerous dogs. Among other topics, they discussed what Greenwald sees as a generational fight playing out in newsrooms and what he fears from Biden’s presidency.
    Let’s start with you leaving The Intercept, this amazing publication that you helped start only a few years ago. What happened?
    Well, some of you may recall that when I created The Intercept with Laura Poitras and Jeremy Scahill, it was at the height of the Snowden story back in 2013. I was at The Guardian at the time. And I had received a lot of support institutionally and editorially from The Guardian. But I began noticing, as I worked with other media outlets to report that story, a lot of internal obstacles that they thought were quite difficult to overcome in terms of doing the reporting not just with that story but that, in general, I thought needed to be done.
    Because Laura and I had a lot of visibility with that story, and Jeremy had done a lot of high visibility reporting of his own, including having produced a film about [then–President Barack] Obama’s war on terror called Dirty Wars that had received an Oscar nomination, we had a lot of leverage to create a new media outlet. We obviously didn’t do that, given that we all had very good platforms at the time to replicate what was already being done.
    We only left the places we were at, which were very secure, because we thought we could do something different in journalism. One of the principal visions we had was that the model for how journalism is often conducted inside corporate media outlets—which is this hierarchical top-down structure, where editors impose not necessarily an ideology as much as a tone. So they flatten out the vibrancy and personality and voice in journalism…. It was making it not just ineffective but actually quite boring.
    The idea was, it’s going to be a journalism-led media outlet, where editors are there to help you when you need it, to kick the tires on stories, to make sure that things are factually sound. But they’re not the bosses. They’re not the people you have to overcome who decide whether you can be heard or not. And I had written into my contract, just like I did at The Guardian and Salon, that except in very rare cases where there is very complex original reporting, like in the Snowden story and the Brazil reporting we did last year, that I would just publish directly to the internet with no editorial intervention.
    That was the model we were building, that I thought I was building. I never thought it had anything to do with ideological dogma, and certainly never fealty to any political party. I was a vehement Obama critic at the time, and before that was a vehement critic of George Bush and Dick Cheney. We called ourselves adversarial, because we were going to be adversarial to political power, not subservient to it.
    I felt as though we had gotten off course for a few years now by becoming more and more linked with the Democratic Party. Particularly in the age of Trump, where we had become not so much a journalistic outlet but more an activist outlet, designed not to report the truth no matter who it aggrandizes or angers but serving the interests of the Democratic Party. And more so, undermining the interest of Donald Trump, which ultimately became the same thing.
    It all culminated in them essentially telling me that I couldn’t publish my own story… at a news outlet that was built on my name…. It was a huge irony. And being stifled in saying what I wanted to say, obviously, was something I could never accept, and my readers wouldn’t want me to. So I left.
    You’ve written that the Bush-Cheney administration was far worse than the Trump administration. You’ve also argued that in various ways the Obama administration was worse.
    I started writing about politics because I thought the media was so dormant and complacent about these radical assaults on civil liberties under Bush and Cheney taking place during the war on terror. And then under Obama, they went to sleep even further. They got hypnotized into thinking that he was a noble and benevolent leader.
    “That’s the one old journalism trope that I agree with, which is that if you vote, you psychologically become too connected to a politician. I prefer to just keep my distance.”
    I’ll give you just one example, which is press freedom. Under Obama, as I’m sure you know, the Espionage Act of 1917—one of the most pernicious laws we have on our books; it was enacted under Woodrow Wilson, and it was designed to criminalize dissent from U.S. participation in World War I—was invoked against whistleblowers and sources, like Edward Snowden and Chelsea Manning and a dozen others, more under Obama than every other prior president combined. It ended up being three times more prosecutions under the Espionage Act for our sources as journalists than all previous presidents, including Nixon or Eisenhower or whoever you want to pick. And the press said almost nothing.
    Trump gets in, and The Washington Post changes its motto to “Democracy Dies in Darkness,” essentially saying press freedom is under assault. [White House reporter] Jim Acosta writes a bestseller with some pompous, self-glorifying title, like Danger: Reporting in the Era of Trump. What the fuck ever happened to Jim Acosta that constitutes an assault on press freedom? The worst thing Trump ever did to any of them was to say mean things about them in tweets. Those aren’t assaults on press freedom. I was threatened by the Obama administration with prison when I was doing the Snowden reporting. I was criminally indicted by the [Jair] Bolsonaro government at the beginning of [2020] for the reporting I did in Brazil. Those are attacks on press freedom. Saying Jim Acosta is an idiot, and tweeting something insulting about Wolf Blitzer, isn’t.
    So you go through those metrics. George Bush and Dick Cheney started new wars in Iraq and Afghanistan. Obama started new wars in Libya and Yemen. What new wars did Donald Trump start? He escalated bombing campaigns, which he inherited, in a pretty grotesque way. But he didn’t start any new wars.
    When you look at things like the destruction of Iraq or the implementation of a torture regime—what has Donald Trump done that even remotely compares in terms of moral evil to any of that? Nothing. And yet we’re supposed to treat George Bush and Barack Obama like morally upstanding statesmen and Donald Trump like the literal reincarnation of Hitler.
    Did you vote for Donald Trump in the last election?
    I didn’t vote. It’s ironic: That’s the one old journalism trope that I agree with, which is that if you vote, you psychologically become too connected to a politician. I prefer to just keep my distance.
    After leaving The Intercept you migrated to Substack, a service that allows creators to put up whatever content they want and then to charge money for it. You charge $50 a year or $5 a month for what you produce there. A lot of other people are doing the same thing: Andrew Sullivan, Matt Taibbi, Matt Yglesias. Is this the future? Is it scalable?
    I think it’s grounds for being optimistic, in the sense that it isn’t just people like me…. It’s letting new voices be discovered too. Substack says, “We’re not approving or disapproving the content that goes out on our platform. We’re just providing a service that allows people to come and monetize their journal-ism or their writing.” In that sense, it is good.
    “Journalists view the dissemination of information about what powerful people are doing in the dark not as their principal function and purpose—which is what it ought to be if we had a healthy media—but as something to be denounced and condemned.”
    But…whatever independent entity arises that gives journalists freedom and begins to compete with corporate media outlets, they turn their guns on it. People don’t realize this. The main reason Facebook and Google and Twitter so actively censor now isn’t because they wanted to. They don’t want to. They never wanted to. They wanted to tell that story that Substack is telling—that AT&T tells, right?—which is, “Look, we’re just a neutral platform. We don’t pick and choose who gets to speak.”
    Nobody expects if Milo Yiannopoulos calls Alex Jones on AT&T and does a conference call that AT&T intervenes and cuts off their service, because people accept that AT&T is a content-neutral service. That’s what Facebook and Twitter wanted to be. They had to stop doing that. They had to start censoring…because journalists at CNN and NBC and The New York Times demanded they do so. Turning on their huge megaphones and saying, “Look at the extremists and the hatefulness these platforms are giving voice to.” And they’re going to do the same thing to Substack and Patreon. It’s just a question of time.
    You sketch out an economically driven reason for the homogenization of journalism. It’s partly that people at CNN and The New York Times want to get rid of anything that’s going to get more eyeballs than they do. But some of the work that you’ve done recently has been in starkly ideological terms. Can you talk a little bit about what’s going on at the American Civil Liberties Union (ACLU) and how that reflects or refracts larger ideological questions, particularly on the left?
    In one sense, what’s happening at the ACLU is the same thing happening on every college campus, practically; in corporate workplaces; and also in newsrooms. It largely breaks down on generational lines. Not completely, of course, but largely.
    This younger millennial set—who are now not that young anymore; they’re in their mid-30s or older and starting to assume managerial authority within these institutions—grew up believing that free speech is not an absolute value, and that it needs to give way in all kinds of instances where more important political agenda items and more important political values are in conflict with it, as they understand it. By which they mean: Ideas and arguments that may endanger marginalized people by making them uncomfortable, or that might lead to the implementation of harmful policies by convincing people to support them, are not ideas that should be heard. They’re ideas that should be suppressed in the name of these greater political values.
    So this conflict that is in the ACLU, in one sense, is a common one. The problem is the ACLU is a singular organization…. They really were the only game in town when it came to defending an absolutist framework of free speech. They didn’t give a shit what other values were at play.
    These Jewish lawyers in the 1970s represented the actual Nazis who were wearing swastika armbands and their right to march down the streets of Skokie, Illinois, where a large population of Holocaust survivors were. That’s how radical they were. And not just free speech but also due process. The idea that you cannot, no matter how odious a person’s crime is that they’re accused of, assume their guilt without giving them full due process.
    I know a lot of people at the ACLU. I’ve worked with the ACLU for years. I have a lot of friends there who are lawyers. And they are now being riven by the same conflicts. Part of it is financial—after Trump, a huge number of liberals who thought the ACLU was just a liberal organization gave millions and millions of dollars, not in the name of civil liberties but in the name of stopping Trump, which sometimes converged and sometimes didn’t. So they started becoming an overtly political organization.
    What do you think drives that generational shift? Part of it probably is just that every generation rebels or pushes away from the older generation. But it does seem that younger people do not see the idea of free speech as an absolute right. How did that happen?
    I have to say, when some pundits, like [New York magazine’s] Jonathan Chait, were obsessed with these college campus controversies, I really didn’t pay much attention. Because I just thought: I had a lot of views in college, and I grew out of them. I wasn’t interested in chiding 21-year-old sophomores at Oberlin. I didn’t think that was a very important power center to go and denounce and confront the way Jonathan and others were doing obsessively.
    They turned out to be right in the sense that [the students] didn’t grow out of it. They brought it with them to their workplaces. And as I said, these millennials aren’t 20 anymore. They’re 35 and 40, and they still haven’t grown out of it.
    When you learn in childhood that if you have something unpleasant, you run to mommy and daddy, who protect you from it…. And then you go off to college, and you have deans in your dorms and administrators who, if you hear something in class that upsets you, they don’t tell you to argue against it. They coddle you and tell you that you have a right to be safe from those things. And then you get to your workplace, and you hear a colleague saying things that upset you because you think they’re terrible or destructive or harmful or wrong. Instead of engaging them, writing about them, the way journalists used to do…they run to human resources. They turn it into an H.R.complaint.
    And I think the best book that I’ve read is one that I’m sure is known to a lot of your audience, which is The Coddling of the American Mind by Jonathan Haidt [and Greg Lukianoff]. In fact, it explained it so well that it actually changed not just how I viewed these issues as a journalist who writes about free speech but also even as a parent. If [your kids] have something that’s upsetting them, your instinct is to go protect them. I realized, no, sometimes you have to just let them experience the unpleasant thing and learn those skills about how to navigate it.
    In preparing for this, I came across an old CNN appearance of you arguing with Jeffrey Toobin about the release of the documents that Chelsea Manning gave to WikiLeaks. You were arguing that this was a good thing. It was beneficial for citizens to know what was going on. Toobin was saying, as a journalist, that we should not have access to these sorts of documents, because the government said they were secret. Do you expect to see that dynamic with the news media going forward?
    One of the things that really bothers and disturbs me the most is that, as we were talking about earlier, the intention of Facebook and Google and Twitter, and Silicon Valley in general, from the beginning was not to censor. They began to censor because journalists demanded they do so, in part because journalists are authoritarians who believe that the modes of information [should be] regulated by them and by others. That’s just unfortunately the modern-day mentality of the journalist. It used to be an anti-authoritarian mentality. Now they work for big corporations and become authoritarians.
    But also, they don’t believe in the right of citizens to confront power centers. They think that reporting means somebody in power, like in the CIA or the FBI, gives you information and tells you to go repeat it to the public. And then you go and do that. And they think that’s reporting. But if somebody’s outside of the scope of power—like some low-level Army private, like Chelsea Manning, who doesn’t occupy an important position in Washington, or Edward Snowden—does the same thing, not with the intention of propagandizing but with the intention of illuminating, they view that as criminal.
    Journalists view the dissemination of information about what powerful people are doing in the dark not as their principal function and purpose—which is what it ought to be if we had a healthy media—but as something to be denounced and condemned.
    What do you think the future holds for whistleblowers under Biden and [Vice President–elect Kamala] Harris?
    The irony is, we were talking earlier about how media figures have petulantly whined about trivial acts on the part of Trump, like tweeting mean things about Wolf Blitzer and Chuck Todd. And the reality is that the only thing the Trump administration really has done that’s genuinely menacing to press freedom is the prosecution and attempted extradition of Julian Assange, for publishing not information in connection with the 2016 election but the 2010 Iraq and Afghanistan war logs and diplomatic cables that exposed war crimes and other acts of barbarism and savagery on the part of the U.S. and allied governments. The theory that’s being used to prosecute Assange is one that would criminalize almost any journalist. In fact, the theory used by the Bolsonaro government [in Brazil] to try and indict me earlier this year was very similar to that theory. I think they thought, “Well, if the U.S.government is doing this to Assange, we can do this to him.” And it will be used against other journalists as well.
    I think that Trump remembers several things. He remembers that Julian Assange published information about Hillary Clinton that helped him win. He realizes that Edward Snowden risked his liberty and has been in exile for seven years now, because he exposed the abusive nature of spying powers of the [National Security Agency] and the CIA and the FBI that were used against the Trump campaign and then the Trump administration. And [he knows] that the people who want Julian Assange and Edward Snowden punished, John Brennan and James Clapper and Susan Rice and Mike Hayden, are the same people who have worked clandestinely, and I think corruptly, to undermine the Trump campaign and then the Trump administration, using and abusing the powers of the state to do so.
    The reason they want Julian Assange to die in prison, and the reason they want Edward Snowden to have to live out the rest of his life in Russia, or be in prison as well, is obviously not because they regard them as ongoing threats but because they want to create a climate where people who discover illegal acts on the part of powerful people inside the government, who want to expose those acts the way Snowden or Manning—who was tortured—or Assange have done, think to themselves, “Wait, if I do that I’m going to have my life destroyed the way these people did.”
    The people who prosecuted Snowden was the Obama administration. The people who tortured and prosecuted Chelsea Manning was Obama. Even though he added a humanitarian gesture after seven years and let her go by commuting her sentence. They chose not to prosecute Assange even though they wanted to, but that was before the 2016 election. They now hate him even more, and so I’m sure they’re going to continue that prosecution as well.
    So I’m very worried about what a Biden-Harris administration is going to do when it comes to leakers and whistleblowers and sources, except for the ones who are leaking to their approved journalists for reasons that are designed to advance their interests.

    f0044-01
    (Photo: Leo Correa/A.P.)
    This interview has been condensed and edited for style and clarity. For a video version, visit reason.com. ■

  11. Orlando 27 December 2020 at 3:42 am Permalink

    Ayer mientras jugábamos ajedrez, me preguntó el bobito de qué yo vivía.

    “Retirado”

    “?De Cuba? Eso no alcanza”

    De gringolandia”

    Los cuatro tíos que jugaban ajedrez levantaron sus cabezas del tablero a pedirme invitación a cafés. Ji Ji Ji Ji Jo Jo.

    Respuesta

    “Las mujeres me tienen seco” Ji Ji Ji.

    Eso es verdad. Jajaja. No estoy llegando a fin de mes. Parece que no voy a llegar a fin de mes hasta que no se me caiga eso. Ji Ji Ji

  12. razón vs instinto 27 December 2020 at 5:29 am Permalink

    Es recontra evidente, por el futuro de los EEUU y dado el caso en el que el 68% de los votantes de Trump cree que hubo fraude, que el poder judicial debe tomar cada una de las denuncias para dejar perfectamente aclarada su posición respecto a de cada una de ellas. Investigar de la manera más transparente posible todas las denuncias por más inverosímiles o estúpidas puedan verse en caso que lo sean y con ello dejar lo más claro posible que fué lo que sucedió en las elecciones. Si fueron limpias o si hubo fraude y si lo hubo si fué masivo o fueron simples maniobras aisladas de unos pocos idiotas que siempre están presentes.
    No puede ser que un periodista de la talla de CAM diga “no parece que haya habido fraude”.
    La frase debe ser tajante, “no hubo fraude” o “sí hubo fraude”. No cabe la posibilidad “parece”.

    • bacu 28 December 2020 at 9:27 am Permalink

      Ramiro, muy de acuerdo. No estamos para ambigüedades en una cuestión tan importante para cualquier pais y en particular para este. Si no hubo fraude, entonces por que no se oyen las demandas? Si hubo fraude, entonces hay que oir las demandas, en los dos casos las cortes debieron aclarar la situación y lo de la corte suprema fue realmente bochornoso. No merecen realmente el cargo que ostentan. Saludos.

  13. Orlando 27 December 2020 at 7:47 am Permalink

    Estos comunistas no saben qua van a inventar para dárselas de bondadosos con los pobres. Publicaron en Cubadebate las miserias de un anciano carbonero a quien creen que la revolución le ha dado todo. Jajaja. Ha trabajado como un esclavo toda su vida en los grandiosos planes del Comandante en Jefe. Era y es, sigue en lo mismo aunque con menos bríos, lo máximo sacando carbón del monte. Y hoy no tiene ni qué comer.

  14. Manuel 27 December 2020 at 11:22 am Permalink

    Julio César Guanche, 46 años, doctor en Ciencias Sociales, profesor de la Universidad de la Habana por una década y visiting scholar y visiting professor en Harvard University, Northwestern University (Illinois) y Max Planck Institute for European Legal History (Frankfurt).

    Guanche, quien trabajó por años en la Casa del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y ha publicado varios libros, no habla desde Miami, o desde quienes quieren derrocar al régimen cubano. Él, como tantos, asume que la crítica, el diálogo y la defensa de todas las libertades no pueden limitar con Miami sino con la esencia de toda revolución si de verdad -como decía Alfredo Guevara- «la revolución es lucidez».

    F.Z.—En un texto publicado en tus redes sociales titulado «La Cuba de anoche», donde narras la manifestación frente al Ministerio de Cultura, escribes: «tenemos la obligación moral de entender la Cuba de anoche como algo que en ningún caso se trata de ‘una pandilla de contrarrevolucionarios haciendo causa común con terroristas’. El que sostenga y aliente esa narrativa tiene que saber que es culpable de proponer el escenario de futuro más horrible que podríamos tener por delante: el que asegura el espacio de ‘nosotros’ contra los demás». Ese deseo no se está cumpliendo, pareciera que el Gobierno estaría cerrando filas en contra de los manifestantes y quienes los apoyan. Desde una óptica general, ¿qué está pasando en Cuba?

    —La situación tiene algo de inédita y su origen puede leerse en varias claves. El actual escenario cubano expresa el cambio generacional, social y cultural que experimenta Cuba desde hace años. Expresa cómo la sociedad cubana comparte problemas y promueve agendas que están interconectadas con el entorno internacional, como lo son temas de derechos políticos y civiles, y demandas de clase, raza y género.

    Ninguno de los que estuvo el 27N frente al MINCULT nació ese día a la vida política en Cuba, como tampoco los que protagonizaron las protestas del Movimiento San Isidro. Se trata de sujetos emergentes que no son iguales entre sí, pero comparten demandas que, en varios casos, son transversales. Estas, me parece, no se pueden reducir a una sola posición de izquierda o de derecha, y menos a la de «revolucionarios versus contrarrevolucionarios».

    Muchos de los presentes en el MINCULT estuvieron también en mayo de 2019 en la primera marcha independiente convocada en Cuba a favor del orgullo gay. Otros habían participado por años de un largo y problemático proceso de negociación con el Estado cubano en torno a la libertad creativa y el reconocimiento del cine independiente. Otros tienen militancia en organizaciones opositoras que niegan toda legitimidad al Estado cubano.

    Unificar toda esa diversidad en una sola etiqueta no arroja luz sobre la situación.

    En otros contextos, la diversidad de esas demandas ha encontrado representación en movimientos sociales o articulaciones gremiales autoorganizadas. Hasta el momento, todas esas formas son inexistentes en Cuba, un país cuya política oficial se sigue manejando en términos de partido único «de vanguardia» con el apoyo de «las organizaciones de masas». En ello, ese discurso entiende que «revolucionario» es primariamente el hecho de participar de ese esquema.

    Es muy peligroso unificar toda diversidad que pretenda expresarse fuera del Estado —o en combinaciones de dentro y fuera del mismo— como contraria al sistema político del país. Hacerlo es construir un arco «enemigo» que forme un espectro de casi 180 grados (izquierdas, derechas y variantes de cada una de ellas) a partir del hecho de recurrir a espacios de demanda y circulación de discursos alternativos a los aprobados por el Estado cubano.

    Por ello, entiendo que lo que está sucediendo en la isla expresa el agotamiento, o al menos los gruesos límites, de los cauces de representación ofrecidos por el sistema político cubano y sus instituciones. En ello, aparece la pregunta por cuáles son las «mayorías» en Cuba, y sobre todo la pregunta de mayorías para qué. Es un hecho que una abrumadora mayoría aprobó la actual Constitución (2019) con el sistema socialista que consagra, pero es difícilmente aceptable que mayorías defiendan, por ejemplo, la política de construcción masiva de «enemigos» que, en nombre del «socialismo», tiene consecuencias nefastas en términos de difamación, privación de puestos de trabajos por motivos ideológicos, recorte de derechos y exclusión política.

    La actividad de la administración estadunidense para «capturar» la actual coyuntura a su favor se inserta en la larga historia de agresiones de ese régimen político contra Cuba y forma parte de la ecuación de análisis del presente. De hecho, en medio de la crisis de San Isidro y del 27N, la administración Trump ofreció grants por un valor de 1 millón de dólares para apoyar iniciativas de la sociedad civil frente al régimen político cubano. No es una cifra aislada: se suma a la de al menos 67 millones que en los últimos cuatro o cinco años han sido destinados a programas orientados a lograr la «libertad» de Cuba.

    Ahora bien, el Estado y la sociedad cubanos, y todos los actores comprometidos con la soberanía nacional, tienen el compromiso de denunciar ese tipo de interferencia a la vez que el de reconocer la existencia de un espacio legítimo de confrontación dentro de Cuba. Ello debe llevar a identificar como manipulación política, de una moralidad inaceptable, el hecho de reconducir toda crítica realizada en Cuba a la «dependencia de la agenda imperialista». No hacerlo forma también parte del agotamiento de los cauces de representación ofrecidos por el sistema político cubano y sus instituciones.

    Manifestación del 27N frente al Ministerio de Cultura de Cuba, La Habana. (Foto: Gabriel Guerra Biancini)
    F.Z.—Entonces, ¿no es una cuestión exclusivamente cultural lo que está en discusión? ¿Qué más crees que forma parte de esta coyuntura?

    —La situación tiene un componente central de demandas de artistas e intelectuales, vinculadas a exigencias de libertades de expresión y de creación. Sin embargo, la «sentada» frente al MINCULT del 27N se comunica también con otros problemas nacionales. Esa es una clave para entender por qué la protesta de San Isidro, y luego la del MINCULT, se esparcieron del modo en que lo hicieron, más allá de las diferencias entre ellas, hasta llegar a convertirse en un tema de conversación nacional y de atención internacional.

    Entre esos problemas nacionales se encuentran las preocupaciones y las contestaciones frente al rumbo económico tomado por el país, con el aumento de la pobreza y la desigualdad, la enorme carestía de la vida cotidiana y la abrumadora dificultad para resolver carencias de primeras necesidades. Esos problemas enfrentan un amplio campo de críticas frente al ritmo de la toma de decisiones económicas por parte del Estado y al perfil de varias de las medidas que ha adoptado, como por ejemplo la inversión, muy desproporcionada, en materia turística en detrimento de la inversión en agricultura y de la producción nacional de alimentos.

    Lo sucedido frente al MINCULT expresa también la toma de conciencia y la elaboración propia de un lenguaje de derechos y de repertorios de contestación hasta hace poco desconocidos en Cuba. Confirma el desplazamiento de la oposición tradicional —que nunca estuvo en el centro del escenario— y hace más visible una nueva zona crítica, parte importante de la cual no se identifica como «disidente» —etiqueta que otorga un margen de maniobra muy controlado por el Estado—, al tiempo que posee una visión cuestionadora del desempeño estatal.

    Esta es una zona que sí puede ganar enorme protagonismo en el debate y la construcción política nacional, y es la razón por la cual la maquinaria propagandística más conservadora de la ideología cubana la ha tratado de reducir, de modo delirante, a la condición de «mercenarios» o personas al servicio de la CIA.

    F.Z.—¿Qué tiene de diferente lo que ocurrió el 27 de noviembre con otros momentos o situaciones donde el Gobierno ha sido interpelado a través de manifestaciones populares ¿Qué hace tan singular esto? ¿Cómo proyectas este momento político en Cuba hoy?

    —En concreto, lo que ha pasado después del 27 de noviembre tiene de «más de lo mismo», a la vez que posee también novedades.

    Por un lado, la situación actual viene de un contexto en que ya se estaban usando prácticas difícilmente legales de detenciones exprés, interrogatorios por parte de la Seguridad del Estado e imposición de multas sobre la base de muy dudosos fundamentos legales contra personas no sólo «disidentes», sino también contra aquellos con perfil crítico pero sin causa jurídica alguna contra sí. Ahora, además, se han reiterado prácticas abiertamente ilegales de control de movimientos (arrestos domiciliarios a personas sobre las que no pesa causa pendiente) y de privación de comunicaciones (retirada selectiva de los datos móviles a personas específicas del servicio de telefonía y acceso a internet). Lo antes dicho ha ocurrido lo mismo con personas relacionadas con el Movimiento San Isidro como relacionadas con el 27N.

    También ha existido, en parte, cooptación estatal de iniciativas autónomas de izquierdas, básicamente juveniles, como lo ocurrido con la cobertura mediática realizada sobre la «Tángana» del Parque Trillo. Asimismo, se han realizado reuniones con público selectivo —con invitaciones de «a dedo»— para tener encuentros con las autoridades culturales del país y afirmar que así se continúa el diálogo prometido el 27N. (Mientras tanto, no es raro que varias de las intervenciones producidas en ese tipo de encuentros hayan mostrado agendas en común con el 27N). Además, han ocurrido intentos de «asesinatos de reputación» en los medios estatales contra personas con perfil crítico, a las que se acusa sin prueba alguna ni derecho a réplica de estar subordinados a agendas externas de subversión contra Cuba.

    Todo esto es «más de lo mismo».

    Sin embargo, también hay novedades. Instituciones oficiales, como las secciones de la UNEAC y de la AHS de la Isla de la Juventud, intervinieron en el debate con una imaginación muy diferente a la que usaron los medios estatales para impugnar todo lo relacionado con el 27N. Iniciativas de izquierda, como el proyecto La Tizza se opusieron a permitir «que la espontánea iniciativa de un grupo de compañeros sea secuestrada por los temerosos custodios de una fe que consideran feudo…» y convocaron espacios de reflexión sobre la democracia socialista en instituciones oficiales —como el Instituto Juan Marinello, un viejo bastión del pensamiento crítico dentro del país. Organizaciones de la sociedad civil cubana reconocida por el Estado, como el Centro Martin Luther King Jr., declararon a favor de la necesidad del «diálogo enfocado en el bienestar colectivo, en la inclusión, en la cooperación, para recrear un proyecto de justicia, equidad, paz, dignidad y libertad». A la vez, están naciendo nuevos proyectos de articulación ciudadana, como «Articulación Plebeya», comprometidos con la soberanía nacional a la vez que con la democracia política, social y cultural para Cuba, al tiempo que se multiplican cartas y declaraciones sobre la actual situación, que con diversos perfiles ideológicos, movilizan opinión y alianzas (entre ellas, cartas de residentes en el exterior, cartas de académicos, declaraciones de feministas, etcétera). En todo esto, hay novedades.

    Para mí, lo más nuevo que estamos viviendo es que la política —entendida como demanda por crear el orden y no sólo como el hecho de participar del existente— ha irrumpido en Cuba de modos que resultan para muchos no acostumbrados. Esos modos también «han llegado para quedarse».

    F.Z.—En esa línea, ¿por qué valores esenciales como los que contiene la libertad de expresión pueden estar reñidos con la revolución? ¿Acaso las izquierdas no deben ser esencial e irreductiblemente libertarias?

    —Permíteme repetir algo que escribí al día siguiente de esa noche frente al MINCULT: «Este país, y el país de anoche, no es un país de mercenarios. Lo que sucedió ayer fue todo lo contrario. Viví miedo y alegría, viví solidaridad, viví ayuda mutua concreta, vi a gente conversando normal en medio de todo. Esos son valores revolucionarios. Cuando salieron los que estaban en la reunión, y se dijeron palabras que nunca se habían dicho así en público, en un recinto público, vi respeto y vi esperanza. Esa esperanza es sobre Cuba, sobre el mejor futuro del que somos capaces. El futuro que nos merecemos. El que quiera pensar que es solo sobre San Isidro, puede hacerlo, pero se equivoca. El que sienta que debe defender “la revolución” contra lo que sucedió ayer, que lo haga, pero también se equivoca. La Revolución no está en un lugar, en un parque, en un acto. Está donde quiera que haya convicción moral por la justicia y pasión política por la libertad».

    No hay contradicción entre defender la libertad de expresión y la revolución. Más bien, es lo contrario. Sin defensa de los derechos universales, sin compromiso con su carácter interdependiente, sin lucha para hacerlos social y políticamente accesibles para todos, no hay revolución posible ni deseable. Las izquierdas cubanas que no afirmen que la democracia —entendida como capacidad de producir libertad y justicia en lo político, lo social y lo cultural, y no sólo como un recurso institucional para el manejo de lo político— es el camino de nuestras soluciones, están haciendo un pésimo «favor» a la revolución, o incluso están, peor aún, oponiéndose a ella.

    Manifestación del 27N frente al Ministerio de Cultura de Cuba, La Habana. (Foto: Gabriel Guerra Biancini)
    F.Z.—¿Es optimista Julio César Guanche con el futuro de su país?

    —Déjame, por favor, volver un poco al principio. Te decía que el cambio generacional, social y cultural experimentado por la sociedad cubana no encuentra espacio en la forma de hacer política en el país. No se trata sólo de la edad de los actores institucionales, sino de cuáles son los códigos que manejan.

    Esos códigos mezclan nuevas y viejas ideas en un todo que se parece más a la necesidad de acomodar entre sí las distintas imaginaciones de los sectores con más poder en Cuba. Entre ellos, algunos son muy conservadores y otros más «modernizantes», pero conviven entre sí sin dar muestras públicas de sus divergencias y sin hacer visible frente a la ciudadanía que sus conflictos son una clave de la toma de decisiones actuales, que pasa por «los peligros que enfrenta el país» pero también por la lucha interna por controlar poder.

    En lugar de ese complejo de ideas y prácticas contradictorias entre sí —en la que algunos han visto una manera de traducir a la cubana la idea de «un paso adelante y dos atrás»—, debería poder visibilizarse un esfuerzo consciente de elaborar un renovado horizonte de futuro para el país que ofrezca esperanza y confianza. Sin ambos —esperanza y confianza— es muy difícil producir optimismo.

    En concreto, algunos contenidos del discurso oficial apuntan hacia adelante. La consagración del Estado socialista de Derecho y la provisión de nuevos derechos y garantías en la recientemente aprobada nueva Constitución (2019), es parte de ello. Ese hecho toma conciencia de que la clave de renovar la hegemonía en Cuba no pasa por la legitimidad del liderazgo histórico —que en 2021 abandonará el escenario definitivamente tras el próximo Congreso del Partido Comunista, contando ya con más de noventa años de edad —, sino en la calidad de su desempeño institucional y en su capacidad para producir justicia social y generar inclusión política.

    En sentido contrario, otros contenidos del discurso oficial apuntan hacia atrás. Se mantienen formas discursivas y organizativas hace mucho tiempo agotadas, que poco o nada tienen que decir a muchos actores de la renovada sociedad cubana. Por ejemplo, la pretensión de reconducir toda la agenda de demandas hacia el cauce de las instituciones existentes, sin reconocer la trayectoria de desgaste que poseen, junto a la gran dificultad existente para crear nuevas formas asociativas, la recuperación de «actos de repudio» para contener la protesta —entre otros recursos que muchos consideran desde hace tiempo inaceptables—, y la pervivencia de discursos sobre el «derecho de la revolución a defenderse» que desconocen el marco constitucional que el propio Estado califica de revolucionario y al cual está obligado como requisito primero de su legitimidad.

    Soy, en verdad, poco optimista sobre nuestro futuro. El optimista puede ser un pesimista bien informado, dice una vieja frase. Gramsci hablaba del pesimismo de la razón frente al optimismo de la voluntad. Desde la razón, hay muchos motivos para el pesimismo en y sobre Cuba. Desde la voluntad, el optimismo en el que puedo creer es el que provenga de la sabiduría patriótica colectiva cubana.

    De poder abrirse paso ella en esta situación —lo que significa la apertura y el desarrollo de espacios para su organización y su expresión tanto como la extensión de los diálogos que pueda establecer con el Estado y consigo misma—, es de donde puede provenir el optimismo deseable, el que es sinónimo de lucidez, el que entiende que la revolución es el camino abierto a la esperanza de que una Cuba mejor, también, es posible.

    *Faride Zerán: Periodista de larga trayectoria. Premio Nacional de Periodismo y Vicerrectora de Extensión y Comunicaciones de la Universidad de Chile. Fue fundadora y directora de la revista cultural Rocinante. Ha publicado «La guerrilla literaria. Huidobro, De Rokha, Neruda» (1992), «Desacatos al desencanto» (1997), «Las cartas sobre la mesa» (2009) y «Carmen Waugh. La vida por el arte» (2012), entre otros libros.

    Esta entrevista fue originalmente publicada en el sitio Palabra Pública, de la Universidad de Chile.

  15. Orlando 27 December 2020 at 12:59 pm Permalink

    Increíble que una artista tan súper conocida esté grave por el Covid-19 y la prensa cubana no lo reporte.

  16. Orlando 27 December 2020 at 2:14 pm Permalink

    Edu.

    Te recomiendo leas en la Joven Cuba de hoy

    Este país no es un país de mercenarios

    Explica el intelectual que a todo el que tiene una opinión un tanto divergente, le colocan esa etiqueta.

    A mí, no. Jajaja. A mí sí quieres me elevas de haberme vendido por un plato de lentejas a la categoría mercenario o agente pagado del imperio. Nada me turba, nada me espanta

    Saludos.

  17. Orlando 27 December 2020 at 3:03 pm Permalink

    Esa ancianita, Graziella Pogolotti es un cáncer.

    Dice:

    Conscientes de las dificultades que tendremos que afrontar y de las manchas que oscurecen nuestra realidad, hemos aprendido a valorar las esencias de cuanto nos corresponde defender.

    Pregunté:

    Pudiera saber cuáles son esas manchas?

  18. Orlando 27 December 2020 at 6:51 pm Permalink

    [27/12 18:47] +1 (786) 246-5037: Una de las periodistas más importantes de Fox News dijo ayer q “una fuente de inteligencia” le ha asegurado q el presidente Trump ganó las elecciones. Dado q estamos a la espera de la publicación del informe del Director Nacional de Inteligencia, es bastante probable q sus …declaraciones sean un anticipo de ellas. Sidney Powell ha dicho que “el informe hará estallar las cabezas de los norteamericanos”. En las próximas 72 horas se hará público.

    Yo: Me parece imposible. Puede ser Fake news

    • bacu 28 December 2020 at 9:34 am Permalink

      Orlando, seguro que son fake news, estamos acostumbrados a ellas, no te preocupes. Saludos

  19. Orlando 27 December 2020 at 7:29 pm Permalink

    ?Que vas a estudiar cuando seas grande?

    – Quiero ser adivino. Predecir el futuro.

    -?Ven acá?

    -No mamá. Tú me vas a pegar.

    -Ese hijo de puta tiene talento.

  20. Orlando 27 December 2020 at 7:39 pm Permalink

    Copio.

    No prestar atención puede causar que el que te cometa una ofensa se aburra y se retire.


    Jajaja. No quiero cantar victoria, pero hace tiempo que el tipo que se dedicaba a ofenderme en el blog de Paquito, se largó.

    No sólo lo ignoré. Además, cada vez que veía su pseudónimo, lo borraba bajo un montón de comentarios. En ese blog, las nuevas entradas ocultan las viejas.

  21. Orlando 27 December 2020 at 7:49 pm Permalink

    Tras la huella regresa denunciando crimenes y hechos de corrupción.

    Copio:

    velociraptor dijo:

    ?Y ninguno sobre la tarifa electrica?

    Lissette Ftes dijo:

    Sobre la tarifa no, porque eso no es delito.

    Me dicen Cuba dijo:
    Es cierto, no es robo, es abuso.

  22. Orlando 27 December 2020 at 10:26 pm Permalink

    Tengo síntomas.

    Le escribí a una amiga.

    Soy durísimo de pelar.

    El virus ese me lo paso por los cojones. Ja ja ja ja

    Pero tengo un poquito de miedo

  23. Nicolas Fergunson 28 December 2020 at 9:15 am Permalink

    Quienes tienen moral bipolar terminan desdiciéndose, desoyendo, desmantelando todo lo que han dicho, oído, hecho durante decadas…no más Falsa Oposición: Trump gano.

  24. Nestor P Victore 28 December 2020 at 12:32 pm Permalink

    Montaner adora a Biden,lo considera al parecer una persona cercana,odia a Trump con toda su alma,Montaner totalmente sordo y ciego ante el gigantesco cumulo de evidencia de fraude…..totalmente ignorante ante los procedimientos para elegir el presidente de EE UU en este caso……no puede alegar inocencia,derrotar a Trump es mas importante para Montaner que abrirle las puertas a la Cuba de Castro en la Casa Blanca….los chinos y otros delincuentes.
    Trump saldra presidente una vez mas…..lo eligiran los estados segun el procedimiento antes estos casos,totalmente constitucional.

    • bacu 31 December 2020 at 1:50 pm Permalink

      Sabes, no creo que Montaner adore a un pedofilo, que esta involucrado, junto a su hijo en una enorme corrupción, mas bien creo que le tiene un odio feroz a Trump, ya sea por su familia, por su contrato con la CNN o por alguna otra cosa que no conocemos.

      • Julian Perez 31 December 2020 at 2:08 pm Permalink

        Bacu, es cierto que CAM odia a Trump (no creo que simpatice mucho con Biden, no es tonto) pero, a diferencia de los clarias que a veces postean aquí, que solamente son capaces de repetir, sin base alguna, que Trump es un racista dictatorial y hitleriano y el peor presidente que ha tenido USA (la ignorancia es osada), CAM una vez expuso claramente sus razones para que no le gustara Trump. Y lo hizo de forma coherente. CAM tiene un cerebro pensante. Equivocado quizás (no excluyo la posibilidad de que pueda ser yo el equivocado), pero pensante, aunque quizás algo menos por su edad y por su salud.

        CAM es claramente social demócrata y partidario de la versión europea del estado de bienestar (que para mí es socialismo light condenado a evolucionar hacia el totalitarismo, pero en fin…) . No ha aceptado que el partido demócrata ha sido secuestrado por la izquierda que él ha combatido toda su vida. Quizás algún día la evidencia lo haga comprenderlo…

        Rodeado por el mundo de la prensa (y por su familia militante), sus discrepancias con el presidentre Trump han degenerado a lo puramente emocional.

  25. Orlando 28 December 2020 at 7:35 pm Permalink

    Están metidos en un callejón sin salida. Tienen que permitir turistas porque, según dicen, se necesitan divisas para resolver el asunto del desabastecimiento aunque aumenten exponencialmente los casos de Covid-19. Pero con turismo, sigue el desabastecimiento.

  26. Orlando 29 December 2020 at 2:23 am Permalink

    Miren esta película de Netflix

    Me la contó ayer, la cuencanita. La protagonista, jovencita, linda como ella y que exhibe su misma candidez, estudiante universitaria, que vive con su familia, tiene una doble vida como prepago.
    ! La han retratado, coño!.

    Pero ahí viene la trama.
    Mientras hace el amor con su viejito , un domingo, este cae fulminado . Se le rompió una arteria.
    Dios! Que eso nunca me pase. O mejor. Sí, que me pase. La mejor manera de morir. “Muerto en el cumplimiento de su deber” , escribirían en el Mercurio del lunes.

  27. Orlando 29 December 2020 at 3:46 am Permalink

    La revolución les enseñó a leer, escribir, a ser intelectuales, científicos, médicos, maestros. Y hasta les enseñó a criticar.

    Dice un artículo de Cubadebate.

    Les enseñó. Pero una cosa es saber y otra poder.

    Les llama cuervos, que solo quieren sacarle los ojos por unos dólares, unas letras en la prensa internacional y unas ovaciones de los enemigos de su nación.

    • manuel 29 December 2020 at 10:08 am Permalink

      la revolucion no te dice cree, te dice lee…

      pero que te agarre leyendo mierda para que veas que bien la vas a pasar.

      mi esposa hace 20 anos leia en cuba a norbertus, Dulces Guerres Cubanos,
      lo hacia con panico, con terror de ser descubierta.

      pero por aca tenemos al valiente Julian que leia cualquier cosa sin gota de miedo. El es de los pocos corajudos que nos quedan.

      • manuel 29 December 2020 at 10:21 am Permalink

        Dulces Guerreros Cubanos, quise poner>

        http://abiculiberal.blogspot.com/2007/07/dulces-guerreros-cubanos-o-la-potica_21.html

      • Julian Perez 29 December 2020 at 10:25 am Permalink

        Manuel, me imagino que lo leía sola en su casa y no sentada en una guagua rodeada de gente. Así se leen los libros comprometedores. Muchos libros yo los leí en su totalidad en guaguas, porque de Guanabacoa al Vedado era como una hora de viaje (yo iba hasta el paradero para hacer la cola e ir sentado y de regreso iba hasta G y 21 para lo mismo). Recuerdo que en la 195 yo leí completo El Quijote y Las amistades peligrosas. Pero, por supuesto, libros como La Nomenklatura los leía a solas en la casa.

        Los videos eran otra cosa, pues se trataba de una actividad más social. Invitaciones para ver Rambo 2 o Rocky 4 eran bastante selectivas. Sin embargo, cuando un amigo me trajo el documental de Almendros ¨Nadie escuchaba¨, no invitamos a nadie más y lo vimos solos con el volumen bajo y las ventanas cerradas (le llamábamos ¨telepantalla¨ a la ventana de la sala, aludiendo a 1984, porque frente por frente vivía el de vigilancia del comité. Tampoco hay que exagerar. Hay una línea divisoria entre la valentía y la temeridad que sería estúpido franquear.

        • manuel 29 December 2020 at 10:34 am Permalink

          I rest my case?

          los temas no resueltos se me quedan dando vueltas, pero no llegan a la obsesion porque no afectan mi actividad, mi descanso, mis relaciones mas relevantes, apenas vuelven a mi mente dos o tres veces a la semana y duran a veces unos segundos> no califica como obsesion

          pero si hay temas que llevo decadas analizando, y solo se cortan cdo creo haberles dado alguna solucion.

          se tambien que a veces solo nos queda agree to disagree 😀

          • manuel 29 December 2020 at 10:35 am Permalink

            accept that others have their own visions, opinions, conclusions

        • Julian Perez 29 December 2020 at 10:48 am Permalink

          Manuel, cuando introduje el tema de si en Cuba la gente vivía aterrorizada o no era mas bien con propósito investigativo. Nadie me tiene que explicar que soy distinto en muchas cosas. Eso lo sé desde niño 🙂 Sencillamente me llamó la atención y quise saber cuán general podía ser esa afirmación. En el caso que nos ocupa, la paranoia tampoco era un rasgo notable entre las personas que seleccionaba como amistades. ¡Y eso que muchas de ellas eran gays o lesbianas y tenían motivos adicionales!

          Ahora mismo aún me sorprende el miedo bastante generalizado al COVID (al que yo sí que no le tengo ni gota de miedo) pero me parece que las excepciones son más numerosas que las excepciones al miedo en Cuba.

          Tomemos el tema del sexo, otro factor en que sé que soy diferente. Para mí está sobrevalorado y siempre tuvo un papel mínimo en mi vida. Pero estoy perfectamente consciente de que para la mayoría no es así (tampoco creo ser un caso único), pues muchas de mis amistades sí eran muy sexuales. Sin llegar a los extremos de Orlando, que me parece que llegan a lo patológico.

          • manuel 29 December 2020 at 2:14 pm Permalink

            si tu pareja tiene la libido baja, o bajisima como parece ud tenerla, no es big deal

            pero si resulta una ninfomana…

          • manuel 29 December 2020 at 2:16 pm Permalink

            a no ser que a ud en ese caso no le importe que ella satisfaga sus apetencias con otro. En ese caso tampoco es big deal si el “amor” no sale lastimado

          • manuel 29 December 2020 at 2:17 pm Permalink

            paranoias hay en todas las inclinaciones sexuales y en todas las razas y formas. A veces hay paranoias donde menos cabria esperarlas

  28. Orlando 29 December 2020 at 4:28 am Permalink

    Me parece muy bien que se rectificó la tarifa eléctrica, luego de escuchar a la población. Un gesto sin precedentes que se debe repetir. Sigan escuchando a la población y acaben de irse todos pal carajo que son una partida de descarados.

  29. Orlando 29 December 2020 at 8:55 am Permalink

    El Doctor Vicente Vérez Bencomo, director general del IFV y líder de proyecto, que informó que las Soberanas han avanzado en el ensayo clínico de manera importante, pero no lo creo. Salió riéndose en un foto al lado de Diaz-Canel, con tramenda cara de comemierda.

  30. Orlando 29 December 2020 at 9:05 am Permalink

    El Doctor Vicente Vérez Bencomo, director general del IFV y líder de proyecto, informó que las Soberanas han avanzado en el ensayo clínico de manera importante, pero no lo puedo creer.

    Salió riéndose en un foto al lado de Diaz-Canel, con tremenda cara de arrastrao, lamebotas, chicharrón y comemierda. Espero que Gisselle la periodista del Blog Cubaprofunda conservó su dignidad cuando Diaz Canel hace poco le dio un diploma

    • Julian Perez 29 December 2020 at 9:24 am Permalink

      Cubaprofunda… Eso me recuerda el clasico del cine porno Garganta profunda. Cuba tiene el clitorix en la garganta?

  31. manuel 29 December 2020 at 10:14 am Permalink

    el tiempo carece de enemigo

    hacer cosas resuelve los problemas

    a veces hacer cosas significa dejarse llevar por la inercia, por el azar, los millares de elementos sin mover un dedo, un solo pensamiento

    • manuel 29 December 2020 at 10:14 am Permalink

      a veces hacer cosas significa dejarse llevar por la inercia, por el azar, los millares de elementos sin mover un dedo, ni un solo pensamiento

    • Julian Perez 29 December 2020 at 11:43 am Permalink

      >>hacer cosas resuelve los problemas

      Depende de quién las haga. Si es el gobierno, más a menudo los agrava 🙂

  32. Orlando 29 December 2020 at 10:18 am Permalink

    Comenzó muy bien su comentario esta intelectual cubana criticando la práctica institucionalizada de violencia, pero en este llamado a hacer política, la cagó:

    .. de socialismo cubano con Martí y Fidel a la cabeza, entre otros egregios nombres.

  33. Orlando 29 December 2020 at 10:38 am Permalink

    Armando Barzola no se da cuenta que cuando Díaz- Canel sonríe complacido y dice “alentadoras,exitosas, prometedoras, les está ofreciendo falsas expectativas para tenerlos entretenidos y distraerlos

    Copio fragmentos.

    Nuestro país se encuentra en una difícil coyuntura.

    Lo resume:

    El bloqueo. Una escasez tremenda de alimentos y bienes de consumo de primera necesidad, incrementos de precios por encima de los incrementos de salarios, a una rara y peligrosa enfermedad

    Necesitamos valoraciones más precisas de los plazos en que pudieran estar listas las vacunas. Necesitamos plazos de cuándo y cómo se planea comenzar la vacunación.

  34. Orlando 29 December 2020 at 11:34 am Permalink

    La Cámara Baja aprobó la medida con 275 votos a favor y 134 en contra. Ahora la votación debe realizarse este martes en el Senado.
    En cuanto me den esa plata, en unos diez días, le regalo $100.00 a mí amante y $100.00 a mí amiga. Espero ninguna se ponga celosa. Jajaja

  35. Julian Perez 29 December 2020 at 11:42 am Permalink

    No sé cuál será el desenlace, pero no creo que la historia haya terminado.

    https://www.americanthinker.com/articles/2020/12/is_nothing_happening_or_is_trump_is_channeling_sun_tzu.html

    Por impacientes perdimos el paraíso. Por impacientes no volveremos a él. Kafka

    Es mi forma de citarlo (siempre ha sido una de mis citas favoritas) y así lo seguiré haciendo, pero busqué la referencia exacta y es ésta. Creo que la traducción del alemán al español que yo leí hace tiempo no era así y se parecía un poco más a mi versión:

    “Dos pecados capitales existen en el hombre, de los cuales se engendran todos los demás: impaciencia e indolencia. Fue a causa de la impaciencia que lo han expulsado del paraíso, al que no puede volver por culpa de la indolencia. Aunque quizá no existe más que un solo pecado capital: la impaciencia. La impaciencia hizo que lo expulsaran, es con motivo de la impaciencia que no regresa.”

  36. Orlando 29 December 2020 at 12:08 pm Permalink

    Me imagino que con párrafos así, los centristas de la Joven Cuba
    intentan no ser llamados a capítulo por mercenarios, agentes del imperio ni que les hagan actos de repudio.

    Buena técnica para evitarse líos mayores de lo que ya tienen encima.

    Pero esas son palabras mayores.

    Copio:

    con Martí y Fidel a la cabeza, entre otros egregios nombres.

  37. Orlando 29 December 2020 at 1:06 pm Permalink

    Edu.

    La revolución cubana se defendería con un poquito de transparencia. Averigua qué pasa, ?Como es posible que surtieron las tiendas de MLC hace unos meses, se quedaron vacías y no se reponen los inventarios?
    La lógica dice que alguien se está embolsando la plata.

  38. Orlando 29 December 2020 at 3:40 pm Permalink

    FERRA dijo:
    10 criticos y 14 graves.
    Quien dice que vamos bien?

    —-
    Yo.

    De esos 24 no se muere nadie de Covid-19 Los ponen en las estadísticas como muertos de un síndrome respiratorio agudo originado en Wuhan, China.

  39. Orlando 29 December 2020 at 3:44 pm Permalink

    Cuando los cubanos que no tenían acceso a dolares se quejaban de que solamente surtían a las tiendas de MLC hace unos meses, el gobierno dijo que los ingresos serian destinados a llenar los estantes de las tiendas que venden en moneda nacional.

    Que expliquen ahora por qué no hay nada en los anaqueles de ningún tipo de tiendas.

    ?Quien se está embolsillando la plata?

  40. Orlando 29 December 2020 at 4:11 pm Permalink

    Edu.

    La Cámara de Representantes aprueba aumento de cheques de estímulo por coronavirus de $600 a $2000.


    ! Maravilloso! ?Tienes idea de a cuántas bellas chiquillas me voy a llevar a la cama!

    !Ay, no, coño! No leí toda la noticia
    Falta la aprobación del Senado. Jajaja.

    • Julian Perez 29 December 2020 at 4:29 pm Permalink

      El cheque que mandaron hace unos meses lo cobré y luego me arrepentí de haberlo hecho. Si les da por mandarme otro creo que voy a poder resistir la tentación de cobrarlo (espero que no lo hagan para ni siquiera tener la tentación).

      Si yo hubiera perdido mi trabajo o mi negocio por el COVID tendría algún sentido, pero no es el caso: soy un jubilado y el COVID no me ha afectado económicamente para nada. ¿Qué me daría derecho a cobrar ese cheque?

      Va en contra de mis principios aceptar dinero del gobierno que no considere absolutamente justificado. Y para mí los principios tienen más valor que el dinero.

      • manuel 29 December 2020 at 4:35 pm Permalink

        otra prueba de que ud no pertenece a este planeta

        no en este momento

        ud. y el punado como ud.

      • manuel 29 December 2020 at 4:45 pm Permalink

        tambien en consonancia con el “de cada cual segun su capacidad, a cada quien segun su necesidad”

        pero… quien determina su capacidad y su necesidad?

        preguntica capciosa

        • manuel 29 December 2020 at 4:52 pm Permalink

          su capacidad creo que la determina el mercado, el devenir

          su necesidad en cambio viene determinada por sus visiones, criterios, cultura, educacion, valores.

          en ud se adivina el “la felicidad proviene del no desear” puesto que “todo sufrimiento proviene del deseo”

          curiosamente esta ligado al miedo>

          No hay miedo para aquel cuya mente no está llena de deseos.”

        • manuel 29 December 2020 at 4:56 pm Permalink

          “No es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita”

        • manuel 29 December 2020 at 4:57 pm Permalink

          y se necesita mucho, mucho, mucho valor para desaprender

          “Para entender todo, es necesario olvidarlo todo”

      • Víctor López 29 December 2020 at 7:00 pm Permalink

        Aclararle las ideas a los boludos es mi fuerte, señor Julián, y sé que está muuuy de acuerdo conmigo en eso . DEBE CAMBIAR EL CHEQUE Y DISPONER DEL DINERO a como mejor le plazca, porque no es una regalía. ES UN ADELANTO DE SU PENSIÓN, no hay almuerzo gratis, y ese dinero le será restado posteriormente con la pérdida del poder adquisitivo a su pensión, que es inexorable. La medida es populista pero estratégicamente necesaria. Como se dará cuenta, los males del tercer mundo (vivir de prestado) comienzan a llegar a los EEUU. Un cordial saludo y feliz año.

        • Julian Perez 29 December 2020 at 7:19 pm Permalink

          Reconozco que es un buen argumento, pero creo que lo discutire tambien con amistades que tengan una base etica similar a la mia, o sea, que no solamente sean conservadores, sino tambien cristianos.

          • Julian Perez 29 December 2020 at 7:27 pm Permalink

            Planteare ese argumento, pues me parece valido , pero me interesa conocer otros puntos de vista.

          • Julian Perez 29 December 2020 at 7:37 pm Permalink

            ¡De repente se me ha ocurrido una idea! Me la sugirió lo de ¨disponer del dinero como mejor le plazca¨, tras lo cual mis posts hicieron que continuara pensando en el asunto… Y sería un ejemplo de lo que se suele llamar ¨justicia poética¨.

            ¿Qué tal si se lo dedico a causas conservadoras, a las que no contribuyo más porque mi economía no me lo permite? ¿Como aumentar mis aportes regulares al Hillsdale College, PragerU, la Heritage Foundation o los Knights of Columbus? 🙂

          • Víctor López 29 December 2020 at 8:13 pm Permalink

            “Y sería un ejemplo de lo que se suele llamar ¨justicia poética¨.”

            Qué boloouuuudo…

          • bacu 30 December 2020 at 9:49 am Permalink

            Julian, amigo, creo que lo del cheque no merece reflexión. Lo cobras y despues decides que haces. Hay muchos caminos y lo que dice Victor es completamente cierto, la devaluación no hay quien la pare. Saludos.

          • Julian Perez 30 December 2020 at 10:00 am Permalink

            Bacu

            Entre Víctor y tú ya me convencieron 🙂 Creo que el Hillsdale College es el que más lo va a agradecer. Acabo de terminar su último curso sobre la historia de los derechos civiles en USA. Como siempre, me enteré de un montón de detalles que no sabía. Martin Luther King y Brooker Washington me caen mejor aún de lo que ya me caían. Y la última conferencia sobre identity politics no tiene desperdicio.

            ¿Ya viste a Kaballito (como le dice Manuel, aunque ya prefiero Colagusano) llamándole a la Kamala (Dolores Umbridge) ¨president elect Harris¨? Las meteduras de pata de Biden son antológicas, pero creo que ninguna supera la de el día que dijo que ¨the Democrat party had put together the most extensive and inclusive voter fraud organization”

  41. Orlando 29 December 2020 at 4:54 pm Permalink

    Coño Julián.

    Plata es plata. No seas más papista que el papa. Jajaja.

    Si tus principios no te permiten aceptar ese cheque, jajaja, mandamelo, ?quieres? Te aseguro que en Cuenca de los Andes hay cientos de chicas necesitadas que se desnudan antes de arrancarme esa lana de las manos. Jajaja. Pobrecitas. Siento lástima del trabajo que están pasando esas nenas

    • bacu 30 December 2020 at 9:50 am Permalink

      Fijate Orlando, ponte en la cola para el cheque, yo llegue primero. Saludos

  42. Orlando 29 December 2020 at 4:56 pm Permalink

    Mira lo que dice:

    Va en contra de mis principios aceptar dinero del gobierno que no considere absolutamente justificado. Y para mí los principios tienen más valor que el dinero.

    • Julian Perez 29 December 2020 at 5:27 pm Permalink

      Lo que no entiendo es por qué criticas tanto la dictadura cubana y te pasas la vida mandando pullitas a Cuba Debate y otros blogs similares ¨para ver si pasan¨ si en el fondo estás de acuerdo con la ideología socialista y siendo un jubilado que ni siquiera vive en USA, te parece bueno lo de la ¨redistribución de la riqueza¨ y piensas aceptar un cheque del Tío Sam que sale del bolsillo de los contribuyentes, completamente ajeno a tu jubilación.

      • bacu 30 December 2020 at 9:59 am Permalink

        Sabes Julian. tampoco lo entiendo bien, aca en el blog es el mismo caso del dueño. Como es posible que se quiera el fin de la dictadura castrista y quieran que Biden sea presidente? Para mi esas dos cosas son completamente contradictorias, estan en los completamente opuestos. Tal vez algunos salieron de Cuba cuando la situación, politico social, todavia no estaba tan desastrosamente mala, y no se dan cuenta que estamos al borde de un desastre peor, incluso que del mismo Obama? No puedo entender. Saludos

  43. Orlando 29 December 2020 at 5:11 pm Permalink

    Manuel.

    La frase fue otra de las tonteras que escribió Carlos Marx.

    Cada cual dirá cuándo le pidan que arrime el lomo, que tiene muy poca capacidad a la hora de dar. En cambio, va a tener muchas necesidades que cubrir. Se crea un déficit inflacionario.

  44. Orlando 29 December 2020 at 5:22 pm Permalink

    Si. Lo de egregio le pega a Martí y a Fidel.

    Ambos fueron ilustres, conocidos por haber hecho algo importante o sobresalir en alguna actividad.

    Pero por favor, no me mezcle la mierda con la pomada. Jajaja.

  45. Orlando 29 December 2020 at 8:24 pm Permalink

    ! Coñó! Me retrataron

    El burgués trata de vivir en un punto medio placentero y conveniente. Jamás tendrá que sacrificarse o entregarse a la embriaguez ni a la mesura, jamás permitirá su aniquilación ni será mártir.

  46. Orlando 29 December 2020 at 8:32 pm Permalink

    Julián.

    Es falso que en el fondo yo esté de acuerdo a la ideología comunista.

    Entendida esta, como economía centralmente planificada, propiedad estatal sobre los medios de producción y partido único.

    Usted mezcla el comunismo con cualquier desviación hacía una distribución más equitativa de la riqueza social.

    Y no es el único que simplifica tanto.

    Para esa forma de pensar. FD Roosvelt y John Maynard Keynes eran comunistas.

    Copio:

    y siendo un jubilado que ni siquiera vive en USA, te parece bueno lo de la ¨redistribución de la riqueza¨

    —-
    Sin llegar a extremos pudiera ser positivo.

    Copio:

    y piensas aceptar un cheque del Tío Sam que sale del bolsillo de los contribuyentes, completamente ajeno a tu jubilación.

    —-
    Jajaja. No es ajeno a mí jubilación. Yo hice mis contribuciones en mí momento.

    • Julian Perez 29 December 2020 at 9:30 pm Permalink

      “Distribucion mas equitativa de la riqueza social”

  47. Orlando 29 December 2020 at 8:46 pm Permalink

    Copio

    ..no contribuyo más porque mi economía no me lo permite.

    —-
    Jajaja. ! Coño, Julian ! Te voy a decir boludo como te dijo el argentino.

    Si tu economía no te permite darte lujos, agarra ese cheque y olvídate de los peces de colores.

    En los Estados Unidos, que a tu juicio es el paraíso sobre la tierra, te tumban la plata dura y honradamente ganada a lo descarado.

    Si se te rompe el auto, el 99 por ciento de los mecánicos te engañan. Si necesitas un arreglo bucal, los dentistas te van a engañar también.

    En tu prima de seguro de automóviles estás pagando un extra por aquellos que se dedican a hacer fraudes.

    Casi todos los políticos, inclusive esos que admiran, roban.

    La lista es inmensa. Y tú lo sabes

    • Julian Perez 30 December 2020 at 1:16 am Permalink

      Quiero hacer constar que no dejé sin respuesta las diatribas contra mi país, pero mi respuesta fue borrada. Violé el espacio seguro de alguien. Parece que este blog quiere parecerse un poco más a FB.

      Aquí todo el mundo sabe que pueden decir de mí todo lo que quieran, pero si hablan mal de USA no me voy a quedar callado. Los odiadores de mi país no van a tener mi silencio.

      Por supuesto, no censuran los posts de Orlando en que dice que no hubo fraude en las elecciones y Biden ganó.

      Probablemente este post también lo quiten. Sé que no soy políticamente correcto.

  48. Orlando 29 December 2020 at 9:02 pm Permalink

    El lider de la mayoría republicana del Senado de Estados Unidos, Mitch McConnell, bloqueó este martes un intento de votación rápida de los senadores demócratas para aprobar definitivamente el cheque de estímulo de $2000.

    Hijoeputaaaaaa!

    Jajaja. Ese cheque todavía no me ha llegado y mira como me divierto

    • bacu 30 December 2020 at 10:12 am Permalink

      No te preocupes Orlando, “cuando entre Biden” seguro aumentara los impuestos, sorry, quise decir la ayuda a las personas necesitadas. Saludos.

  49. Orlando 30 December 2020 at 7:07 am Permalink

    Julián es un gran tipo, le debo algunos favores y consideraria un honor tener como amigo a un individuo que ponga sus principios por encima del dinero. Admito sin embargo que a veces, otras veces no en esta ocasión, sus ideas en temas de economía y sociedad, me han dado deseos de romperle la cabeza para ver lo que tiene dentro. Jajaja
    Saludos Julián.
    Cuidate. Buenos quedan pocos

  50. Humberto Mondejar Gonzalez 30 December 2020 at 11:48 pm Permalink

    Lo que debemos aprender del fenómeno Trump:
    https://www.facebook.com/movimientoC40/videos/978562106000143

  51. Manuel 2 January 2021 at 5:16 am Permalink

    “Never make predictions,” the great sage Casey Stengel reminded us, “especially about the future.” Still, there is reason for cautious optimism for 2021. Democracy has survived, although with open wounds which will not quickly heal. Vaccination has begun after less than a year of development and testing—a nearly miraculous achievement. Life may return to a semblance of normal by summer; how incredibly sweet it will be to gather again with family, friends, and co-workers. Even now, with that rebirth too far away and our terrible losses still mounting, we can find a space for gratitude. The list of people who’ve earned it is long: The brilliant scientists who made the vaccines possible. The doctors, nurses, and other health-care workers who’ve defied their exhaustion, fear, and heartbreak to save lives and comfort the dying. The post office workers, delivery people, teachers, meat-packers, farmworkers, cops, EMTs, supermarket cashiers, cooks, and other frontline workers who’ve risked their lives to keep us fed and supplied and the country functioning. It’s been a truly horrible year, with one painful blow after another. But we’re still standing, so let’s give ourselves a round of applause.
    William Falk
    Editor-in-chief

    El loco


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