27 May 2013 ~ 7 Comentarios

Si yo fuera Fidel

por Carlos Alberto Montaner

Montaner y fidel
Ilustración: Jorge Restrepo

(Diario de Cuba) Escribo estos papeles con un pie en la sepultura. Supongo que es el izquierdo, pero no estoy seguro. No tengo la menor experiencia en este incómodo trámite de morirme. En todo caso, quiero, antes de que tal cosa ocurra, aclarar ciertos aspectos de mi vida que merecerán la atención de los historiadores. Les voy a facilitar la tarea.

El primero tiene que ver con mi barba. ¿Por qué me la he dejado? Nunca la utilicé hasta que subí a la Sierra Maestra, pasados los 30 años, y allí estuve hasta los 32. En su momento, me había dejado un bigotillo fino de galán malvado del cine italiano, pero en las montañas cubanas, en los años 1957 y 1958, encontré, finalmente, mi imagen definitiva, mi rostro esquivo, mi personaje,y desde entonces lo habito fielmente.

Los periodistas y los ingenuos piensan que la barba y el uniforme verde oliva son el producto de un tenaz esfuerzo por consagrar para siempre la imagen épica del guerrillero feroz y triunfante, pero no es cierto. Son producto de la papada y de la celulitis.

Tengo una papada natural que parece diseñada por la CIA. En Sierra Maestra descubrí que un rostro hirsuto, además de conferirme carácter, ocultaba esa desagradable rosca de tejido adiposo que me nimbaba el rostro como una especie de babero. La desaparecí con mi barba. No era copiosa, pero sí suficiente.

La guerrera verde oliva se ocuparía de escamotear el vientre prominente. Es probable que tenga una predisposición natural a acumular grasa en el abdomen, pero sospecho que es producto del apetito.

La verdad es que siempre he comido pantagruélicamente. Por lo menos, así fue hasta que los intestinos se me rebelaron en el verano de 2006 (no los fusilé porque no pude. Es la única rebelión que ha quedado impune).

Raúl, mi hermano, solía decirme que esa manera de ingerir alimentos no se compadece con el socialismo. El socialismo es una cosa de flacos y para flacos. Es un sistema concebido para generar escasez con el objeto de no dañar el medioambiente y evitar la obesidad de las masas. Y yo tenía que ocultar esa desviación estética del marxismo-leninismo. El uniforme militar cumplía esa función de escamotear mi vientre, mis caderas, mis nalgas. Me adelgazaba revolucionariamente.

Revelado este secreto, paso a otro más trascendente. ¿Quién soy yo? ¿Cómo me veo en mi fuero interno? Estudié —es un decir, iba muy poco a clase— Derecho y me preparé para ser congresista en las elecciones que se llevarían a cabo en junio de 1952, pero el bobo de Batista dio un golpe militar y ese hecho me dio la oportunidad de mostrar mi faceta como cabecilla de una insurrección.

Pero ¿para qué hacer una revolución? Mis enemigos insisten en que todo lo que deseo es ocupar el poder, al extremo de haber creado una dinastía que ha mandado durante más de medio siglo, pero no es eso.

Aquí viene mi secreto. Hice una revolución para desplegar mis habilidades de genetista.

Yo quise hacer un hombre nuevo, una fauna nueva, una agricultura nueva. Quise corregirle la plana a Dios, que suele equivocarse. No en balde Woody Allen insiste en que, si Dios existe, es mejor que tenga una buena excusa para explicar los errores que comete.

Me empeñé en hacer una criatura abnegada, dispuesta a trabajar sin las vulgares recompensas materiales, inequívocamente heterosexual, fieramente antiimperialista, valiente en la lucha armada contra la burguesía, frugal hasta la indigencia, estudiosa y refractaria a la banalidad del baile y la diversión.

Fracasé. Los cubanos se empeñaban en ganar dinero y vivir bien. Algunos disfrutaban del sexo por las aberturas más estrafalarias. Media sociedad deseaba irse a vivir a la casa del enemigo en Estados Unidos y les disgustaban las gloriosas guerras africanas. Insistían, además, en cantar y bailar desconsideradamente. Yo les proponía el retrato del Che Guevara. Ellos colgaban el de Celia Cruz. Un horror.

Como fracasé en la creación del hombre nuevo, me refugié en el diseño y desarrollo de la vaca nueva. Primero importé un glorioso semental canadiense al que se le dio, no sé por qué, el nombre de Rosafé. Mi propósito era crear una vaca que diera ríos de leche y toneladas de carne.

Rosafé murió en acto de servicio. Se había tuberculizado eyaculando revolucionariamente con la ayuda fraternal y socialista de los mamporreros del Partido. Pero sus 50.000 emisiones de semen no fueron suficientes. Nunca se materializó el vástago esperado. Tal vez la CIA saboteó el proyecto.

Luego vino Ubre Blanca. Ubre Blanca, más que una vaca, era una industria lechera. Más que blancas, sus ubres eran inagotables torrentes de leche. Pero el cuadrúpedo, también optó por morirse. Parece que la ordeñaron más de la cuenta. Murió rumiando —nunca mejor dicho— su dolor. Le hicimos una enorme estatua a la escala de su gloria inmortal. Cuba es el único país que le ha hecho una estatua a una vaca. Le he pedido a Silvio Rodríguez que le haga un himno. Parece que está en eso.

En todo caso, la experiencia de las vacas enormes me llevó al otro extremo del razonamiento. Finalmente, entendí que lo que los cubanos necesitaban, y lo que yo traté de procurarles, fue una vaca enana. Una vaca que pudieran tener en sus casas, ordeñarla familiarmente y quererla como se quiere a un perro.

A principios de los noventa reuní a mis genetistas y les pedí que diseñaran las vacas enanas. Se rieron. Uno de ellos, muy insolente, se atrevió a decirme que yo estaba inventando la cabra, la chiva, y no me hicieron caso. Eso me dejó muy triste.

Afortunadamente, en el ocaso de mi vida, he encontrado la solución a todos los problemas de la humanidad. Se trata de la Moringa. La Moringa olifeira, porque tiene apellido, es un árbol que da más proteínas, minerales y vitaminas que cualquier otro vegetal. Una maravilla de la naturaleza originada en la India que solucionará la mayor parte de nuestras desventuras, sin que Washington pueda impedirlo.

Ya me puedo morir en paz. Les dejo la Moringa. Pueden ingerirla, inyectarla por vía intravenosa o introducirla en forma de supositorio. Ustedes decidirán libremente. Ya no estaré para indicarles lo que tienen que hacer. No obstante, supongo que en el más allá tendré que seguir luchando. Dios se ha equivocado excesivamente. Voy a arreglar sus desaciertos. Es mi destino.

7 Responses to “Si yo fuera Fidel”

  1. Ajacied 28 May 2013 at 6:07 am Permalink

    esto podria ser perfectamente un guion de obra de teatro.lol

  2. Kenia Campano 28 May 2013 at 4:11 pm Permalink

    Un monólogo fantástico. Genial! (como siempre!)

  3. Sergio Hernandez 28 May 2013 at 6:00 pm Permalink

    Me traje para la oficina el almuerzo para leer a Montaner mientras almorzaba -escacea el tiempo para hacer una sola cosa a la vez- y el resultado es fantástico: la risa ayuda a la digestión!

  4. miguel vazquez 29 May 2013 at 10:06 am Permalink

    viernes, 24 de mayo de 2013
    PIONEROS FUIMOS SOBRE LA FALSEDAD CHAVISTA
    Contra el farsante de Miraflores ya teníamos varios artículos antes de que escribiéramos aquel famoso (para nosotros, no sé a ustedes) llamado “El Cáncer Justiciero”, donde exponíamos, que ya que los venezolanos, no daban pie para deshacerse de quien se sabía era perversamente malo, entonces, diosito, se encargaría, y lo haría a través del sistema de enviarle una enfermedad, para que se fuera pronto y no hiciera más daño. Y por poco descubren a diosito, pues se le fue la mano y se lo envió a Lula, Cristina y a Lugo, e iba a seguir con Evo, Correa, Ortega y Leonel, pero parece que diosito se detuvo. “¡Cómo quería él ayudar! Quién sabe si lo intentará nuevamente. Ojalá, dicen los que por ellos sufren. Y no es que estemos reclamando méritos, pero esa es la verdad, los ayudamos y siempre estuvimos punteros denunciando al farsante y combatiéndolo como podíamos. Escribimos más de doce artículos contra el personaje, porque se veía, se sabía, se notaba que era malo de raíz, hipócrita, farsante, peligroso, amigo de la intriga, el abuso, terrorismo y la traición. Sólamente con haber reclamado públicamente, que Carlos, el Chacal, aquel ser sangriento y sin alma, que guarda prisión en Francia por muchísimos crímenes y actos terroristas, ERA un hijo legítimo de Simón Bolívar, ahí mismo los venezolanos debieron haberse levantado en armas y barrido a Chávez. Ensuciar el nombre y honradez del más grande Libertador de la América Latina con un delincuente, no podía provenir más que de otro delincuente. Y al final, ¿que dejó el farsante? Ahí están sus semillas,. Tan pronto se espantó al más allá, a su pupilo y su jauría los tiraron a donde querían: a la furnia, y que sólo el fraude, la manipulación y el dispendio sin control del dinero, lo ocultaba. En la primera prueba, su pupilo se quedó por unos votos más (y falsos) que su rival Capriles. Eso demostraba que su popularidad era plástica, falsa, que lo amaban de aguaje, creada, ayudada por esa maquinaria infernal que venía de la experiencia de aquella triste isla del Caribe, doctorada en lo más brutal del aquel Kremlin ya borrado. La mentira y el fraude se revivieron pero ahora más descarnada porque ya no existía aquel espejismo que se crea por una falsedad. Mírese la condición del país: no hay comida, no hay seguridad, el dólar no se encuentra, no hay legitimidad del gobierno, y el Maduro repartiendo amenazas y golpes en el Congreso para que le acepten su fraude, culpando a otros por lo que han venido haciendo con sus mentiras, abusos, confiscaciones, robos, atropellos. Y de ñapa, pidiendo permiso e informando a Raúl del futuro de Venezuela. Están cosechando lo que desde hacía tiempo estaban sembrando, encabezado por el Santurrón farsante. Esos lodos los trajeron aquellas mentiras y atropellos, cuando creían que él era los TRES poderes del Estado y que nadie lo podría contradecir, excepto diosito. Mírese además ahí lo que dejó su perversa enseñanza. Un Evo por Bolivia ya se va a reelegir por tercera vez, violentando la Constitución. El payaso de Ecuador, herido eternamente por un asunto e droga familiar, sigue los lineamientos del farsante. A un Lula que casi está preso por amigo de los corruptos que Dilma expulsó. Por Nica, aquél, por lo menos, coopera con el DEA, el Mulatón Leonel, lo echaron a la letrina del país, pero quería seguir con testaferros. La Cristina se quiere hacer dictadora sin reelección y el dólar la tiene loca. Mujica, se fue por la marihuana y le dijo la verdad a la bruja y al marido y Lugo, está muy ocupado entregando reconocimiento de paternidad de cuando engañaba a las devotas que asistían a su sacristía a darle la bendición al levantarles las faldas. Esos eran sus mejores amigos y discípulos, y helos ahí donde están, esperando que diosito les mande a cada uno la enfermedad justiciera como al farsante ya, ahhh, ido. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM

  5. RAUL GOMILA 3 June 2013 at 8:40 pm Permalink

    Carlos Alberto Montaner,no deja de sorprendernos siempre con sus magnificos comentarios y analisis,siempre estoy pensando, que en una epoca post Castro,el seria un magnifico presidente, para todos los Cubanos,ya que reune todas las cualidades, no solo como un magnifico ser humano,es muy acertado en terminos de analisis economicos, politicos,e informativos, y un gran analista social, con una gran sensibilidad humana.

    • Pepe Antonio 27 June 2013 at 8:16 pm Permalink

      Muy de acuerdo contigo. Un presidente asi vamos a necesitar para poder arreglar todo el descalabro de tantos anhos de desgobierno.


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