30 September 2017 ~ 14 Comentarios

¿Vamos camino de la independencia catalana?

Por Carlos Alberto Montaner

Escribo este artículo el viernes 29 de septiembre. Es posible que el gobierno nacional español de Mariano Rajoy consiga impedir que el gobierno regional catalán de Carles Puigdemont lleve a cabo el ilegal referéndum secesionista planteado para el domingo primero de octubre. Madrid lleva varias semanas deteniendo políticos y funcionarios catalanes, confiscando urnas y papeletas electorales e imponiendo severas multas.

Es posible, incluso, que se produzca un enfrentamiento armado entre la Guardia Civil, que cumple órdenes del gobierno nacional, y algunos miembros de los Mossos de Escuadra, sus equivalentes regionales. Nadie quiere ese choque, salvo los termocefálicos de siempre que suelen pescar en río revuelto, pero son hombres jóvenes armados, temerosos unos de otros, y la chispa puede surgir en cualquier momento.

También es posible que consigan votar unos cuantos catalanes y, a renglón seguido, declaren la independencia de Cataluña, aunque sea una ínfima minoría, lo que complicaría mucho más la búsqueda de una salida racional. En ese caso, actuaría el ejército y sobrevendría un conflicto de los de Dios es Cristo.

¿Qué se hace? Definitivamente: cumplir la ley. A Rajoy no le pueden pedir que ignore las reglas aprobadas por todos, incluidos los catalanes, que abrumadoramente votaron la Constitución de 1978. Pero, a partir del desenlace de este nuevo episodio, el mismo 2 de octubre, es necesario sentarse a negociar una solución pacífica que necesariamente pasa por modificar la Constitución para que se autoricen las consultas populares, incluso las secesionistas, siempre que se cumplan ciertas condiciones.

Es verdad que España tiene más o menos el mismo contorno desde hace 500 años, como dice Felipe González, pero también es cierto que en ese mismo periodo obtuvo y perdió a Portugal y al Rosellón occitano, bajo soberanía francesa desde 1659, además de los territorios americanos y asiáticos. Los países, sencillamente, son elásticos y ganan o pierden territorios, de la misma manera que los reinos cambian de dinastía, o se transforman en repúblicas democráticas o autoritarias. Es decir: los Estados, como toda creación humana, no son inmutables.

Hecha esta previsible salvedad de Pero Grullo, es conveniente fijar pautas para solicitar los referéndums. Y lo primero es que el voto debe ser obligatorio, aunque con la posibilidad de anular la boleta o votar en blanco. La idea es que una decisión de esta naturaleza no la pueda tomar una minoría de votantes. Todos los ciudadanos adultos tienen que participar.

Lo segundo, y muy importante, es que la mayoría debe ser calificada, como son los procesos electorales que deciden cambios trascendentes y permanentes. Tal vez un 60% de los votos puedan inclinar la balanza. No vale la convención aritmética de la mitad más uno porque ese resultado siempre será cuestionado. Un 60% parece ser una mayoría suficiente.

Y, tercero, el resultado debe ser validado en un segundo referéndum, celebrado al cabo de cinco años, para estar convencidos de que el cambio no ha sido decidido por factores coyunturales o por un arrebato generado por un demagogo de feria. Esta sería la forma segura de no jugar frívolamente con el futuro de las generaciones venideras, como ha ocurrido en Gran Bretaña con el Brexit del que hoy se arrepiente la mayoría.

Y luego viene el problema del “derecho a decidir”. Supongamos que cualquiera de las diecisiete autonomías de España puede pedir esa consulta. Pero esas comunidades están divididas en provincias que tienen sus derechos. ¿Qué sucede si Tarragona, una de las cuatro provincias catalanas –Barcelona, Lérida, Gerona y Tarragona- vota por permanecer en España y no sumarse al Estado catalán? ¿Qué ocurre si Álava opta por España y no por el País Vasco, separándose de la voluntad independentista de Guipúzcoa y Vizcaya?

Esto no es ninguna tontería. El politólogo alemán Volker Lehr ha advertido, medio en broma, medio en serio, que, si Cataluña declarara su independencia, una parte sustancial del Valle de Arán, en los confines de Lérida, unas 10,000 personas, preferirían adscribirse a la limítrofe autonomía aragonesa, territorio claramente español. No sería razonable invocar el derecho a decidir de los independentistas catalanes y negárselo al resto de los ciudadanos de la misma región.

A lo que se agrega el temor de otras regiones a la invocación de una supuesta “gran Cataluña” por parte de un estado independiente. Esa es la situación de muchos valencianos y mallorquines, culturalmente afines a Cataluña, aunque históricamente diferenciados. A lo que temen no es al nacionalismo español, sino al catalán. Por eso sugieren que en cualquier negociación sobre el derecho a decidir de los catalanes, se tenga en cuenta la voluntad de los otros miembros de la familia.

En estos tiempos postmodernos de la globalización a mí me resulta absurda la independencia catalana, aunque provengo de una familia de ese origen por los cuatro costados, pero pienso que es preferible crear un procedimiento civilizado de decidir la cuestión, que liarse la manta a la cabeza y acabar a tiros. Debe ser que he heredado algo del seny catalán. Esa sensatez de la que ellos tanto se enorgullecen y a veces parece faltarles a muchos.

14 Responses to “¿Vamos camino de la independencia catalana?”

  1. Humberto 30 September 2017 at 9:59 pm Permalink

    52- Ser dueños de este planeta, no significa dividirlo más.
    http://humbertomondejargonzalez.blogspot.com/2014/09/ser-duenos-de-este-planeta-no-significa.html
    ………….
    No hombre, la lucha de las fuerzas progresistas en este siglo XXI es totalmente la contraria a tu tesis; lo que hay es que unir mas y mas los países, hasta que desaparezcan las fronteras y exista para los humanos un solo país, el planeta tierra y un solo gobierno, el sentido común.
    ….
    Lo único que consiguieran en el siglo XXI los tontos que se dividen, sera ser menos influyente, mas vulnerables y pobres. La ciencia actual no te permite desarrollarte sin multimillonaria inversiones venidas de grandes gobiernos centrales.
    La otra lucha de los fuerzas progresistas en este siglo XXI es acabar con las dictaduras de Cuba, Venezuela, Arabia Saudita, Irán, China, Rusia y Corea del Norte; para después concentrarnos, juntar nuestros votos en los países donde hay democracia, elecciones libres, en derrotar la ideas de capitalismo salvaje, concentrarnos en construir el socialismo de verdad, no la caricaturas genocidas del siglo XX que usaban esa palabra para sus intereses de perpetuarse en el poder.
    ………..

    • Ramiro Millan 1 October 2017 at 12:08 pm Permalink

      Exelente su comentario, coincido en cada palabra.
      Pero permítame profundizar el concepto “socialismo de verdad” dado la amplitud de su significado y dar mi opinión sobre su verdadero significado desde mi particular posición ideológica.
      Para mí, socialismo de verdad es sinónimo de “verdadero progresismo”.
      Y el verdadero progresismo se presenta allí dónde la razón se impone a nuestras pulsiones o instintos en la toma de decisiones, sean políticas o sociales o económicas.
      El instinto pide competencia, superar al otro, destacarse, imponerse y en el ámbito económico eso es sinónimo de lo que habitualmente asociamos a los términos capitalismo salvaje o bien neoliberalismo.
      Que no significan otra cosa que “dejad que la egoísta ambición de superar a los demas, finalmente redunde en beneficios para todos mediante la producción de bienes y servicios que después se “derramará” al resto de la sociedad una vez “llena la copa” de los egoístas.
      Si bien desde una “lógica básica” no debería haber inconveniente alguno para que aquel que quiera ser tan rico como de le de la gana, finalmente lo sea, cambia la ecuación si incorporamos en este análisis al instinto. Entonces la lógica o razón comienza a “flaquear” y termina siendo no más que un aliado incondicional de nuestros primitivos impulsos en este proceso.
      Profundizo porque de una correcta comprensión de esta temática depende la interpretación correcta de lo que intento trasmitir.
      Si bien es absolutamente cierto que el sistema conducido por este principio basado en la egoísta ambición es extraordinariamente productivo cuando se la deja actuar sin trabas, también es cierto que la ausencia de ellas implica necesariamente desigualdades sociales incompatibles con un orden sostenible en el tiempo.
      Y la ausencia de este requisito imprescindible para un futuro previsible, próspero y en paz es producto también de nuestros instintos, de hecho del mismo que busca destacarse mediante la egoísta ambición o codicia.
      Lo hace porque así como está presente en cada uno de los individuos que logran obtener los objetivos de esta pulsión, es decir en los ricos y poderosos, también está presente en el más desafortunado de los individuos, en EEUU o en el último habitante de Ruanda.
      Y la respuesta de este instinto ante la situación de inferioridad es buscar los mecanismos legales (reivindicaciones sociales desde dentro del sistema) o ilegales (revoluciones violentas) para posicionarse competitivamente en el sistema.
      Más desigualdad, más probabilidades hay que el método buscado sea por medio no institucionales o legales.
      Como se comprenderá, partiendo de estos principios (demostrables una y otra y otra vez a lo largo de toda nuestra historia), la previsibilidad, el equilibrio, el sentido común sin imposiciones de poder, la confianza en una paz perpetua es imposible pensarla si dejamos actuar sin límites a nuestros instintos en nuestra organización económica.
      Los conflictos, una y otra vez se presentarán más tarde o temprano.
      Por lo tanto, si dejamos de lado al liberalismo económico sin trabas como la opción más racional para conducirnos, debemos buscar un sistema que evite desigualdades marcadas que sean incompatibles con la “paciencia” del instinto que si bien busca diferenciarnos, también presiona para que los afortunados no saquen ventajas que puedan impresionar como un riesgo para nuestra seguridad (recordar siempre que son procesos subconscientes).
      Obviamente debemos dirigirnos a un sistema que distribuya los recursos de la manera más eficiente posible.
      Distribución que, dicho sea de paso, no solamente sirve para controlar a través de la razón a este primitivo mecanismo, sino también porque la razón o sentido común más simple lo aconseja ¿O no es absolutamente irracional que unos pocos individuos posean la misma riqueza que el 50% de la población mundial entre los que se encuentran millones de niños hambrientos como muchos estudios sociales lo demuestran?
      ¿Para que quieren acumular semejantes riquezas si no es para satisfacer pulsiones tan primitivas como el homo sapiens mismo?
      ¿No es acaso extraordinariamente más racional producir y distribuir de acuerdo a méritos pero asegurando la convivencia en paz y la provisión de medios de subsistencia para todos?
      ¿Por qué tolerar en un sistema racional, el hambre de millones o la pobreza descarnada en tantos otros?
      ¿Por qué dar por asumido que es inevitable enfrentar estas situaciones?
      ¿Que duda cabe?
      Sin embargo, hay un enorme “pero” en los planes del socialismo.
      Este pero está en los límites que nos imponen nuestros instintos.
      Límites infranqueables.
      La prueba más cabal de éste límite infranqueable se llama comunismo.
      ¿O acaso no es racional por donde se lo miré el sistema comunista sí pudiera ser llevado a cabo como se planifica?
      (En “el comunismo y su enemigo imbatible” en razonvsinstinto.blogspot profundizo ésta idea para el que le interese comprender en profundidad la inviabilidad del comunismo conducido por nuestros instintos).
      Es por ello que, aunque no podamos prescindir de nuestros instintos en nuestra organización económica, la razón debe guiarlos, conducirlos y aprovechar sus facetas constructivas y evitar las destructivas (que son muchas, entre ellas los desencadenamientos de una guerra tras otra conducidas por su expresión a través de la codicia, entre otras).
      Debemos distribuir y conducir hasta donde el instinto nos permita.
      Seguramente a medida que progresemos, nos acercaremos más a lo que conocemos como el sistema comunista, pero estoy seguro que jamás llegaremos hasta allí sin que nuestras pulsiones terminen degenerando todos los proyectos y termine en un canibalismo en su máxima expresión como lo vemos hoy en Cuba o Corea del Norte.
      Llegado a este punto, los pasos a dar parecen sencillos, solamente debemos buscar que nos conduzca los planes distribucionistas, equitativos y lo más racionales posibles respetando ciertas limitaciones.
      Sin embargo, estos sistemas requieren justamente de la actividad de la razón en su conducción ya que sin su intervención, los planes a menudo degeneran en aberraciones que muy bien conocemos los latinoamericanos a través de nuestros populismos corruptos e improductivos que terminan degradando a las sociedades en mucho mayor cuantía que cuando dejamos a la “egoísta ambición” se exprese en todo su potencial.
      La intervención de la razón en la organización de las sociedades se expresa a través de la eficiencia de las instituciones.
      Si éstas son eficaces, distribuir es posible.
      Más cuánto más eficientes son.
      Aquí aparece el otro gran protagonista de nuestra historia en la organización social de los pueblos, me refiero a la cultura.
      Aquellos pueblos cuya cultura hace a los ciudadanos apegados al cumplimiento de las normas y reglas, respetuosos de los derechos de los demás, responsables ante sus obligaciones ante los demás y el Estado (cultura colectivista), las instituciones funcionan como se planea lo hagan.
      Lo opuesto ocurre cuando la cultura hace dificultoso el orden y el cumplimiento de los mandatos institucionales privilegiando los ciudadanos sus intereses individuales en contra de los intereses de todos (culturas individualistas).
      Es esta cultura justamente la que prevalece en los países subdesarrollados con su máxima expresión en los pueblos de Oriente Medio donde no tienen opción a ser conducidos por brutales dictaduras si quieren mantener un mínimo orden interno para la subsistencia del Estado.
      Finalmente, de lo expuesto por mi particular interpretación de los hechos, creo firmemente que debemos conducir las acciones hacia la búsqueda de cambios culturales hacia actitudes colectivistas en aquellos pueblos con culturas individualistas y arraigar esas costumbres y hábitos donde ya están presentes.
      Y en cuanto al sistema ideal, el “verdadero progresismo”, ir hacia un socialismo capitalista donde la razón se imponga y aproveche las facetas positivas de nuestras pulsiones que inevitablemente conviven y convivirán con nosotros mientras sigamos perteneciendo a la especie homo sapiens y evitar las facetas negativas de su inevitable actividad.
      No tengo dudas de que el “verdadero progresismo” lo vemos hoy en los países desarrollados de Europa.
      La actitud de los catalanes, que no es otra que dirigida por el individualismo ya que su único interés es no aportar más dinero del que reciben al estado español, sin dudas no aporta absolutamente nada al progreso de los pueblos.
      Solamente si se hace por los métodos institucionales conducidos por la verdadera razón como lo expresa bien el Sr Montaner, será al menos aceptable.

    • Ramiro Millan 1 October 2017 at 5:52 pm Permalink

      Lorenzo Rodolfo,sobre el liberalismo económico sin trabas a veces mal mencionado como capitalismo salvaje o bien como neoliberalismo, es decir aquél sistema económico dónde el estado se limita únicamente a dar garantías a la propiedad privada y la seguridad entre otras pocas funciones básicas dejando a la libertad de mercado todas las responsabilidades de proveer nuestros medios de subsistencia y organizarnos socialmente, no tengo dudas que tiene una enorme capacidad para generar bienes, servicios, adelantos tecnológicos extraordinarios, más un largo etcétera.
      La creatividad del hombre se expresa en todo su potencial cuando le das libertad para hacerlo.
      El deseo de destacarse cuando no encuentra trabas hace maravillas.
      Pero tiene un enorme problema a enfrentar, y es la desigualdad que genera.
      Que 100 individuos posean más que 3.000 millones de habitantes es una prueba cabal de ello (y esto teniendo en cuenta que en ningún país del planeta se practica esta política sin traba alguna)
      Aún así y más allá de que es difícil encontrar argumentos contundentes que prueben que está mal ser tan rico como a uno le de la gana (al menos yo no encuentro uno) el problema está en que las mayorías jamás aceptarán sean éstas políticas las que rijan su destino.
      Lo prueban en cuanto país se inmiscuya.
      ¿Ud cree que en China aceptarían a su gobierno si estos se declarasen neoliberales en vez de comunistas?
      En Rusia o en cuanto país busque, para cualquier político sincerarse y declararse adepto a las leyes del libre mercado sin trabas es un suicidio político.
      La palabra neoliberalismo es como nombrar a Satanás.
      En Latinoamérica solamente acceden al poder gobiernos moderados promercado abierto solamente después de las catastrófes dejadas por cada populismo que pasa como si huracanes fueran.
      Pero siempre bajo un disimulado manto de progresismo.
      Incluso, toda vez que logran equilibrar la economía, los adorados socialistas nuestros de cada día vuelven al poder.
      Solamente observe lo que sucede con el PRI en México y se sacará seguramente toda duda de lo que intento trasmitir.
      El homo sapiens no tolera grandes desigualdades.
      Y un sistema que trae consigo el rechazo mayoritario dudo sea el ideal para conducirnos.
      Solamente en EEUU es posible ver un grado de aceptación de estas ideas y dudo mucho persista por mucho tiempo más.
      Su rechazo a las políticas del bienestar practicado por los países europeos no parecen tener mucho fundamento.
      Son países con una calidad de vida envidiable para cualquiera que no tiene el privilegio de vivir allí.
      Excepto EEUU, todos los países desarrollados practican un poco más o menos de lo que conocemos como progresismo o socialismo capitalista y creo que les va muy bien.

      • Bacu 4 October 2017 at 12:20 pm Permalink

        Acaso los ejemplos de la URSS, todos los llamados países socialistas y ahora los socialistas del siglo 21 no son sufícientes para Ud y seguir hablando toda esa basofia que ya se ha demostrado y contra demostrado que no funcionan? Hasta cuando vendrá alguien a seguir como la misma perorata de cosas que no funcionan y no funcionaran jamas porque somos humanos y queremos ver el fruto de nuestro trabajo y no que alguien socialista determine que hacer? Por favor no hay sistema menor que el capitalista y lo ha demostrado fehacientemente. Solo las palabras socialismo y comunismo aterrorizan a cualquiera que haya vivido en esos sistemas.

        • Humberto 4 October 2017 at 12:51 pm Permalink

          Solo las palabras socialismo y comunismo aterrorizan a cualquiera que haya vivido en esos sistemas.
          ………….
          Dile eso a la gente de Singapur, Dinamarca, Noruega, Finladia,…

        • Ramiro Millan 4 October 2017 at 2:11 pm Permalink

          Bacu, no tengo la más mínima duda de que el liberalismo económico es el sistema que más riquezas produce.
          Sin embargo, el liberalismo económico en su máxima expresión creo sin temor a equivocarme, genera desigualdades que hacen intolerable a la mayoría de los ciudadanos esas políticas.
          Cuando las mayorías rechazan una determinada política, por más eficiente sea, es sinónimo de conflictividad social.
          No hace falta mencionar los inconvenientes que producen estos conflictos para los inversores que son el combustible infaltable para estos sistemas.
          Si la mayoría acepta, como muchas veces sucede en EEUU, no hay inconveniente alguno.
          Pero si los rechazan, lejos está de ser el sistema ideal.
          Lamentablemente, el rechazo proviene de pulsiones inevitables. Digo lamentablemente porque estoy seguro que para la cultura latinoamericana es sin dudas el sistema ideal (pero nadie lo quiere).
          Créame, en ningún otro rincón del planeta es aceptado el liberalismo económico sin trabas.
          Por tanto, al menos para mí, el sistema ideal es aquel que logra un equilibrio entre la distribución y el incentivo a invertir.
          Cuánto más distribucionismo, más presión fiscal y por ende menor incentivo a la inversión.
          Los países desarrollados de Europa tienen la enorme ventaja de contar con una cultura que los hace muy eficientes y confiables en el tiempo lo que compensa la quita de ganancias por la presión fiscal.
          No sucede lo mismo en los países subdesarrollados y por eso allí todos los intentos distribucionistas terminan en desinversion y caos con la rampante corrupción que siempre va de la mano.
          De hecho, estoy convencido de que el gran problema latinoamericano es que todos quieren socialismo y su cultura degenera todo intento en los famosos populismos.
          No tengo dudas de que el liberalismo que ud pregona sería ideal para Latinoamérica, pero el pueblo, como en todo el mundo no los quiere.
          Insisto, neoliberalismo en Latinoamérica es como nombrar a Satanás.
          Igualmente, debo ser honesto y confesar de que si bien no hay motivo real para negar a aquel que quiera ser tan rico como le de la gana lo sea, también es absolutamente razonable distribuir cuando suman en su poder miles de millones de dólares.
          En fin, si la cultura y la institucionalidad resultante lo permite, mejor distribuir.
          Si no es el caso, cuanto mayor liberalismo económico, tanto mejor

    • Bacu 4 October 2017 at 12:21 pm Permalink

      Muy buen respuesta. Lo felicito porque desgraciadamente todavía hay idealistas que piensan que el chicharron es carne.

  2. gustav ditter 1 October 2017 at 2:26 am Permalink

    Brillante Montaner debe ser futuro presidente de USA. Su apellido es catalan. Cierto, De Espana.

  3. ANDRES PEREZ 1 October 2017 at 11:44 am Permalink

    Apretada y completa síntesis para una columna. Falta una segunda, escrita por CAM que conoce el tema como nadie por estos lares. ¿Para qué? Él lo sabe. Para explicar a que se debe el auge relativo del separatismo en las últimas décadas. Los gobiernos de Pujol y Arthur Mass han usado los medios catalanes, las escuelas y las universidads para adoctrinar de manera indecente en pro del “España nos roba” y han obtenido sus frutos. El colofón lo han perpetrado Puigdemont y Junqueras. La desidia de los gobiernos de España durante todo ese tiempo ha tolerado el socavamiento de la soberania e integridad de España desde las entrañas del sistema educativo y los medios catalanes durante las últimas décadas…. Esos polvos han traído estos lodos.

    • Ramiro Millan 1 October 2017 at 12:18 pm Permalink

      No creo sea otro el motivo de este movimiento separatista.
      Sus palabras confirman mis sospechas.
      Gracias

  4. Humberto 1 October 2017 at 12:57 pm Permalink

    Es que una autonomía, no es un país; ni lo sera jamas.
    Tu puedes decir, somo un país y hasta creértelo; pero la realidad es que eres una autonomía.
    Ademas, que lo que hacen los catalanes crea un precedente horrible contra un movimiento de libertad como son las autonomías dentro delas democracia.
    Las autonomías son algo revolucionario; pero con estas confusiones muchos gobiernos centrales se la van a pesar mucho antes de crear esos espacios de libertad comunitaria.
    Es una torpeza de los caudillos catalanes confundir autonomía con país y por es fracasaron.
    Y mas en España donde las leyes pusieron el parche de forma clara,antes de la herida.
    La vía es reformar la constitución con la ayuda de Podemos y el PSOE o algo por el estilo.
    La vía o la solución que no afecte a nadie en lo social, lo político y lo económico; es democrática, es la constitución del estado español, no la ley de autonomías, no por la fuerza bruta.

    • ANDRES PEREZ 1 October 2017 at 1:54 pm Permalink

      De una cosa puedes vivir convencido: con la ayuda de Podemos solo se conseguirá destruir la democracia en esdpaña. Esa es su meta clara y no hay que dudar que el PSOE dirigido por el egomaníaco de Pedro Sánchez le ayude a ello queriendo o sin querer.

  5. Rusbel 2 October 2017 at 10:40 am Permalink

    Una pregunta a Montaner:Si California o Texas, o New York,promueven un referendum para declararse Republicas Independientes,¿ estaría Ud. de acuerdo con que se independizaran si la mayoría de esos estados lo decide? o como en el caso cubano cuando se promovió en la provincia de Oriente en los años cincuenta del pasado siglo bajo la consigna de Oriente Federal. Modestamente le recuerdo que la Guerra de Secesión de Estados Unidos se produjo por que los estados sureños deseaban independizarse en contra de lo establecido de la constitución. Si esto se habría producido sería igual la nación Americana a lo que es hoy?


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